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El Salvador, Domingo 12 de Febrero de 2012
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Viernes, 10 de Julio de 2009 / 09:11 h

A propósito del desarrollo cultural del país. Retrospectiva y futuro: una visión desde la antropología (Parte 4 de cuatro)

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Ramon D. Rivas

Estamos ante una realidad en donde los políticos han aprendido a desarrollar un discurso político light, en donde dicen solo lo que la gente quiere oír y no dicen lo que la gente no quiere escuchar.

Lo más preocupante es que la gente quiere oír lo que los políticos deberían decir y hacer. Hay que apostarle a la educación, pero a esa educación que nos lleve a reflexionar sobre lo que hemos sido, lo que queremos ser y, sobre todo, cómo queremos que eso se lleve a cabo.

Debemos educarnos desde una metodología que encierre la investigación por medio de la acción participativa tomando como eje central la cultura. Para ello quiero compartir con los lectores las clásicas definiciones que nos brindaron los padres de la antropología. Así, para Edward Tylor (1870) «la cultura o civilización, en sentido etnográfico amplio, es aquel todo complejo que incluye el conocimiento, las creencias, el arte, la moral, el derecho, las costumbres y cualesquiera otros hábitos y capacidades adquiridos por el hombre en cuanto miembro de la sociedad”.

Para Franz Boas (1930) «la cultura incluye todas las manifestaciones de los hábitos sociales de una comunidad, las reacciones del individuo en la medida en que se vean afectadas por las costumbres del grupo en que vive, y los productos de las actividades humanas en la medida que se ven determinadas por dichas costumbres.»

Para B. Malinoswki (1931) «esta herencia social es el concepto clave de la antropología cultural... Normalmente se la denomina cultura en la moderna antropología y en las ciencias sociales. (...) La cultura incluye los artefactos, bienes, procedimientos técnicos, ideas, hábitos y valores heredados.

La organización social no puede comprenderse verdaderamente excepto como una parte de la cultura.» Para W.H. Goodenough (1957) «la cultura es una sociedad que consiste en todo aquello que conoce o cree con el fin de operar de una manera aceptable sobre sus miembros. La cultura no es un fenómeno material: no consiste en cosas, gente, conductas o  emociones. Es más bien una organización de todo eso. Es la forma de las cosas que la gente tiene en su mente, sus  modelos de percibirlas, de relacionarlas o de interpretarlas».

Para Clifford Geertz (1966) «la cultura se comprende mejor como complejos de esquemas concretos de conducta, costumbres, usanzas, tradiciones, conjuntos de hábitos- planes, recetas, fórmulas, reglas, instrucciones  (lo que los ingenieros de  computación llaman ‘ programas’) que gobiernan la conducta.»

Para Marvin. Harris (1981) «la cultura alude al cuerpo de tradiciones sociales adquiridas que aparecen de forma rudimentaria entre los  mamíferos, especialmente entre los primates. Cuando los antropólogos hablan de una cultura humana normalmente se refieren al estilo de vida total, socialmente adquirido, de un grupo de personas que incluye los modos pautados y recurrentes de pensar, sentir y actuar». Para Anthony Giddens (1989).

La cultura se refiere a “los valores que comparten los miembros de un grupo dado, a las  normas que pactan y a los bienes materiales que producen. Los valores son ideales abstractos, mientras que las normas son  principios definidos o reglas que las persona deben cumplir.»

En definitiva, podemos afirmar con entera certeza que todas esas definiciones son aplicables en nuestra sociedad y que no se trata más que de ese hecho de vivir actuando, descubriendo lo que no se ve, se deben respetar las reglas y símbolos que nosotros mismos hemos establecido en relación con los demás; vivir haciendo y transformando, pero creando bienes y servicios, útiles y necesarios para el sano convivir; y eso es lo que debemos hacer todos en esta nuestra sociedad salvadoreña.

Y no se trata de pensar que la tarea es solo del nuevo gobierno. Sin más, quiero afirmar que, como salvadoreños, no hemos nacido predestinados para el sufrimiento. Y ahora se presenta —con este gobierno— la oportunidad de dejar toda esa historia maquiavélica para transformarnos en ciudadanos constructivos y, a su vez, productivos, en el marco de una sociedad en donde prevalezca el respeto mutuo y en todos los ámbitos.

Eso se puede lograr, pero no de la noche a la mañana; debemos trabajar en ello. El nuevo presidente y su gabinete debe firmar —de manera simbólica— un contrato de caballeros con el pueblo, que somos todos.

Y ese pueblo que también somos todos debemos también firmar ese mismo contrato que, si él y su gabinete cumple, nosotros como pueblo también debemos cumplir. Con ello estaremos reafirmando ese universal cultural que hemos aprendido de la antropología: que el ser humano se rige por medio de contratos que se establecen de forma consciente e inconscientes. Es decir,  “si vos me das yo te doy”.

Esto me recuerda aquel clásico libro del célebre sociólogo y antropólogo francés Marcel Mauss titulado Essai sur le don, que fue quien estudiara a fondo este universal cultural que compromete a los seres humanos. Este gobierno no debe dejar por un lado el estudio y la comprensión de la cultura. Hacer gobierno y gobernar no es solo pensar en el desarrollo humano desde lo económico.

La cultura es hacer, es educarnos y es saber convivir, por ello debemos darle la importancia que debe tener. La ahora Secretaría de Cultura que ha institucionalizado el “gobierno del cambio” debe de tener conciencia de que tiene la obligación de ser la rectora de una importante tarea en beneficio de la educación y promoción de todo lo que encierra el fenómeno cultura para los ciudadanos que conformamos la nación y para ello se necesita de funcionarios capaces, competentes y abiertos para nuevas ideas ya que la cultura se transforma todos los días.

El país, no necesita de esos funcionarios de escritorio  con  ideas que lo saben todo, y que los diplomas y títulos obtenidos son su garantía. Estamos ante los inicios de una nueva sociedad y si verdaderamente queremos que el sueño se haga realidad debemos de iniciar con paso firme y no con las mañas del pasado.        

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