Fray Graciano Buttarozzi, durante la misa en la cripta de Monseñor Romero. Foto Diario Co Latino/Juan Carlos Villafranco
Néstor Ríos
Redacción Diario Co Latino
El mensaje que resonó en los oídos de decenas de feligreses nacionales y extranjeros, que visitaban la Cripta de Monseñor Romero en Catedral Metropolitana, fue fortalecer la misión de la iglesia contra las injusticias sociales.
En su reflexión solidaria con el pueblo hondureño, por la crisis institucional acaecida a partir del golpe de Estado contra el presidente Manuel Zelaya, Fray Graciano Buttarazzi recordó que la iglesia debe mantenerse firme, sobre todo porque en estas circunstancias de temor, el ser humano tiende a menospreciar las necesidades del prójimo por beneficios personales.
Los efectos que tales actitudes producen, indicó una asistente, son las violaciones a los derechos humanos y la tergiversación del concepto democrático.
“La democracia no es solamente llamar a los ciudadanos para que cada cinco años vayan a votar. Significa, también, que su voz y opinión son tomados en cuenta en las decisiones gubernamentales”, dijo Marcos López, un asistente a la celebración de la misa.
El franciscano, desde el púlpito sacerdotal, frente a la tumba del obispo mártir salvadoreño, invitó a elevar una oración al Todopoderoso, para que el sistema democrático sea restablecido en el vecino país.
Hasta ayer, se reportaba otro asesinato contra un dirigente popular hondureño, identificado como Roger Bados, quien habría sido acribillado en su propia casa, presuntamente, por simpatizantes del gobierno golpista de Roberto Micheletti.
Las recientes declaraciones del Cardenal hondureño, Oscar Rodríguez Maradiaga, quien a través de un discurso dejó entrever su conformidad por el derrocamiento de Zelaya, fueron motivos de discusión.
“Que triste es cuando los intereses económicos subordinan la misión profética y humana de los cristianos”, comentó uno comentador litúrgico.
El recuerdo de personajes como Monseñor Romero y los Jesuitas, asesinados en 1980 y 1989, respectivamente, ayudan a confirmar que “en momentos de angustias la iglesia debe estar unida”, reflexionó Buttarazzi.
La atención de jóvenes, ancianos y adultos, en las palabras de Buttarazzi, concentraba no sólo la devoción religiosa de cada uno, sino también la necesidad de hermandad predicada.
La Cripta, cuyos ornamentos reflejaban la sencillez de la identidad cristiana salvadoreña, recibía la visita de personas que provenían de diversas partes de la capital, hasta las doce del mediodía.



