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Martes, 26 de Mayo de 2009 / 11:08 h

El Salvador de Mario Benedetti

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Antonio Martínez-Uribe
Miércoles 20 de mayo del 2009

Murió Mario Benedetti. He estado diciendo que estamos en deuda con él, tanto como género humano pero también de una manera más específica como pueblo salvadoreño. En los años difíciles de nuestra guerra civil y cuando más lo necesitábamos, la lucha del pueblo de nuestro país estuvo siempre presente en su cabeza. Recojamos algunos de sus reflexiones hechas en aquella década del 80, cuando también se agudizaba la situación en Nicaragua y en los países del socialismo real. Veamos algunos textos de las escritos de Benedetti de ese período histórico:

Durante algunas semanas fue evidente que en los altares de la OTAN se rezaba fervorosamente por que la Unión Soviética invadiera de una vez Polonia, a fin de justificar una posterior invasión norteamericana a Cuba o Nicaragua y una ayuda masiva a los militares salvadoreños. (…) Que Polonia sea Polonia. Así reza la contundente (y compartible) consigna que Estados Unidos ha hecho repiquetear a nivel mundial. Excelente. Todos estamos de acuerdo. Pero, ¿nos acompañarán esos rostros pálidos en una campaña destinada a que El Salvador sea El Salvador, Chile sea Chile, Uruguay sea Uruguay? (América Latina y los polacólogos. 2 de noviembre 1982).

Cuando se decidió que la exposición del V Centenario del descubrimiento de América se celebrara en Sevilla y Chicago, escribió un 9 de enero 1983, un artículo que tituló Chicago no nos representa, diciendo:

La América del Ku Klux Klan no puede representar al subcontinente mestizo; ni la que forma a los torturadores en Fort Gulick puede ser portavoz de la América de los supliciados y desaparecidos. La delirante contundencia de los MX no puede representar la lucha casi artesanal del pueblo salvadoreño

En otra entrega que tituló, Las torturas allá lejos, publicado el 21 de marzo del año 1983 y hablando del turismo latinoamericano que entonces visitaba Europa, señalaba:

No, la mayoría de los latinoamericanos que hoy pueden hacer turismo europeo son simplemente los proxenetas de la crisis, los usufructuarios de la corrupción, las tiernas familias de los verdugos. Y, naturalmente, también ellos se sorprenden cuando llegan a Europa y se encuentran con que aquí se escribe sobre las atrocidades de Guatemala, el genocidio en El Salvador, los desaparecidos de Argentina. Su defensa es, por supuesto, la negación total.

Acerca de los niños desaparecidos en el Cono Sur:

Hace poco más de un año, otra Junta Militar, la de El Salvador, llevó a cabo un plan que ella misma bautizó Operación Herodes y que consistía en eliminar sistemáticamente a niños y adolescentes, a fin de cortar los relevos en la lucha revolucionaria. Sus colegas argentinos no cayeron en la ingenuidad de bautizar el plan; simplemente lo llevaron a cabo. (El complejo de Herodes. 16 de mayo 1983).

Refiriéndose a la doble moral de los Estados Unidos en relación al intervencionismo en otros países:

Reagan clama en 1983 contra un eventual intervencionismo soviético-cubano en Nicaragua, pero América Latina no olvida que en 1976, con el fin de apoyar a Somoza, Estados Unidos organizó la famosa operación Aguila Z (¿quinta invasión?). Altos oficiales norteamericanos asesoraron (como hoy lo hacen en El Salvador y en Honduras) esa maniobra, en la que participaron fuerzas salvadoreñas y guatemaltecas, además de tropas especializadas del Comando Sur de Estados Unidos. Los gobiernos de Honduras y Costa Rica se negaron a intervenir militarmente y sólo mandaron observadores, en tanto que Panamá, más renuente, se negó a observar. Esa compleja operación, durante la cual se empleó NAPALM contra los rebeldes sandinistas, fue una muestra flagrante del terror importado. (Todo empezó con Walker. 1 de agosto 1983)

Benedetti también tenía una impresionante visión de mundo. Ya en 1983 hablaba de la posibilidad de una grave crisis que vendría después para la sociedad estadounidense. Fijémonos lo que sentenciaba en este artículo denominado Una lanza por el Tercer Mundo (4 de abril 1983).

