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El Salvador, Domingo 12 de Febrero de 2012
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Lunes, 13 de Julio de 2009 / 09:13 h

Organización es la consigna para garantizar el cambio

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Kenni Bolaños

Han pasado los tiempos en los que estar organizado era un delito; en nuestro país, El Salvador, las represalias eran inmediatas; incluso muchos encontraron la muerte por su grave osadía de integrar un sindicato, cuando en la mayoría de países del mundo ser sindicalista es algo tan normal como estar en un club. Pero aun cuando el mundo ha evolucionado hacia un orden obligado a respetar a los ciudadanos y su sagrado derecho a expresarse por una vida digna, en nuestro país ha sido imposible hasta estos días -históricos por un rompimiento con el esquema de gobiernos dictatoriales de derecha- en los que está dejando de existir el terror como arma de la “democracia” .

Pero esto no ha cambiado por inercia o por espontánea constricción de los opresores, es el resultado de eternas luchas en las que miles y miles de salvadoreños murieron o sufrieron toda suerte de agresiones y exilios.

Por ello, la única y mejor forma de reivindicar y atesorar todo ese sacrificio es la lucha organizada para que podamos respirar y vivir el cambio, para que la esperanza no sea abstracta o la retórica demagógica de “espera, que un día, un día…”  y que nada ni nadie nos impida un cambio gradual aunque real en la realidad –valga la redundancia- que nos aplasta en todos los sentidos, como herencia funesta de quienes gobernaron imponiéndonos un caos.

De más están las cifras de las tragedias que habrá que revertir; ahora la organización del Pueblo victimizado será fundamental, fomentado por el mismo gobierno del cambio, aunque cuidando al autodeterminación de los movimientos ciudadanos, campesinos, obreros, pensionados, profesionales, estudiantes, etc.

Ahora, gracias a la lucha de todos, no será más la Unidad de Mantenimiento del Orden, UMO –gorilas robotizados violadores de los Acuerdos de Paz- la reacción inmediata frente a las movilizaciones de los sin agua, los sin casa, los sin tierra. Aunque para la derecha recalcitrante todo esto resulte una pesadilla, así es; pero somos las y los ciudadanos los que debemos ahora abandonar el comodismo y las excusas, debemos asumir nuestra responsabilidad si en verdad esperamos cambios palpables.

Los universitarios, intelectuales, filósofos  y los académicos agremiados en foros deberán salir de las tertulias y elucubraciones  a las calles y comunidades rurales, urbanas, marginales, cristianas, pues a nadie le cae mal un poquito de praxis, más que teorizar sobre las mil y una tesis sobre al organización y la educación. Aquí, retomar el tesoro cubano y venezolano ayudará mucho para trascender y hacer del papel revolución.

Ahora, por la naturaleza histórica revolucionaria del partido gobernante, deberán izarse los principios revolucionarios universales, fundidos en las mil y una refriegas que nos costaran tanto, y que, a fuerza de monopolio mediático, casi nos hicieron creer que eran desfasados; ahora deberemos cuidar, defender, promover,  vigilar y controlar al gobierno de todos, para garantizar la ejecución de las medidas que con la “opción preferencial de los pobres” comiencen a vislumbrarse en las primeras piedras.

Dado que la derecha, tal como lo ha demostrado ya, no está dispuesta a ceder en sus intereses tan claros encausados hacia sus tragantes insaciables; intentarán de todas las formas posibles sabotear, bloquear, desgastar, desprestigiar al gobierno del Pueblo, por lo que nosotros, la gente urgida de la dignidad, deberemos estar dispuestos a romper con la apatía e incorporarnos, por medio de cualquiera de las modalidades de organización, a las filas revolucionarias –propulsores del cambio en todos los campos- para demostrar al mundo, a nuestro Pueblo cómo caen los monstruos de papel que por siglos la derecha montó para satanizar al proletariado y sus anhelos de revolución –cambio radical hacia un sistema humano por sobre el interés económico egoísta.

El Presidente, Vicepresidente y Consejo de ministros no lograrán nada sensible como cambio en absoluto sin la participación organizada de nosotros, desde una Adesco  hasta los sindicatos revolucionarios, organizaciones de víctimas de la privatización o la contaminación, los  pensionados en paupérrimas pensiones,  los desempleados, los campesinos, las mujeres; pero si lograremos muchísimo en el camino del cambio si se nos escucha y toma en cuenta, seremos los principales aliados, invencibles, contundentes, del gobierno, porque este nos habrá conquistado, sin cooptarnos o reprimirnos o dormido con demagogia.

Así que usted tiene la palabra y más que la palabra - a la que todos somos muy dados-, a la acción. De lo contrario, el cambio será simplemente una ficción, una  utopía abstracta, con un sabor de decepción, y asumiremos que estábamos mejor en el  Egipto derechista y todas sus plagas de miseria, represión y corrupción. El cambio comienza sólo con nuestra  organización, garante e impulsora de las revoluciones.

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