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Lunes, 01 de Junio de 2009 / 09:41 h

Nueva época, primer gobierno ganado por FMLN

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Licda. Norma Guevara de Ramirios

En distintos lugares se vivió el último día del gobierno de Arena con esperanza y con lágrimas, porque parece todavía un sueño la epopeya popular que logró sobreponerse a las mañas del poder de la derecha, para lograr, el 15 de marzo pasado, la victoria de un nuevo Presidente: Mauricio Funes, y de un nuevo Vicepresidente: Salvador Sánchez Cerén. ¿Cuántas vidas fueron sacrificadas a lo largo de la lucha contra la dictadura? ¡Cuántas provocaciones para sacar al FMLN de su rumbo de fuerza liberadora y para dejarla como andrajo igual que cualquier partido acostumbrado a sacrificar ideales por prebendas personales! Pero por fin la frase del libro autobiográfico de Salvador Sánchez Cerén, “con sueños se escribe la vida” sirve de idea fuerza para la vida que nuestro pueblo salvadoreño empieza a escribir hoy primero de Junio de 2009.

Persistir en la fuerza del pueblo, persistir en la capacidad del pueblo para sacudirse sus yugos, persistir en la lealtad a las ideas de transformación social, esa ha sido la clave para llegar a este hermoso momento a nuestra cita con la historia. Una y otra vez hemos vivido como organización y como personas, situaciones cruciales; hemos sido calificados despectivamente, con desprecio por parte de quienes se acostumbraron a utilizar el gobierno como palanca de grupos económicos y políticos. Parecía lejano, casi un imposible, pero en medio de esa ola de despertar de los pueblos latinoamericanos, el nuestro también logró su propia victoria.

Mauricio Funes, nuestro Presidente, el Presidente de todas y todos; es parte esencial en esta nueva página de la historia del pueblo salvadoreño; él, igual que nuestro Vicepresidente Salvador Sánchez Cerén, estará rodeado del cariño del pueblo, de sus anhelos de justicia, de las convicciones democráticas y de una herencia de heroísmo que nos compromete  y nos reclama consecuencia.

Mauricio y Salvador son depositarios de la esperanza que se ha tejido con las lágrimas de quienes recordamos a nuestros seres queridos y a nuestros héroes y heroínas. Nuestro Presidente ha ofrecido su ejercicio a la memoria de nuestro Obispo Mártir, Monseñor Romero y por todo esto, la alegría es un himno de victoria, es un regocijo colectivo que nos prepara para la acción transformadora.

Como parte de ese cambio que empezamos a vivir, quedará atrás la época en la cual las relaciones internacionales estaban sesgadas por prejuicios ideologizados, por eso, el anuncio en este mismo día, sobre el restablecimiento de relaciones diplomáticas con la hermana República de Cuba, es una señal de los tiempos nuevos que empezamos a vivir y que produce enorme satisfacción en la mayor parte del pueblo salvadoreño. Es como un arco iris que nos indica que el sol nos alumbra en medio de la lluvia. Atrás quedará la doble moral que hacía que se desarrollaran negocios, pero no relaciones diplomáticas con Cuba. A estas alturas sólo nuestro país quedaba pendiente de establecer relaciones desde que el 28 de febrero de 1961 habían quedado rotas.

Es cierto que el panorama de crisis estructural que heredamos plantea desafíos mayores; pero que sería ese desafío sin la fuerza  de la esperanza popular, sin ese impulso que nos hace sentir que seremos capaces de salir adelante y de buscar la voluntad y la participación de la gente como palanca para sortear las amenazas  y los peligros. Sin duda alguna, abrimos ahora una nueva época que será mejor valorada en la medida que transcurra el tiempo; el mismo tiempo que será testigo de cada nuevo y mejor acontecimiento.

Desde Anastacio Aquino, desde Feliciano Ama, desde las luchas de artesanos y obreros, jornaleros, campesinos, mujeres, militares demócratas, fuerzas sociales y políticas se desataron luchas por la justicia y por la soberanía popular; siempre hubo escapes que dejaron para después la victoria; ahora le llegó la hora al pueblo, ahora empezaremos la edificación de un El Salvador justo, democrático, humano y en progreso constante. Este es el cierre de un ciclo de la historia, es al mismo tiempo, el momento justo del surgimiento de un nuevo tiempo, de una época de cambio.

La evocación de nuestros poetas, las certezas de revolucionarios como Schafik Handal, las plataformas de pobladores rurales, de las mujeres y de los estudiantes, de los vendedores y vendedoras, de empresarios progresistas, debe empezar a convertirse en logros, logros para la patria. Bienvenido sea nuestro nuevo tiempo y hagamos de él, junto a nuestro Presidente la época del cambio seguro y justo.

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