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El Salvador, Sábado 26 de Mayo de 2012
Última actualización : 25/10:16 h.

Sábado, 11 de Julio de 2009 / 09:23 h

Tensa calma e incertidumbre tras caos político en Honduras

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Policías y militares encargados de guardar el orden público en Honduras. Foto: Diario Co Latino/Melvin Rivas.

Policías y militares encargados de guardar el orden público en Honduras. Foto: Diario Co Latino/Melvin Rivas.



Leonor Cárdenas
Redacción Diario Co Latino

Sin haberlo planeado, el viernes 3 de julio, dos periodistas de Diario Co Latino, acompañados de una delegación de pastores y el Obispo Luterano salvadoreño, Medardo Gómez, nos adentramos a Honduras, con cierto temor en nuestras espaldas ante las noticias inquietantes sobre el caos provocado por el golpe de Estado, del 28 de junio en aquel país.

La incertidumbre sobre el acontecer hondureño era evidente, pues en el ámbito internacional se informaba sobre constantes enfrentamientos entre el ejército, la policía y la población (Resistencia contra el Golpe), que se manifestaban en contra del gobierno de facto de Roberto Micheletti.

Preocupados por llegar antes del toque de queda declarado a partir de las 10:00 p.m., junto a la delegación de la Iglesia Luterana salvadoreña, buscamos un lugar seguro y rápido para cenar y pasar la noche.

Los centros comerciales, restaurantes y tiendas suspenden actividades a las 8:30 p.m. por temor a quedar en medio del toque de queda, sumado al Estado de Sitio impuesto, pues con ello no se respetan los derechos constitucionales de la población.

En todo el territorio hondureño, la soledad y el silencio en la mayor parte de la capital de Honduras despertaba temor en las personas, quienes aseguraban no conocer plenamente lo que realmente sucedía en su país.

Y es que los medios de comunicación locales no transmiten con objetividad el caos ni los hechos de violencia que ha provocado la destitución del Presidente Constitucional, Manuel Zelaya Rosales.

El sábado, a las 2:20 de la madrugada, la explosión de una granada y el sonido de las sirenas nos despertó la curiosidad y levantó de nuestro descanso antes de iniciar la jornada laboral a las 6:00 a.m., hora en la que finalizaba el toque de queda.

A esa hora, la población afin a Manuel Zelaya, y por supuesto, contra los golpistas, se concentró por séptima vez frente a las instalaciones de la Universidad Pedagógica Nacional de Honduras para manifestar su desacuerdo con la destitución del Presidente Zelaya y para su restitución.

A pesar del calor, el fuerte sol, el acoso policial y del ejército, miles de hondureños procedentes de los diferentes municipios y departamentos de Honduras, se manifestaron en contra del gobierno de facto presidido por Roberto Micheletti.

“¡Queremos a Mel!”, gritaba con mucha fuerza la multitud que caminó más de 12 kilómetros para llegar al Aeropuerto Internacional de Toncontín, con la única esperanza de recibir y ver una vez más a su presidente.

Camino al aeropuerto, los manifestantes hicieron un “plantón” en los alrededores de Casa Presidencial, la cual, desde el domingo 28 de junio, permanece fuertemente custodiada por el ejército.

Armados con palos de escoba, patas de sillas, pedazos de hierro, amortiguadores para carros, escudos y armas de fuego, los elementos del ejército impidieron el paso a los manifestantes, quienes les gritaban “¡vendidos, recapaciten, ustedes también son del pueblo!”.

Luego de hora y media de “plantón” en los alrededores de Casa Presidencial, los simpatizantes de Manuel Zelaya continuaron su recorrido, esta vez, con el objetivo de llegar al Aeropuerto Internacional de Toncontín, donde se esperaba la llegada de Manuel Zelaya.

Durante la marcha, un grupo de personas corrió a abrazar al Obispo Luterano Medardo Gómez, quien en muestra de solidaridad con el pueblo de Honduras, se sumó a la lucha junto a una delegación de pastores salvadoreños.

“Estamos con ustedes, apoyamos su lucha”, fueron de las palabras del Obispo Luterano salvadoreño, quien antes de retornar a tierras salvadoreñas dio su bendición al pueblo hondureño.

Pasadas las cuatro de la tarde, los manifestantes retornaban a sus casas, no sin antes coordinar la marcha del día domingo, la cual una vez más partió de la Universidad Pedagógica Nacional de Honduras hacia el Aeropuerto Internacional de Toncontín.

Con las botas puestas y con maleta en hombros, los periodistas de Diario Co Latino iniciamos la jornada laboral del domingo. Está vez, únicamente se daría cobertura hasta las 12:00 del mediodía, pues a las 2:00 p.m. retornaríamos hacia El Salvador.

