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El Salvador, Domingo 12 de Febrero de 2012
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Viernes, 10 de Julio de 2009 / 11:37 h

…pero sí sabemos para quien trabaja la critica

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Lic. Rafael Antonio Mendoza Mayora
(Mendoza el Viejo)


La actuación del actual gobierno en relación con el futuro de Concultura suscitó inquietudes y críticas tanto de intelectuales como de trabajadores de diversas disciplinas artísticas, incluidos algunos compañeros residentes en el extranjero. Generó malestar el retraso en la designación del nuevo encargado de la dependencia, hubo inconformidad (no infundada) con el procedimiento llevado a cabo en el malhadado evento que hacinó  a los interesados y responsables de la cultura nacional a fin de que ellos escogieran candidatos a ocupar el cargo; finalmente, la confirmación de que iba en serio el anunciado cambio de rango y estructura de lo que fue un Consejo encargado de la cultura, para hacerlo resurgir como una Secretaría adscrita a la Presidencia, ha echado más leña a la hoguera del descontento, sobre todo porque la oficialización de esa transformación fue complementada con el definitivo nombramiento de quien ha de dirigir la transformada dependencia, noticia que emergió de la críptica condición en que fue mantenida hasta el último momento, provocando en su salida al aire manifestaciones de insatisfacción aún más expresivas, en las que predomina el acre tono del resentimiento.

En el proceso, permanecen los ecos razonablemente exigentes del colectivo que ha trabajado arduamente desde hace dos años en el Foro de Intelectuales, a fin de prepararle al nuevo gobierno un paquete de lo que se supone que debe ser, por decirlo en términos llanos, “la cosa cultural”; trabajo ese surgido de mesas serias, muy bien organizadas, que realmente merece una atención especial o, al menos, respetuosa de parte de quien ahora representará al “cambio” en materia de cultura. Ella, Breny Cuenca, aunque no sea del dominio público el cursus honorum que como intelectual ha debido seguir para merecer la designación, ni parezca tener mayor noción del estado en que se encuentra la “nación cultura” local, ha obtenido capacitación profesional y especializaciones en disciplinas relacionadas con el trabajo que le han confiado. Ojalá que sepa complementar ese acervo de conocimientos y experiencia con otras capacidades requeridas para entender a los sectores con los que deberá trabajar y para que estos le entiendan a ella. De hecho, su contacto inmediato con colectivos artísticos y pro-culturales, entre ellos el mismo Foro de Intelectuales de El Salvador, se impone como punto de honor en la agenda de la doctora Cuenca, actitud que no debería ser inhibida por el hecho de que la mencionada agrupación de intelectuales juzgue su nombramiento como un “Golpe de Estado contra la verdadera representatividad del pueblo salvadoreño…” (literal, incluso las mayúsculas).

Aunque se reconozca que la crítica es válida, aceptable y hasta necesaria, no se le encuentra sentido a que las más enconadas muestras de ese recurso provengan de individuos que han circulado siempre por el foro de la intelectualidad local con toga de consecuentes progresistas. Hoy la rasgan porque ellos y su candidato a pontifex maximus de la cultura local no consiguieron hueso en el actual gobierno. Enfadados,  se sientan hoy en la cuneta de la frustración a lamentar que “nadie sepa para quien trabaja”, revelando con tan inconsciente, inmadura y reaccionaria conclusión que, en el fondo de su compromiso, solo trabajaron por el cambio (que aunque ralo, lo es) con el propósito de que este les redituara aquel esfuerzo, si es que lo hubo. O sea que no trabajaron  para hacer triunfar las ideas con que se ha defendido siempre la instauración de la más elemental justicia social, ni porque en verdad les dolieran las muertes de nuestros muertos (¿Monseñor Romero incluido, verdad petit maitre?); tampoco por asegurarles un mejor futuro a los nuevos niños que hoy llegan a la vida y a la Patria con esperanzas de que, por fin, haya oportunidad de crecer, de sobrevivir libres de enfermedades, de educarse y alcanzar el disfrute de todo alimento cultural, incluido el arte. No. Ellos sudaron la camiseta de intelectuales revolucionarios, según parece, para conseguir trabajo cuando llegara el cambio. ¡Valientes guardianes de la cultura! ¡El cambio ha llegado, pero al parecer no pasó por ellos!

¿Y quién les dijo a los tales que un escritor por el solo mérito de serlo y por muy notable que sea en su oficio o en su autopromoción, tiene capacidad para administrar el inventario cultural de una sociedad y para establecer mecanismos que lo reproduzcan y diversifiquen? Es más: ¿De dónde sacan que el candidato de ustedes era el idóneo? ¿Tiene más preparación él que quien obtuvo el puesto? ¿Se ha especializado ese portento en algo relacionado con las funciones soñaba desempeñar?  Hagamos ahora preguntas más relevantes: ¿Por qué se ensañan estos críticos con un gobierno que apenas comienza a organizar la casa y que, con todo y el swing socialdemócrata que le achacan, representa la única posibilidad de empezar a emancipar a la auténtica democracia de los cepos en que el liberalismo (clasico o nuevo) le mantuvo siempre? ¿Por qué estos “notables” nunca demandaron de los anteriores regímenes el nombramiento del funcionario más idóneo que en cada quinquenio hubo, para dirigir CONCULTURA? ¿Por qué no lanzaron críticas a los anteriores presidentes de esa entidad por no hacer las cosas como debieron hacerse? Sepan estos critiquillos, si no lo saben, que para quien están trabajando con su actitud es para el sector que va a oponerse a todo lo que trate de hacer ahora el actual gobierno. Las críticas de ustedes son el pábulo que podría animar las palas que pretendan socavar las bases de todo lo que necesitamos construir. ¡Menudo egoísmo el de ustedes! ¡Y menudo absurdo en el que caen con su último manifiesto, cuando se refieren al actual equipo de gobierno (en la alusión a David Rivas) como “los que quieren seguir usufructuando el continuismo arenero y de derecha en detrimento del pueblo salvadoreño”. ¿No les importaba, cuando propusieron a su “gurú” para el cargo, que este llegara a unirse a tal equipo de “usufructuarios” con el puesto que no ocupó?

Concluyo con una reflexión: lo que más asusta es tener la impresión de que, frenada a medias la mediocracia que se amparó en las anteriores administraciones, tengamos que empezar a lidiar, además, con la que estaba latente, en nuestra propia trinchera, esperando la coyuntura ideal para comenzar a dar los zarpazos que hemos empezado a sentir; y todo porque quienes los dan no pudieron acceder a una planilla.

San Salvador, 30 de junio de 2009

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