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El Salvador, Sábado 26 de Mayo de 2012
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Miércoles, 22 de Julio de 2009 / 09:25 h

La sociología… hoy (3)

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René Martínez Pineda*
(Coordinador General del M-PROUES)

Sin que la sociología pestañee –porque en los últimos meses ha caído en el sopor de la dulce y dócil anarquía- las empresas globales incorporan, para sustentar su falacia de la “responsabilidad social”, los objetos técnico-analíticos que dan cuenta del mundo, sin que el mundo se dé cuenta. En esa línea de silencio en tiempo real, los historiadores reaccionarios hacen lo suyo al comportarse como revisadores de periódicos, y eso demuestra que tales empresas han logrado exportar a las ciencias sociales -sin aranceles y con la visa del aprendizaje por competencias- su racionalidad burocrática como medio de legitimación.

En la sociología, la burocratización de lo social culmina, por acá, con la cosificación del objeto de estudio y la relojización metodológica, con el mismo dramatismo con que la anarquía muere a la derecha de los procesos históricos; y, por allá, con la tecnificación del estudioso. Con ello, la sociología se convierte en un espacio académico sometido (maquila intelectual) en el que el proceso educativo es visto como: optimización del trabajo muerto; control administrativo; proyectos de investigación en función de “sacar” recursos financieros.

El complemento de la burocratización lo constituye, por el lado estudiantil, la demanda de ingreso masivo a la universidad (distinto al “mayor ingreso posible”) pues, se exige como un derecho sin deberes, fomentando la cultura del desgano en los preuniversitarios, tanto en los que sí estudian como en los que no; y, por el lado docente, el fomento del pancismo y el titulismo vacío. Así, la sociología se convierte en: un producto intangible que se fabrica-valora como los tangibles; una mercancía común con características especiales, pues, revalorará al capital –y al régimen político- sin pasar por sus procesos de trabajo específicos.

Hacer del sociólogo un técnico social, del historiador un canillita, del posgrado un atestado, del estudiante un cliente o un fanático, y del docente un colector de notas, así como confundir la administración de la formación universitaria con la organización y métodos de las ONG -o con la gracia stalinista- es un absurdo, al igual que en política revolucionaria es perverso confundir la formación de consensos con la difamación. Como estímulo para convertir la sociología en un tipo erudito de técnico social, están los estudios mercantiles (acumulación originaria de la moderna sociología burguesa) que usan técnicas sofisticadas -patentadas por la academia gringa- que convierten en número al ser, y, con ellas, cobra fuerza el neocolonialismo intelectual acuñando términos como: globalización, capital social, sinergia, reingeniería, empoderamiento, proactividad.

Los trabajos académicos que el mercado revaloriza son los estudios de hábitos de consumo; el lanzamiento de productos o servicios (que pueden ser políticos); la evaluación de precios y votos; estudios de imagen; análisis del cambio climático (en países donde reina el clima de miseria); posicionamiento de marcas (para demostrar el poder de la mercancía sobre la política, al nombre del partido político hoy se le llama “la marca”); etc.

En silencio, la sociología se está convirtiendo en algo técnico sin compromiso, y eso demanda tecnificar al sociólogo y convertirlo en proyectista, porque esa es la forma de acceder a los fondos de las agencias multilaterales vía préstamos con el Banco Mundial y el BID, lo que en términos teóricos es pasar de Marx a Harry Potter; en metodología, desechar el análisis de coyuntura para abrazar al FODA… y en política, tener la foto del Che con la biografía de Fujimori.

Con la “tecnificación” de los universitarios -lo administrativo a costa de lo intelectual- se busca que éstos no se conviertan en una fuerza político-cultural (como en los 70’s y 80’s) usando como Caballo de Troya –la imagen como Imagen- el fraude académico posmoderno: la acreditación, que no tiene nada que ver con el prestigio intelectual.

La universidad pública, usando modelos de los organismos financieros, cayó en la política de construcción de un espacio que no se define como público y tampoco como privado, y que no se entiende como autónomo y tampoco como dependiente. Esas políticas buscan una transformación amistosa del espacio de las ciencias sociales, teniendo como eje el posicionamiento del tecnócrata o incompetente (con algunos graduados en el exterior) quienes son usados para racionalizar tanto los recursos como las teorías y compromisos. 

Es obvio que la significación política de los organismos financieros se tomó por asalto lo académico. Esa significación, que siempre ha tenido una fuerte relación con la sociología latinoamericana, ha pasado por dos etapas: a) finales de los de los 50’s bajo la denominación de “organismos de promoción del desarrollo”, que finaliza con una politización de estudiantes y maestros;

b) albores del siglo XXI bajo la implementación de las políticas públicas de los Estados nacionales, que concluye con la tecnificación de ambos.

En la primera etapa, el progreso tutelado de Kennedy se acompañó con la promoción de recursos a las ciencias sociales para que éstas –con Cuba como fantasma- definieran los obstáculos del Imperio.

La creación de instancias como la FLACSO y el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO), así como la creación de carreras de sociología en América Latina, alimentaban esa ideología apoyada en políticas internacionales que posibilitaban la valoración del conocimiento tecno-científico para invadir el espacio social. Sin embargo, el marcador favoreció a la izquierda.

En El Salvador, la guerra implicó un paso adelante, porque el espacio crítico conquistado por la sociología fue defendido, y, hoy, con una jerga pseudorevolucionaria se pretende volver a lo hecho por los norteamericanos. La participación de sectores significativos del área sociológica en movimientos político-militares (que incomoda a muchos) fue notoria en América Latina en los 70’s y de un modo particularmente intenso en El Salvador de los 80’s.

La politización de la sociología salvadoreña en los 80’s supuso una reafirmación de la autonomía intelectual y el compromiso de las ciencias sociales, cosa ordinaria en las grandes tradiciones científicas.

En los 70’s el papel de una sociología comprometida con movimientos políticos fue la opción teórica para el conocimiento sobre el poder, porque la visión política alternativa se valía de ese conocimiento crítico para interpretar la lucha de clases. En los 80’s la opción fue el conocimiento sobre la toma del poder y, para mi sorpresa, en la actualidad la opción es el conocimiento sobre la devolución del poder a la clase dominante, poniéndole fin a la memoria y a la historia.

*renemartezpi@yahoo.com

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