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El Salvador, Domingo 12 de Febrero de 2012
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Miércoles, 20 de Mayo de 2009 / 10:21 h

“He aprendido a valorar a las personas”

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Mirleth Díaz afirma que «los sábados son de oro para mí y los espero ansiosa. Siento que el tiempo es corto para estar con mis hijos, en Chalatenango». Foto Diario Co Latino

Mirleth Díaz afirma que «los sábados son de oro para mí y los espero ansiosa. Siento que el tiempo es corto para estar con mis hijos, en Chalatenango». Foto Diario Co Latino



Luis Antonio Chávez
Colaborador Diario Co Latino

Las nueve de la mañana. Día de visita. La Cárcel de Mujeres luce sus mejores galas. Personal administrativo e internas muestran sonrisas a granel, lo cual contrasta con un cielo gris como presagio de una mañana lluviosa.

Unas internas comparten con sus familiares. Veo con cautela a una joven de piel blanca y pelo ondulado. Está sentada en un sofá color celeste que permanece en los pasillos del penal, su nombre: Mirleth Díaz, originaria de Chalatenango.

Acusada de secuestro de una niña, de quien -según ella- no sabía nada y cuyo delito fue planeado por el papá de sus hijas, el esposo de la hermana y la propia madre de la pequeña, hoy purga una pena de seis años, de eso, ya cumplió la mitad.

Llegó a Cárcel de Mujeres embarazada del menor de sus hijos, Abel Stanley, de 3 años, de quien manifiesta le dolió desprenderse, además dos niñas: Jacqueline, de 10, y Vanessa, de 7.

En la cárcel comprendió que debía salir adelante. Se interesó por participar en los programas que la Dirección General de Centros Penales (DGCP) realiza, a fin de que el interno tenga un “nuevo marco de vida”, para cuando esté libre y puedan generar ingresos. Mirleth echa pupusas los jueves y domingo, las que vende con las mismas compañeras.

Ya cumplió con varios programas de la DGCP y dice que el 2008 fue de muchas bendiciones al pasar a la Fase de Confianza, lo que le permite asistir a la Universidad Evangélica a capacitarse en el idioma inglés y recibir cursos de computación. Además, de poder visitar a su familia cada sábado.

“Sólo Dios sabe lo que aquí he sufrido, humillaciones, desprecios; pero no hay mal que por bien no venga, la señora encargada de tiendas institucionales me permite echar pupusas los jueves y domingos, de la ganancia, saco para los pasajes para ir a aprender computación e inglés a la Universidad Evangélica, de los cuales me gradué recientemente”, acota.

No obstante, pasar a Fase de Confianza significó mucho esfuerzo y llenar varios requisitos; ser parte de los programas y mejorar su comportamiento. “Ha valido la pena porque afuera ya no me ven como un bicho raro. En la universidad nos aceptan y nos abrazan; eso es satisfactorio y no lo voy a desaprovechar”, dice.

La interna sostiene que los giros de su vida le dan la sensación de ser un sueño y lo compara con una flor, a la que hubo de regar para que renaciera.

“He aprendido a valorar a las personas, porque esta oportunidad me la dio Dios, la cual cambió mi percepción de la vida. Hoy soy una persona con más valores”, sostiene.

Tras las palabras, Mirleth se desquebraja y los ojos se le ponen rojos como presagio de empezar a llorar; y razón tiene de ese estado de ánimo, ya que la Fase de Confianza le permite ver a sus hijos los días sábados.

“Para mí los sábados son de oro y los espero ansiosa, siento que el tiempo es corto para estar con mis hijos en Chalatenango, paso momentos valiosos con ellos; trato de inculcarles valores que antes no tenía. Por la tarde me duele la despedida”, acota.

Sin embargo, entiende que al menos tiene un día a la semana para compartir con ellos y que “valió la pena el esfuerzo”.

“Cuando voy a la casa, trato de darle a mis hijos calidad de tiempo y no cantidad; ellos ya me esperan. Ellas me cuentan lo que hacen durante la semana y mi hijo se pone a bailar conmigo, disfruto mucho ese día porque el esfuerzo de trabajar aquí en el penal no importa por estar con ellos”, concluye.

La autoestima de esta joven madre está en alza, tras aprovechar las oportunidades de Centros Penales para capacitarse en lo que sea. Su sensibilidad se desborda, tanto así, que mientras la entrevisto, una lágrima roda por su mejilla.

“Para mí es como volver a nacer. Hoy me estoy formando con un marco de vida diferente y, un día no muy lejano, voy a dar testimonio y podré decirle a la gente: yo salí de allí para ser diferente, es algo nuevo, pero con la ayuda de Dios voy a salir adelante-”, concluye.

Nos despedimos de Mirleth con la sensación de que como ella, son muchas las mujeres que esconden historias humanas dignas y encomiables de contar.

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