Leonardo Ramírez Murcia
CLXXVI
Enfermedad contagiosa de un político,
usufructúa el poder progresivamente,
lo manipula, lo quiere todo
–aunque sea para usarlo contra el pueblo–.
Si no tiene a un Juez incondicional en sus manos
no se siente realizado.
Esta tendencia se vuelve manía,
una dolencia conductual alienada,
comparable al drogo-dependiente.
Para satisfacer esta perversión recurre a métodos
degradantes como la corruptela,
o ataques y marginación a los Jueces independientes,
sin siquiera padecer cargo de conciencia.
La política como práctica histórico-social,
merece tener buena salud.
Si ama la política, cúrese de este mal.