Episodios como Watergate o el escándalo de la Lockheed Aircarft son deterioros que, aunque fascinan a los más acreditados corruptólogos, en realidad sólo afectan a un limitado número de funcionarios. En cambio, un ajuste espectacular del confort promedio, eso si afectaría a millones de ciudadanos. Estados Unidos, que tanto ha trabajado por la desestabilización de Gobiernos del Tercer Mundo (oh, manes de  Mosadegh, Lumumba, Salvador Allende), temen ahora, y con cierta razón, que una eventual liberación económica y política de América Latina llegue a desestabilizar a la propia sociedad norteamericana. Ojalá pudiéramos devolverles atenciones. Quien desestabilice al desestabilizador, un buen desestabilizador será.

Aproximadamente un año antes de morir, con motivo de la presentación de un nuevo libro de Mario Benedetti, Testigo de uno mismo, Eduardo Galeano destacaba en su homenaje y gratitud, las virtudes de Benedetti subrayando tres que para él era de lo más relevante de su condición humana: honestidad, generosidad y modestia. En cuanto a la segunda virtud, Galeano, teniendo a Benedetti a su lado, expresaba:

Es una rara “avis”, realmente rara, este amigo que tengo aquí al lado. No sé si habrá otros en un gremio tan difícil como el nuestro. Y no sólo en el nuestro, porque me han dicho que también los dentistas están locos de envidia unos contra otros y que no es claro el panorama entre los plomeros ni entre los ingenieros agrónomos. Pero el sindicato nuestro, el sindicato de escritores, es muy “navajero”. Es un sindicato donde uno encuentra, lamentablemente, en el Uruguay y en los demás países –por lo menos esa ha sido mi experiencia personal de contacto con los colegas– en general uno encuentra una atmósfera muy cargada por las envidias, los rencores, los resentimientos, las ambiciones personales. En medio de ese panorama triste, Mario ha dado siempre un ejemplo formidable de generosidad.  Es una de esas rarísimas personas que se alegra cuando a los demás les va bien. ¡Es un milagro bíblico! Yo creo que esta no es la prueba de la existencia de Dios, pero es la prueba de la existencia de los buenos tipos, sin los cuáles ¿qué haría Dios?  ¿Qué haría Dios sino jubilarse avergonzado si no hubiera buenos tipos? Y Mario es una de esas pruebas vivas. Es un hombre muy ofrecido, muy abierto a los demás que celebra, celebra la buena suerte ajena en un medio como el nuestro, muy difícil, muy mezquino. El Uruguay es un país con muchas virtudes pero, lamentablemente, el medio intelectual en el Uruguay es un medio muy mezquino, muy gobernado por la mezquindad, donde, cuando a uno le va bien, hay que disimularlo para evitar ataques al hígado en los demás. Esa es la verdad. Y en ese panorama general, más bien deprimente, Mario brilla como una excepción bien luminosa.  (http://www.laondadigital.info/LaOnda/LaOnda/438/A3.htm)


Frente a su lecho mortuorio Galeano declaraba que en italiano Benedetti significa “bendito”. Y le decía: “Mario, bendito eres”. Benedetti sintió siempre muy cercana la lucha de los pueblos por su liberación y entre ellos El Salvador ocupo un lugar significativo, como lo intentan demostrar los textos seleccionados que presentamos.  Esto se explica por sus virtudes. Tuvo relaciones muy amistosas con Roque Dalton y Roberto Armijo por ejemplo. Lo interesante de todo esto es que Benedetti hablando de Roque, después de que este ya había sido asesinado por el grupo militarista del Ejercito Revolucionario del Pueblo, en un homenaje realizado por escritores latinoamericanos y de otras partes del mundo, decía, en un trabajo que denominó El Humor Poético de Roque Dalton (Recopilación de textos sobre Roque Dalton. Casa de las Américas. 1986):

Un rasgo notorio de esa gracia heredada es que la burla puede ser también un signo de amor. Y así Roque emplea a veces para querer a su castigado país:
Deberían dar premios de resistencia por ser salvadoreño;

… por expatriado yo
tu eres expatria

¿a quién no tienes harto con tu diminutez?

un día te arrastraré hasta mi país,
el cosmos cómico,
el microcosmos anacrónico
donde aún se dan puntapiés bajo la mesa
Caín y Abel

Galeano habla acerca de las miserias humanas en su propio país. Y Benedetti, años atrás, escoge un texto de Dalton en el que se refiere a su manera a las miserias en el nuestro. Por supuesto que no solamente uno de los grandes como Mario Benedetti se ha referido a El Salvador y ha sido tan solidario con su lucha. Pero, hasta ahora es él entre los escritores latinoamericanos de gran estatura quien quizás lo ha hecho de una manera tan sentida y frecuente. Es por eso estamos en deuda con él, le debemos un homenaje. Gracias Mario, bendito seas.

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