José Escobar, comercializa hamacas sobre la Avenida España.
Leonor Cárdenas
Redacción Diario Co Latino
“El uno de mayo es cuando más trabajo, pues para mí es un día normal y si no salgo a vender no como”, manifestó José González, un vendedor de dulces, para quien el impedimento físico no es obstáculo para ganarse la vida honradamente.
Para González, la vida no ha sido fácil, ya que desde los 21 años de edad quedó paralítico, a causa de una herida de bala que recibió durante el conflicto armado salvadoreño.
Sentado en una silla de ruedas, González, permanece en la acera de la Plaza Morazán, San Salvador, desde las 5:00 a.m. hasta las 9:00 p.m. con la única esperanza de vender dulces, cigarros y chicles para poder solventar sus necesidades diarias y pagar el cuarto en el que duerme.
González es un lisiado de guerra que presto su servicio al ejército salvadoreño durante el conflicto armado. El ex soldado asegura no tener familia que le ayude económicamente, por lo que todos los días viaja desde el municipio de Cojutepeque a San Salvador en busca de ingresos económicos.
“Soy pensionado, pero la mensualidad que me dan no me alcanza para pagar y comprar todo lo que necesito, pago cuarto, compro comida, ropa y medicinas, pues uno cada vez se vuelve más sensible a las enfermedades”, agregó González, quien además pidió a las personas de buen corazón proporcionarles una silla de ruedas ya que la que tiene se encuentra en mal estado.
Pero no sólo González, se ve obligado a trabajar el uno de mayo, ya que para José Francisco Escobar, la necesidad económica no le permite descansar ni en los días de asueto.
“La verdad es que si uno no trabaja no come, las cosas están caras y con todo eso no se puede dejar pasar un día pues todos los días se come”, comentó Escobar.
Desde hace 15 años, Escobar se dedica a la fabricación y venta de hamacas. “Todos los días viajo de Chalatenango a Catedral a vender las hamacas, ya que allá no se venden porque como ahí se hacen nadie las compra”, comenta.
La falta de empleo en el sector formal, obliga diariamente a miles de salvadoreños a comercializar por las calles diferentes productos, trabajo que no sólo es practicado por adultos, sino también por niños quienes en algunos casos no tienen la oportunidad de estudiar y disfrutar de su infancia.
Tal es el caso de Marvin, de ocho años de edad, quien todos los días le ayuda a su mamá a vender, en una carreta, plátanos, tomates, cebolla, chile y otras cosas de verdura y fruta.
“Me gusta ayudarle a vender a mi mamá, mi hermana también le ayuda cuando sale de la escuela, yo también voy a la escuela Santa Anita”, dijo Marvin, muy contento y emocionado porque estaba vendiendo frente a Catedral Metropolitana.
Los trabajadores del comercio informal, no dejan ni un día para descansar, ya que el pago de los recibos de los servicios básicos y la necesidad de asegurar el alimento diario no esperan. “No nos dejan dormir”, manifestó Amparo Rivas, quien dijo tener más de 20 años de andar empujando el carretón en el que promueve la venta de minutas y mango rallado.
Acompañada de sus dos nietos, doña Amparo, esperaba que los transeúntes desearan comprar, saborear y refrescarse con una minuta ya sea de limón o de sabores.
“¡A dos «coras» las minutas, a dos «coras» el mango rallado!”, gritaba Amparo para llamar la atención de las personas, sin embargo estas pasaban de largo.
Según Amparo, el negocio de las minutas no ha estado tan bueno “ya que con el calor el hielo se derrite y eso es pérdida para uno”, al tiempo que pidió al nuevo presidente electo crear programas que ayuden económicamente y laboralmente a todos los sectores de la sociedad.
Las organizaciones sociales y sindicales pidieron ayer al Presidente Electo, Mauricio Funes, trabajar en su nuevo gobierno para mejorar las condiciones laborales, reajustar en el salario mínimo, reformar la ley del Ministerio de Trabajo, retomar el carácter social del fondo y buscar la reinstalación de los empleados que han sido separados de sus cargos por ser parte de sindicatos.



