Licda. Norma Guevara de Ramirios
Nos sorprendió el amanecer del domingo 28 de Junio con una lamentable noticia, el golpe de Estado contra el Presidente Constitucional de Honduras, Manuel Zelaya; quién había sido violentamente sacado de su casa después de someter a la seguridad personal, golpeándole a él mismo, incluso impidiéndole ponerse los zapatos antes de llevarlo a una base militar y trasladarlo a Costa Rica.
Parecía que este procedimiento se había extinguido para dar paso a un proceso de desarrollo democrático en nuestro continente, parecía que perdían vigencia las modalidades golpistas para tratar las diferencias entre los poderes formales o de hecho con los Presidentes electos popularmente; pero el 4 de Abril en Venezuela y este 28 de Junio del 2009 la necia realidad nos indica que el pensamiento que los alienta y los intereses que los motivan, todavía existen. Se requiere entonces, mostrar con toda energía, que los pueblos los rechaza y que el derecho internacional, les cierra paso y validez.
El mandato del Presidente Zelaya está próximo a finalizar, las elecciones municipales, legislativas y presidenciales están programadas para Noviembre, el sistema constitucional no contempla la posibilidad de reelección presidencial, de manera que es imposible utilizar como pretexto que el Presidente estuviera pretendiendo reelegirse; pero estas acciones, que son, han sido, y serán siempre un atentado a la democracia, buscan cualquier pretexto; y el que ahora se utiliza para este golpe de Estado, es el de afirmar que el Presidente Zelaya atentaba contra los otros poderes por utilizar la ley de participación ciudadana, para consultar mediante una encuesta, si la ciudadanía está de acuerdo en pedir al Congreso una reforma legal para hacer una consulta popular en el marco de las elecciones de noviembre instalando una cuarta urna que pregunte si desea que se instale una Asamblea Constituyente o no. Hacer una encuesta es el pretexto.
Con excepción de Costa Rica que desde mediados del siglo pasado carece de ejército, el resto de países centroamericanos, sí sabemos lo que es una dictadura, sabemos lo que es el autoritarismo, sabemos lo que son las confrontaciones internas, sabemos lo que es tener gobiernos que en nombre del pueblo actúen en su contra sin consultarle, pero ¿preguntarle al pueblo si quiere niveles mayores de participación? Jamás había sido utilizado como pretexto. Por eso la magnitud de lo que ahora pasa en Honduras debe preocuparnos a todos y todas, lástima el proceso de democratización que de manera persistente viene desarrollándose en el istmo centroamericano y latinoamericano.
La Carta Democrática Interamericana aprobada el 11 de Septiembre de 2006 buscaba justamente elevar a rango de derecho internacional, la democracia y en el Artículo 1 dice “Los pueblos de América tienen derecho a la democracia y sus gobiernos la obligación de promoverla y defenderla.
La democracia es esencial para el desarrollo social, político y económico de los pueblos de las Américas” Viniendo de conflictos internos, de dictaduras y una tradición histórica de golpes de Estado, el que los Estados Centroamericanos firmaran la Carta Democrática Interamericana, podría dar a entender que queremos ser parte de una nueva época y por eso es justo y necesario rechazar el resurgimiento de prácticas golpistas.
Los países europeos, EE. UU., la mayor parte de países latinoamericanos y del Caribe se han pronunciado contra el Golpe y por la restitución del Presidente constitucional de Honduras, nuestro Presidente se ha pronunciado en iguales términos y es de esperar que este momento crítico de la hermana nación hondureña sea resuelto restituyendo el orden constitucional alterado. Mucho más importante es que las fuerzas políticas, económicas y militares que estén detrás del golpe militar, respeten las vidas, la integridad de los y las funcionarios leales al Presidente. Preocupa especialmente los ataques sufridos por embajadores de Venezuela, Cuba y Nicaragua, el secuestro y maltrato a la Canciller Patricia Rodas, la captura del Alcalde de San Pedro Sula y la intimidación a la ciudadanía, real dueña de la soberanía, que se han estado manifestando a pesar de las restricciones impuestas por el ejército.
El retorno a la institucionalidad democrática de Honduras representa en primerísimo lugar el ejercicio de la Presidencia de la República por parte de Manuel Zelaya, cualquier diferencia de visiones, debe canalizarse por los recursos que el propio pueblo hondureño ha creado en su sistema político.
La solidaridad de los Estados debe propiciar este principio elemental, y desde los pueblos debemos acompañar ese camino como expresión de solidaridad con el hermano pueblo hondureño.




