Mujeres habitantes de la comunidad Bendición de Dios realizan trabajos en conjunto para obras de mitigación y mejoramiento de la zona. Foto Diario Co Latino/Melvin Rivas.
Daniel Trujillo
Redacción Diario Co Latino
Quienes siempre dijeron que la mujer es el sexo débil estuvieron equivocados. Las madres de la comunidad “Bendición de Dios”, en el municipio de Ilopango, rompen con el esquema de la sociedad machista salvadoreña, y trabajan a diario para que sus hijos tengan un hogar digno y seguro donde vivir.
No es un trabajo cualquiera el que desempeñan las casi noventa mujeres, quienes entregan todo de sí con el objeto de reducir los niveles de vulnerabilidad existentes en sus alrededores.
Cada mañana, cuando el reloj marca las ocho horas, ellas cogen pala, piocha, carretilla y trabajan arduamente en la construcción de un muro de contención.
No es fácil para estas madres ser la piedra angular de sus familias y de la comunidad misma. Van y vienen por los pequeños caminos de la “Bendición de Dios” llevando carretillas llenas de tierra y piedras; incluso, algunas, cargan sobre sus cabezas rocas que desafían la fuerza de cualquier hombre.
Gloria Dolores Nieto es una de ellas. Toma un corto descanso después de una agotadora mañana de trabajo. Su ropa está desgastada, llena de lodo. Se quita la gorra que protege su cabeza del sol, al tiempo que una débil brisa refresca su frente bañada por el sudor.
Sufrimiento y “rebusca”. Estas palabras resumen el diario vivir de Gloria, quien no tiene un trabajo formal que le genere un sueldo para suplir sus necesidades básicas.
“Así nos toca todos los días”, expresa esta madre soltera, con su piel tostada y ojos cansados, producto del trabajo de albañil que desempeña.
La comunidad “Bendición de Dios” se fundó en el 2004. Fue en ese año que noventa familias, provenientes de comunidades de Apulo y colonias marginales de Ilopango, se asentaron en un predio baldío del Bulevar Las Pavas.
Cinco años de lucha constante han pasado para que sus tierras se legalicen, de acuerdo a lo que la ley dicta.
Para que las madres tengan sus escrituras, uno de los requisitos indispensables es que la comunidad esté protegida por un muro de contención.
Son 153 metros a construir. La Alcaldía del municipio ya ayudó con 37 metros. Ahora, el reto de los seis grupos de mujeres que laboran en la edificación del muro es terminar 116 metros; sin embargo, la Fundación Salvadoreña de Desarrollo y Vivienda Mínima (FUNDASAL) les ayuda a lograr la meta.
Los grupos de trabajo están conformados por quince personas, los cuales se dividen en dos, las que trabajan de lunes a miércoles, y las de jueves a sábado.
Elena Martínez está en uno de ellos. Es viernes y a ella le tocó descansar. Se supone que desde el jueves no trabaja, pero el quehacer del hogar la obliga atender a sus dos hijos: Jefferson, de nueve meses; y, Keiny, de cuatro años de edad.
Con delicadeza cuelga los pañales recién lavados de Jefferson en un improvisado tendedero. Termina de colocarlos en un alambre semioxidado y se dispone a entrar a su casa a almorzar.
Su labor en la comunidad es “jalar agua” para la construcción del muro. Aparte de esto, también está organizada y es una de las once personas que conforman la máxima autoridad en la “Bendición de Dios”: la junta directiva.
Como primer vocal de la junta, Elena asegura que todos sus vecinos son solidarios unos con otros, tanto así que si conocen de una oportunidad de trabajo formal se lo comunican a quien más lo necesite.
Las mujeres emprendedoras de la “Bendición de Dios” laboran en la edificación del muro de contención desde abril pasado y cuando a un grupo le toca descansar en la construcción del mismo, el otro se encarga de la seguridad de la comunidad y de obtener agua potable.
El trabajo constante es lo que caracteriza a estas madres, quienes son el centro motor de la comunidad, pues gracias a ellas, la vulnerabilidad ante las lluvias que se avecina por el invierno, se reducirá considerablemente.



