Archivo     |   Búsqueda

DiarioCoLatino.com
El Salvador, Sábado 26 de Mayo de 2012
Última actualización : 25/07:35 h.

Miércoles, 08 de Julio de 2009 / 09:49 h

La sociología… hoy (1)

  Versión para Imprimir

René Martínez Pineda*
(Coordinador General del M-PROUES)

Una parte de los artículos que, por diez años, he publicado semanalmente en Co Latino, tienen la virtud del coraje… porque, a pesar de mis taras neuronales, han pretendido reflexionar sobre la realidad nacional e internacional y, además, han tratado de expresar un conflictivo y poco cambiante patio generacional, teórico, cultural y político-ideológico en el que cohabitan dos grupos: nosotros, los de ayer, los que fuimos formados con una sólida concepción marxista que se fortaleció con la lectura, despiadada y crítica, de los clásicos del estructural-funcionalismo… y con la agonía del pueblo –claro está- que para nosotros no era una palabra vacía o una consigna lucrativa, sino el referente vivo de la crítica política y epistemológica; y los otros, los de abajo de la cama, los sin ombligo, los peninsulares de la sociología, los que siempre creyeron en el “no compromiso” de las ciencias sociales con el pueblo y sus achaques, cuyos herederos -envalentonados por la amnesia histórica- se alinean hoy, con poses eruditas, en un funcionalismo reaccionario y puritano definido como “nueva guardia” o como “imparcialidad ideológica” basada en “el fin de la historia”.

A pesar de mis limitantes, creo que esos artículos son una entrada humilde para el inicio del postergado debate acerca de la sociología salvadoreña, esa ciencia social que, en los duros años de la guerra, era la única que nos entendía, era la confidente de quienes, por pura utopía –venciendo al miedo y al monitoreo materno- nos metimos en el conflicto armado.

En esa década de pólvora-sueños, los escritos sociológicos y literarios a los que tuve acceso –todos ellos leídos clandestinamente- me llevaron a conocer la prestigiosa tradición de la sociología alemana y latinoamericana y, como complemento ideal, al realismo mágico-social que en esa coyuntura tensionaron –como deberían tensionar hoy- la agenda académico-política, a partir de su relación directa (con la lucha de calle y de volcán como tutora) con los cajones del impenetrable archivo académico, y con un mundo cultural amplio y creativo que involucraba menos dudas que certezas sobre la cosa pública por darse, o sea sobre la revolución social. Es vital reconocer, desmitificando su lógica carencia, que para la sobrevivencia de tan honrosa tradición –previa crítica epistémica- son definitorias las plataformas educativas de formación, investigación, proyección y producción autónomas, serias y politizadas de la universidad pública, pues, son vitales en la construcción de la identidad de la comunidad de sociólogos: una identidad-identificación comprometida que no herede el viento.

Pero, saber, antes, si existe algo llamado “sociología salvadoreña” y, después, cuestionarse sobre la sociología salvadoreña en este tiempo -sobre la base de la producción intelectual y de los signos homogéneos de un clan heterogéneo de académicos, consultores e investigadores- supone revelar el andamiaje de esas plataformas educativas, y también de cómo éstas se construyen o, mejor aún, de los compromisos y logros históricos –dados, dándose y por darse- por la forma en que ese clan organiza, incluye, excluye, señala o etiqueta a sus pares y parecidos, al tiempo que busca –debería buscar- acercamientos con las otras ciencias sociales y con los sujetos que son los que, con su práctica, construyen el objeto de estudio de la sociología, más allá de los cuales no pasa de ser una fábula incendiaria e incómoda que nadie toma en serio: ¿cuántos del nuevo gabinete de gobierno en El Salvador son sociólogos, no obstante que la problemática social es de primer orden?
Uno de los factores –dando por sentada la inexistencia de una escuela de pensamiento propio- por los cuales la sociología salvadoreña no halla su identidad, al derechizarse por mera comodidad, es por el hecho de no responder la gran pregunta: ¿Qué es la sociología? Muchos autores consideran que esa respuesta no es retórica, sino práctica, pues, es por la acción y compromisos que vale definir a la sociología, o sea por las producciones que se hagan, por la recurrencia con que les pidan a los sociólogos hacer el análisis sobre la cosa nuestra, y por los problemas que resuelva.

Los más humildes trabajos de reflexión sociológica –tanto desde la cotidianidad y el aula, como desde lo macrosocial- potenciaría y cualificaría la teoría más que cien mil páginas atiborradas de citas bibliográficas, recortes de periódicos viejos y elucubraciones más esotéricas que doctorales.

Efectivamente, es una estrategia pertinente observar la práctica de aquellos a los que la sociedad (y por supuesto la comunidad sociológica, incluidos los que, como yo, fuimos descalificados como sociólogos con los alumnos, debido a mi “nula formación” –les dijeron-) reconoce o define como sociólogos en un momento dado.

Es tautológico concluir que si ninguna comunidad es homogénea, tampoco lo es la sociológica, en tanto está formada por agentes sociales, instituciones y grupos privados que, en secreto, mantienen relaciones de negación mutua y de competencia, implícita o explícita, por determinados privilegios, no importa si éstos son reales o imaginarios. En esta latitud del mundo social -que puede entenderse a partir de la noción de “campo” hecha por Bourdieu- hay, por supuesto, jerarquías: lugares, prácticas, gradas, antecedentes y productos que tienen, por méritos no del todo claros, más reconocimiento que otros, siendo tales jerarquías lo que se podría denominar como los campos profesionales de los sociólogos.

Al aprehender los campos profesionales de la sociología salvadoreña como una totalidad, es básico diferenciar dos áreas que tienen sus particularidades: la primera es la académico-científica y cultural, cuya especificidad podría explicarse diciendo –con cierta temeridad y prepotencia gratuita- que es donde se pare conocimiento, valiéndose de recursos teóricos, metodológicos y técnicos, pero que sobre todo allí, usando la soberanía intelectual, se edifican las grandes interrogantes que deslindan hechos sociológicos y preocupaciones sociales.

La segunda, es la que tiene que ver con el ejercicio de la profesión liberal, incluso en los aspectos que, durante la formación universitaria, fueron calificados como menos técnicos, pero que el mercado se encargó de mostrar que eran los únicos lucrativos, por el hecho de responder a las necesidades puntuales de las empresas contratantes.

Así es como nacieron las consultorías en América Latina y, con ellas, se degradó y pervirtió la investigación social, pues, sirven para ratificar las conclusiones que el contratante desea (encajonar la realidad en la teoría y las hipótesis) no importa que el consultor se defina –en sus elegantes tarjetas de presentación- como investigador.

*renemartezpi@yahoo.com

  Versión para Imprimir


Opiniones

8/09:18 | Nada es igual en Centroamérica después del golpe de Estado en Honduras  Roberto Cañas

8/09:18 | Si serán pendejos  Carlos H. Bruch Cornejo

8/09:18 | ¡Justicia ya!*  

8/09:14 | La meditocracia en el sector energético  Ing. Omar Salinas



publicidad