Londres/dpa
Será una cumbre "decisiva" que "no afectará a una parte del mundo, sino al mundo entero", según el titular de Economía británico, Alistair Darling. Los líderes del G20, un grupo que aúna más del 80 por ciento del PIB mundial, se reúnen el jueves en Londres con el cometido de sacar al Planeta de la mayor crisis económica global desde la Segunda Guerra Mundial.
Tras la reunión que mantuvieron el pasado noviembre en Washington, en la capital británica deben pasar de los acuerdos a la acción concreta que permita superar la situación actual.
El mundo sufre la peor crisis bancaria internacional desde hace mucho tiempo, la confianza en el sistema bancario internacional se ha derrumbado, las grandes entidades han fracasado, países de todo el mundo han entrado en recesión, el comercio desciende, el desempleo que aumenta y los Estados se han visto obligados a intervenir donde los mercados han fallado.
Según las perspectivas económicas del FMI, la tasa de crecimiento económico mundial en 2009 será la más baja desde la segunda Gran Guerra.
En Washington, los ministros de Finanzas del G20 recibieron la tarea de sacar adelante el Plan de Acción acordado y basado en cinco lineamientos generales: más transparencia y responsabilidad en los mercados; mayor regulación de las agencias de rating; mayor cooperación internacional; impulsar la integridad de los mercados financieros para evitar manipulaciones, fraude y conflictos de intereses, así como la reforma de las instituciones internacionales.
De la cita en Londres debe salir la mayor reforma en la historia de la arquitectura financiera global. Un fracaso en medio de la recesión actual sería el equivalente a una declaración política de bancarrota y hundiría, más aún, a las bolsas.
Todos están de acuerdo en el objetivo, pero las recetas para la luchar contra la crisis económica son diversas. En la Unión Europea hay opiniones divergentes, y éstas existen también entre la UE y Estados Unidos. No hay que olvidar tampoco la diversidad de los propios países participantes: China, Turquía, Japón, Brasil, Argentina... Unos piden más impulsos para la economía, otros quieren mayor control y otros piden tener mayor capacidad de decisión en los foros internacionales.
Estados Unidos y la Unión Europea llegan a Londres con divisiones. El presidente Barack Obama ha insistido en que es necesario coordinar nuevos paquetes de estímulo. China y Japón han respaldado su punto de vista. La UE, con el presidente francés, Nicolas Sarkozy, y la canciller alemana, Angela Merkel, a la cabeza, defiende la reforma de las regulaciones de los mercados financieros.
En el reciente Consejo Europeo, los 27 descartaron una nueva ronda de planes de estímulo argumentando que dispararía el déficit y la deuda. Los planes de estímulo que ya han adoptado suponen, sumados al aumento del gasto público para pagar prestaciones por desempleo, el 3,3 por ciento del PIB comunitario: más de 400.000 millones de euros, según la UE, que quiere tiempo para que esas medidas tomadas hasta el momento surtan efecto.
Estados Unidos presionará previsiblemente a favor de una acción mundial coordinada en línea con la ley de estímulo de 800.000 millones de dólares que Obama ha aprobado y con el plan de rescate de los bancos de 700.000 millones de dólares puesto en marcha previamente.
Respecto a los recursos del FMI, las posiciones de ambos tampoco coinciden. Estados Unidos ha abogado por triplicar los fondos actuales, de 250.000 millones de dólares. La UE, por su parte, también quiere ampliarlos, pero hasta 500.000 millones de euros.
El primer ministro británico, Gordon Brown, como anfitrión, ejercerá de mediador y moderador. Y ésta, quizá, sea su última oportunidad de convencer a los británicos de que es un buen gestor de crisis, teniendo en cuenta que las encuestas no le son favorables y que habrá pronto elecciones.
Pero es que también muchos de sus homólogos estarán pendientes de los que se dice de ellos en sus países durante la cumbre de Londres. A Sarkozy lo critican en Francia por su política en esta crisis, Merkel tiene elecciones en septiembre y José Luis Rodríguez Zapatero, que acude como invitado por segunda vez, se encuentra desde hace un tiempo en una posición nada cómoda en España.