La incertidumbre en la sala de espera del Aeropuerto de Toncontín era evidente en nuestros rostros, ya que, al igual que el pueblo hondureño, desde el día sábado, esperàbamos la llegada de Manuel Zelaya, quien según las autoridades hondureñas, de llegar a poner pie en tierras catrachas, sería capturado inmediatamente para ser procesado por 18 delitos.

Poco a poco, el acoso policial hacia los periodistas fue más evidente, pues días anteriores únicamente se daban a la tarea de preguntar en los hoteles si alojaban a periodistas extranjeros. El domingo, en el Aeropuerto, con mayor insistencia y frecuencia éramos interrogados: “¿de dónde sos?, ¿cómo te llamas?, ¿cuántos son?”, fueron algunas de las preguntas dirigidas a nosotros, pese a que el agente de la Dirección General de Investigación Criminal (DGIC), de Honduras, ya tenía la credencial en sus manos.

Luego de eso, los agentes de seguridad nos solicitaron mostrar el material fotográfico y de video para ver las imágenes captadas, esto al parecer para llevar un control del material obtenido por la prensa.

A las 12:00 del mediodía del domingo, nos despedimos de los colegas salvadoreños que se quedaban, para emprender el viaje hacia El Salvador. Luego de caminar más de cuatro kilómetros, nos subimos a un taxi, el cual nos llevó hacia la terminal de buses, donde se nos informó de imprevisto sobre la suspensión del viaje. “Se suspendió la salida del bus por el cierre de las calles”, explicó la recepcionista de la terminal de buses de King Quality.

Luego de escuchar dicha decisión, emprendimos una vez más el viaje hacia el Aeropuerto, pero esta vez preocupados, sabedores que tanto los agentes de seguridad como el ejército amedrentaban a los periodistas.

Después de caminar por más de una hora, llegamos hasta la concentración, la cual había sido retenida por varios pelotones del ejército y la policía, quienes les impidieron el paso de los ciudadanos hacia el Aeropuerto. Por unos momentos nos invadió el miedo, al quedar atrapados en un punto ciego. Entre el ejército y la multitud, quienes entre empujones y jaloneos propiciaban a generar un enfrentamiento.

“Déjennos pasar por favor, somos prensa internacional, necesitamos llegar al aeropuerto”, dijimos al grupo de policías, quienes con sus escudos nos empujaban. Con voz fuerte respondieron que “no había paso”.

Ante la negativa de los oficiales a no dejar pasarnos, la única salida que nos quedó fue encomendarnos a Dios y ponernos de acuerdo sobre un punto clave o de referencia para encontrarnos si nos perdíamos. Acordamos que “a la hora del relajo, corremos, el punto de referencia será el aeropuerto o el hotel”.

Dispuestos a ser atropellados, nos resignamos a quedarnos en medio de la multitud. De repente, se escuchó una voz que dijo: “pasen por aquí” y solo entonces logramos salir de la multitud, que entonaba a todo pulmón el himno de Honduras como señal del inicio de la avanzada.

Con la ropa mojada por el sudor, caminando encorvados por el peso de las mochilas y con el equipo en mano, listos para cualquier cosa, llegamos a la terminal aérea, no sin antes pasar por más de cinco retenes policiales, que también lidiaban con los manifestantes. A eso de las 2:00 de la tarde, el ejército y la policía retrocedieron para dar paso a los protestantes.

Minutos antes de las 5:00, la multitud que esperaba en los alrededores del aeropuerto fue sorprendida por varios disparos efectuados por los francotiradores, provocando la muerte de al menos dos personas y lesionando a otras más, incluyendo a un periodista hondureño.

Las carreras no terminaron allí
Minutos después, un avión Falcon Grupo 4, del que después se supo era venezolano, propiedad del ALBA, en el que viajaba Manuel Zelaya y el Presidente de la Asamblea General de la ONU, el sacerdote Miguel d´Escoto, y la canciller de Honduras, Patricia Rodas, sobrevolaba la pista de la terminal aérea, dispuesta al aterrizaje.

En ese momento, el ejército incrementó la seguridad en el aeropuerto, bloqueó la pista de aterrizaje con al menos cinco camiones del ejército y se elevaron dos aviones A 37 (caza bombarderos) de la Fuerza Aérea de Honduras para interceptar el transporte aéreo en el cual viajaba el Presidente Zelaya.

El Falcon Grupo 4 no pudo aterrizar porque se le negó el permiso, y en cuestión de segundos, se perdió entre las nubes. Minutos después, tanto la multitud como los periodistas que esperaban el aterrizaje de Zelaya, se dispersaron en busca de un lugar seguro, ya que el toque de queda programado para las 10:00 p.m. fue anticipado para las 6:30 p.m. A pesar de ello, decidimos desafiar el toque de queda, procurando llegar antes de las 6:30 p.m. a la frontera El Amatillo, lo cual no fue posible, por lo que el retorno hacia El Salvador se prolongó hasta el lunes.

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