El turismo en el Municipio de La Palma no se limita a las montañas. Foto Diario Co Latino
Pedro Valle
Colaborador Diario Co Latino
El italiano Narciso Genovese no se imaginó que en febrero de 1942, cuando fundó el «Hotel La Palma», este sería parte, años después, de un concepto diferente: turismo social.
La Palma es un municipio enquistado en la montañas, está ubicado a unos 87 kilómetros de San Salvador. Su atractivo turístico se ha incrementado en los últimos años, no solo por la artesanía tallada en madera y de múltiples colores, si no por sus hoteles que ofrecen una estadía placentera que se combina perfectamente con aire puro, ríos de agua fría y extensos bosques llenos de pinos.
Los recorridos por la montaña forman parte del paquete turístico, los senderos serpenteados en el bosque permiten caminar e ir al encuentro de la naturaleza que se resiste a morir y donde el ser humano puede apreciarla en toda su magnitud.
Salvador Zepeda es un empresario hotelero de Chalatenango que cuenta con más de 30 años de experiencia en el área, actualmente es el propietario del «Hotel La Palma», el más antiguo de la ciudad.
El empresario considera que la zona norte de Chalatenango ha aumentado su oferta turística, específicamente en la zona alta de La Palma y San Ignacio, donde la demanda se ha diversificado en otros rubros como agroturismo, turismo natural, turismo verde, turismo contemplativo, y el campo de acción ya no se limita al casco urbano.
«Las características del turismo de montaña son diferentes a los de la playa. Está el turista bohemio, que busca baile, música, trago, y está el turista culto, que lee, que busca la naturaleza y la belleza del lugar, que valora este rinconcito mágico de El Salvador», afirma Zepeda.
Cuando el Ministerio de Turismo crea la caseta de información conjuntamente con la Alcaldía y la Unión Europea, y se capacitó a un personal idóneo para dar orientación, “se fomentó el turismo en la zona”, dijo el empresario.
En La Palma se continúa desarrollando un turismo histórico, donde se busca el lugar en que se realizó el primer diálogo por la paz el 15 de octubre de 1984, entre el FMLN y el gobierno de José Napoleón Duarte, asimismo, a mucho visitante le interesa el nuevo museo artesanal en honor al pintor Fernando Llort.
Los expertos en este rubro se refieren a otros aspectos importantes para fomentar el área turística, entre los cuales están la seguridad ciudadana, la limpieza, el ornato, donde todo el pueblo está pintado sus paredes.
“ Todo esto contribuye a que el turismo venga y un dólar que invierta se vuelve agente multiplicador porque se desarrolla la micro y pequeña empresa”, dijo Zepeda.
En la zona norte hay mucho empresario soñador, visionario, que hace el esfuerzo por invertir en un clima hostil, donde la banca no está dando ningún crédito al sector. Sin embargo, el empresario es forjador y pionero, invierte a sabiendas que la situación no es idónea y lo hace de cara al futuro, pensando en que la economía es cíclica, hoy hay recesión y mañana bonanza.
“En ésta nueva etapa, a partir del 1 de junio, hay que retomar lo que deja el gobierno arenero y apostarle al turismo social, significa que no hay que focalizar las grandes convenciones, eventos internacionales que cuesta mucho atraer hacia El Salvador, ante la oferta mundial, sino que habrá que recurrir al turismo nacional de bajos recursos», agregó.
Según Zepeda, turismo social significa abrir El Salvador en la oferta turística hacia los distintos estratos sociales, para ello el Ministerio de Turismo debe cambiar 360 grados y focalizar todos los puntos estratégicos para fortalecer la oferta turística de cara a una demanda nacional con nuestra propia gente, y no pensar en grandes hoteles.
«Pongo un ejemplo, la Isla del Espino en Jucuarán, departamento de Usulután, está completamente abandonada, hay basura, hay delincuencia, todo eso contribuye a que una de las más bellas playas del país, no se pueda ofertar como destino turístico», concluyó el empresario Zepeda.



