Carlos H. Bruch Cornejo
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Lo de Honduras no tiene nombre. Se lo han borrado los de siempre, los energúmenos que no ven más allá de sus fincas.
Yo que pensaba que lo único de brutalidad gubernamental latinoamericana iba quedando en Colombia con el acomplejado presidente y sus secuaces. Pero no, hay resabios aquí a la par.
¡Y vaya que bien brutos!
Debe ser demasiado el apego a la plata fácil, al narcotráfico y al manoseo antojadizo del poder como para batearse a la OEA, a la ONU, a los gringos, a los países vecinos, las entidades financieras y a la opinión pública mundial!
Hay que ser muy chapucero como para pretender dar un golpe olvidándose de que esto es el siglo 21.
Ignorando que Internet resuelve más y mejor que el toque de queda.
Que la verdad le da la vuelta al mundo antes de que toque un clarinete un guardia.
Que las fotos pululan certeras en los blogs y en los foros millones de veces más que las censuradas en un par de diarios-pasquines que apoyan el golpe a cambio de venta publicitaria.
Desde hace unos días cuelga una valla gigante en la Casa de América en Madrid que reza «Casa de Honduras democrática».
Se suma esto a lo que les dijo el Rey Juan Carlos: ya no son épocas para sacar presidentes en pijama a punta de fusil.
Un amigo español agregaba algo simple pero certero en descripción semántica: «Es que hasta en el nombre traslucen su sino: honduras».
Y ahora sí que llegaron hondo.
Chávez le dijo Goriletti al regente de esa idiotez.
Hay que agregarle: Sinvergüensetti, Testarudetti, Hitleretti...
Pendejerete le diría mi tío.
Y al desaguisado se suman los obispos católicos. Otros que no quieren quedarse sin su platita fácil.
Inacautos totales.
Curas, chafas y bananeros han retomado el poder en Honduras.
Muy mala fórmula si soñaban con paz y democracia. Buen terreno para los maliantes y narcos que ya abundan en la región, pero que al menos han sido despojados del control estatal en los países vecinos. Y cómo la democracia manda. Ninguno se ha robado el poder como los bananettis.
Pobrecitos hondureños. Ojalá saquen fuerzas y no se rindan ante tanto insensato que los está aplastando.



