CARLOS RAFAEL URQUILLA BONILLA
Inicialmente quiero unirme de forma muy sincera a la enorme cantidad de felicitaciones expresadas a Mauricio Funes y al FMLN por el triunfo electoral del pasado domingo 15 de marzo. Se trata de un acontecimiento histórico incuestionable que preconiza una consolidación democrática, pero sobretodo, el salto cualitativo que está implicado en la superación del miedo.
Por otra parte el triunfo electoral del FMLN cierra un ciclo, y abre otro nuevo, derivado desde la firma de los Acuerdos de Paz, realizada allá en el Castillo de Chapultepec, en enero de 1992.
Ha existido un triunfo muy grande, quizás más allá de lo que hasta hoy todavía me permite ver la emoción que me embarga. Mi correo electrónico no ha dejado de llenarse con mensaje provenientes de mis amigas y amigos en Costa Rica, que siempre me escucharon hablar con admiración la estoica historia del recto periodista salvadoreño que se había lanzado al escenario de las candidaturas políticas.
Mauricio Funes nos acostumbró al control ciudadano del poder. Tuve la posibilidad de interactuar con él en muchas ocasiones, hace ya algunos años, y eso me certifica las virtudes, la inteligencia, el talante y la prestancia del nuevo Presidente de la República.
Los que ahora cumplimos más años que promesas –como dice el gran cantautor español Ismael Serrano– recordamos perfectamente lo esperanzador que resultaba, en cada mañana, indagar con el aroma del primer café «¿A quién va a tener Mauricio?» Y digo que era esperanzador porque tanto antes como después de la firma de los Acuerdos de Paz su ejercicio periodístico permitía ver al poder público interpelado, algo que la institucionalidad pública no realizaba, por inacción o cooptación, o que sólo intentaba de manera excepcional.
En ese sentido, pues, el desempeño periodístico de Mauricio Funes nos devolvía la esperanza democrática, aunque sea mientras duraba La Entrevista. Durante su candidatura, insistió en realizar un gobierno dentro del marco de la Constitución, lo cual es una manifestación de su congruencia.
Tan pronto como sea juramentado en su calidad de Presidente de la República, pasará al otro lado de la ecuación constitucional. De haber ejercido una libertad constitucional –que no siempre la tuvo garantizada, lamentablemente– pasará a ejercer funciones y atribuciones limitadas constitucionalmente.
Y comenzará a vivir una experiencia constitucional diferente. Yo lo admiré como periodista, y por tanto como controlador del poder; y ahora tengo la seguridad que dentro de 5 años también lo seguiré admirando por su integral observancia constitucional. Pero estoy consciente que no será una labor muy fácil.
Recientemente el partido ARENA, al reconocer el triunfo electoral de Mauricio Funes, anunció que sería una oposición constructiva. Que un partido político sea oposición es algo que no me causa sorpresas ni interrogantes. Pero que al mismo tiempo destaque que será constructivo en el ejercicio de esa oposición hace que se convoquen en mi mente las más conspicuas inquietudes. Precisamente porque el adjetivo constructivo es demostrativo de la cualidad del sustantivo para construir algo, en tal sentido, una oposición constructiva significaría una oposición que construye.
Las interrogantes siguen en mí. ¿Qué construye una oposición? Definitivamente no construye gobierno. Afirmar eso implica una contradictio in terminis que el lenguaje no me permite construir, y que ninguna oposición –que se aprecie de tal– me permitiría sostener.
Para resolver esa interrogante tengo que remontarme un año en el tiempo, y dirigirme al Reino de España. El 9 de marzo de 2008 se realizaron las últimas elecciones generales en dicho país, resultando ganador de las mismas el Partido Socialista Obrero Español –conocido por sus siglas como PSOE– y convirtiéndose en principal partido de oposición el Partido Popular –conocido por sus siglas como PP–.
En el discurso donde reconoció la derrota desde el balcón en la Calle Génova, en Madrid, el Secretario General del PP, Mariano Rajoy insistía en señalar que pese a perder las elecciones habían ganado, porque su partido creció en 5 escaños.
Esa derrota victoriosa fue lo que seguramente le hizo mantenerse al frente del PP. El 22 de junio de 2008 se realizó el XVI Congreso del PP, y en su discurso de cierre, con renovados aires de liderazgo, Rajoy dijo textualmente lo siguiente:
España nos necesita hoy para ejercer una oposición tenaz, vigilante y constructiva, pero nos necesita, sobre todo, como alternativa a este Gobierno, como partido preparado para alcanzar el triunfo en las próximas elecciones y gobernar…
Amigas y amigos. España necesita un Gobierno mucho mejor del que tenemos. Pero eso será en su momento, cuando tras unas elecciones, desplacemos a los socialistas del poder.
Ahora lo que necesita es una oposición que sepa construir, que denuncie los errores y que sea capaz de plantear alternativas.
Vamos a hacerlo, no tengáis ni la más mínima duda. Vamos a hacerlo con responsabilidad y con sensatez. Seremos exigentes y constructivos.
Estamos dispuestos a ayudar al Gobierno a encontrar el rumbo correcto.
Lo digo desde ahora: buscaré acuerdos hasta donde sea posible. El que no se entienda conmigo será porque no quiere entenderse, porque no reconoce los problemas o porque sus pretensiones chocan con los mandatos de la Constitución que estamos obligados a defender.
