Washington/Afp
El presidente estadounidense, Barack Obama, recibe este jueves a líderes del Congreso para explorar pistas que permitan aprobar una reforma migratoria, una de sus promesas a la comunidad hispana que le ayudó a llegar al poder.
Obama reafirmó el pasado viernes, durante un encuentro con evangelistas hispanos, que está dispuesto a firmar una reforma que permita la legalización, con estrictas condiciones, de unos 12 millones de indocumentados en este país.
Pero como en el caso de su gran objetivo este año, la reforma del sector sanitario, el presidente prefiere dejar a los legisladores abrir el juego.
La reforma migratoria sufrió dos fracasos consecutivos en menos de tres años (2006 y 2007).
En la última ocasión, el propio Obama como senador votó a favor de la reforma, como el republicano John McCain, su contendiente en las pasadas elecciones presidenciales.
McCain ha sido invitado a la reunión de este jueves, pero los protagonistas de este nuevo e incierto intento serán claramente los demócratas, que cuentan con mayoría en ambas cámaras del Congreso.
"Pongo la reputación del Partido Demócrata en juego por la (reforma) migratoria", señaló sin ambages en entrevista a la AFP el líder de la mayoría en el Senado, el demócrata Harry Reid.
Reid es uno de los senadores que el año que viene enfrenta elecciones para renovar su escaño en su sureño estado natal, Nevada, donde los hispanos, cerca del 25% de la población, han pasado a ser un elemento electoral clave.
Contrariamente a 2006 y 2007, los defensores de la reforma han tomado claramente la delantera esta vez ante la opinión pública.
Líderes religiosos, activistas de todo el país han protagonizado actos, plegarias y manifestaciones de todo tipo en la capital estadounidense, prácticamente desde que Obama asumió el cargo.
"Desde el punto de vista latino, una promesa es una promesa. Vamos a ayudarle (al presidente Obama) a mantener esa promesa", advirtió en uno de esos recientes actos Janet Murguía, presidenta del grupo de presión hispano La Raza.
Miles de faxes y correos electrónicos han inundado las oficinas de los congresistas en las últimas semanas, una campaña que no pasó en absoluto desapercibida, reconocieron fuentes legislativas a la AFP.
Pero la reforma, que permitía legalizar a como mínimo entre 8 y 10 millones de hispanos, llega al mismo tiempo en un momento objetivamente difícil para sus defensores, con la peor recesión en décadas.
"Cada demócrata en un distrito (electoral) competido sabe que esa será la cuestión el año que viene: ¿porqué votaron a favor de más trabajadores extranjeros con 14 millones de desempleados?", criticó el miércoles el jefe del grupo antimigratorio NumbersUSA, Roy Beck.
"Los estadounidenses creen en la inmigración, pero también creen que no pueden tolerar una situación en la que gente entra en Estados Unidos violando la ley", dijo Obama la semana pasada.
El presidente esbozó una solución satisfactoria para todos: "para aquellos que quieran convertirse en ciudadanos, deberíamos pedirles que paguen una multa, impuestos, que aprendan inglés y que se pongan en la cola, detrás de aquellos que jugaron limpio".



