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El Salvador, Viernes 25 de Mayo de 2012
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Viernes, 19 de Junio de 2009 / 09:47 h

Retrospectiva y futuro en El Salvador: una visión desde la antropología (Parte 1/4)

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Ramón D. Rivas

¿Qué necesita el nuevo gobierno en El Salvador para poder ser legitimado como tal? Esa es la pregunta. Naturalmente, lo lógico es: haber ganado las elecciones. Pero hay algo más: cumplir con “el cambio” prometido.

En la antropología hemos aprendido que hay una universal cultural que rige a todas las sociedades y, eso, se presenta por medio de una especie de contrato, es decir; si yo te doy vos me das, si yo te cumplo vos me cumplís.

Y así es con el gobierno; si al gobierno le cumple al pueblo, este —el pueblo— debe de cumplir, hay una obligación. Pero, también, si el pueblo cumple, el gobierno tiene la obligación de cumplirle.

Desde el punto de vista científico-social, el fenómeno puede ser abordado y comprendido desde diferentes ángulos lo que naturalmente hace más complejo el fenómeno.

Primero, hay que partir afirmando que es precisamente el gobierno el que garantiza el orden de toda sociedad moderna. Esto es un hecho. En sociedades tradicionales la religión, las tradiciones y hasta determinados elementos geográficos influyen en dicho orden.

En las sociedades modernas se constata que la creación de una comunidad nacional, para su buen funcionamiento, está anclada —por lo menos en teoría— sobre valores familiares, religiosos, políticos, económicos y sociales lo que hace que en la sociedad se fomente la solidaridad y la cooperación, lo cual le da un sentido de destino a las personas. Por lo menos así debería de ser.

La realidad nos demuestra que el Estado en este país, a lo largo de la historia —y en concreto con los últimos gobiernos— no logró supeditar intereses egoístas y mezquinos por parte de políticos y funcionarios arribistas y al servicio de un sistema socioeconómico, político y cultural excluyente (y aquí hasta la religión ha formado parte de eso) y a determinados intereses —no del pueblo— nacionales e internacionales.

Y ello no solo  obstaculizó el buen y sano desarrollo de la sociedad en todos sus aspectos, sino que la excluyó, la masacró y hasta ha convertido a sus ciudadanos en el principal “producto de exportación”, ya que ello genera divisas y son “los hermanos lejanos” los que sostienen —desde hace años— la economía nacional. Todo esto ha creado una especie de “cultura”, pues esta cultura nace de la mediocridad y de una desconfianza generalizada. Es penoso constatarlo, pero vivimos en una sociedad en donde nadie cree en nadie. Es la sociedad del “sálvese quien pueda”.

Hemos vivido en un Estado a conveniencia, un Estado al servicio de unos pocos. Un Estado que ha creado una cultura de la improvisación, pero una improvisación calculada, al servicio de los que han ostentado el control, lo que ha generado una sociedad que le apunta a lo individual, pero en el marco de una colectividad; es decir, yo-empresa, yo- partido político, yo-religión, yo-universidad y hasta yo-país.

En este país hay una amplia barrera entre lo que es un Estado que tome en cuenta la parte académica, las universidades, y un Estado que además tome en cuenta la empresa; ni mucho menos esta última toma en cuenta a las universidades. Todo lo contrario a lo que sucede en países desarrollados en donde empresa, academia y gobierno forman triunviratos para beneficio de la nación.

En nuestra sociedad el Estado constantemente ha quebrantado los intereses del individuo, de la sociedad, de sus instituciones lo que ha generado descontento, pues no solo ha tocado intereses propios, sino que también ha generado crisis individual, social, política, lo que ha servido para frenar el desarrollo no solo del individuo, sino que, por ende, el del país. Nos caracterizamos, en este país, por ser partícipes de cultura una política infundada que arruina iniciativas y destruye buenos proyectos.

El nuevo gobierno “del cambio” tiene ya su meta bien definida y es la de comenzar a construir país, construir sentimiento de nación, para transformar para bien esa cultura mediocre —subcultura—, oportunista e insana para sentar bases en el marco de un Estado de derecho y de sana convivencia. 

Continuará…

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