Todo parece indicar que ARENA tomó prestada la expresión del discurso de Rajoy. Y si se lee con detenimiento, la concepción de Rajoy sobre los alcances de lo constructivo parece que son Ø_a su manera…Ø Al final de su balance él siempre habrá sido constructivo, porque la falta de construcción se deberá al gobierno, ya sea porque éste deliberadamente así lo deseó –…porque no quiere entenderse…– porque es necio o testarudo –…porque no reconoce los problemas– o porque tiene un comportamiento inconstitucional –…o porque sus pretensiones chocan con los mandatos de la Constitución…– En las palabras de Rajoy –que nadie puede sensatamente acusarlo de improvisador o inexperto– el éxito de la oposición constructiva depende del gobierno, no de la oposición.
Y no creo que ARENA haya tomado prestada sólo la frase. Dicho en otros términos, una oposición constructiva es un eufemismo para decir que se tratará de una oposición que buscará construir nuevas credibilidades y confianzas que le permitan ganar las próximas elecciones.
En el escenario político ninguna oposición tiene normalmente vocación de perpetuidad, así que lo único que construye cualquier oposición es una correlación favorable para un triunfo futuro, lo que se logra, entre otras alternativas, mediante la erosión, la mella y el desgaste de la credibilidad del gobierno.
Lo único cortés que hay en todo esto, pues, es una frase.
Quien en la realidad vea más que una simple frase es porque deliberadamente quiere ver más, pero no porque la realidad se lo esté mostrando. Y el partido ARENA al jugar como oposición tiene una ventaja: se dejó, desde la época de la Asamblea Constituyente, unas cuantas cartas guardadas bajo la manga.
El partido ARENA nació como oposición –igual que el FMLN– y con la fuerte movilidad territorial y organizativa que le permitieron los elevados recursos económicos que tenía a su disposición, se colocó inmediatamente como el principal partido de la oposición; con una audaz política de alianzas con el PCN, logró de inmediato la presidencia de la Asamblea Constituyente, pudiendo así diseñar un modelo político que le tallara a la perfección, tanto mientras fuera oposición como para cuando fuera gobierno.
Ese modelo político es un arsenal de contrapesos constitucionales que funciona con la precisión de un reloj suizo mediante un fino régimen de mayorías legislativas que se ha asegurado mediante el sistema electoral.
Mientras ARENA es oposición, su alianza con el PCN le permite activar el arsenal, y cuando gobierna, la misma alianza hace que el arsenal exista pero sólo de manera decorativa. Desde la perspectiva de ARENA, la Constitución garantiza la gobernabilidad; desde la perspectiva del FMLN es una gobernabilidad ma non troppo...
Se trata de un triángulo equilátero como el del escudo nacional: (1) el arsenal de contrapesos constitucionales, que es el freno de manos contra cualquier interés opuesto al de ARENA; (2) el sistema electoral que le permite lograr la mayoría absoluta legislativa mediante una relación simbiótica con un ad-later; y (3) el ad-later, que desde la época de la Asamblea Constituyente hasta el día de hoy es el PCN. La Ley Electoral Transitoria empleada en 1982 ensayó una fórmula que posicionó al partido ARENA, en su vinculación con el PCN, en un lugar muy ventajoso.
Esa fórmula consistía en reconocer no menos de 3 escaños por circunscripción territorial; en realidad hubo 8 circunscripciones con una magnitud de 3 diputados, 3 circunscripciones con magnitud de 4 diputados, una circunscripción con magnitud de 5 diputados, una circunscripción con magnitud de 6 diputados, y una circunscripción con magnitud de 13 diputados. La Asamblea Constituyente se integró por 60 Diputados que quedaron distribuidos así:
| Partidos políticos | Escaños |
| AD | 2 |
| ARENA | 19 |
| PDC | 24 |
| PCN | 14 |
| POP | 0 |
| PPS | 1 |
| TOTAL | 60 |
Los que en aquel momento se opusieron al proceso de reforma agraria en la modalidad y forma impulsada inicialmente mediante la Ley Básica de la Reforma Agraria, por ocasión de su defensa de los intereses oligárquicos que protegían –ARENA y el PCN–, fueron dos caballos ganadores al competir en cada circunscripción electoral.
Habiendo tres grandes partidos en aquel momento (ARENA, PDC y PCN), y adoptando un modelo de representación proporcional con una magnitud no menor a 3 escaños por circunscripción territorial (que fueron los 14 Departamentos), y basándose en una forma de distribución de cociente mayor, los tres partidos políticos principales tenían la posibilidad de lograr con facilidad, al menos 1 escaño por circunscripción.
Efectivamente, de 60 escaños, la alianza ARENA-PCN logró 33, lo suficiente para incidir definitivamente en el texto constitucional. La misma lógica ha sido aplicada a las subsiguientes elecciones legislativas, de manera que la dupla ARENA-PCN puede formar, al menos, una mayoría absoluta.
Y en las elecciones pasadas del 18 de enero de 2009, por medio del actual artículo 13 del Código Electoral –y la excusa devaluada sobre la falta de publicación del VI Censo Nacional de Población y Vivienda– se volvió a reproducir la misma situación que viene desde 1982, y es increíble que hasta la fecha no se haya modificado.
Para peores, la Sala de lo Constitucional en la reciente sentencia de inconstitucionalidad asociada al número 9-2006, declaró que no había inconstitucionalidad en dicho artículo 13 del Código Electoral.
Los resultados electorales actuales le permiten a ARENA, ahora que es oposición, sacarse las cartas que guarda bajo la manga, y que el PCN le ayuda a esconder o sacar desde la manga, según convenga para los intereses que resguardan por medio de su relación simbiótica. El último resultado legislativo, como es sabido, ofrece la siguiente distribución de escaños:
| Partidos Políticos | Escaños |
| ARENA | 32 |
| CD | 1 |
| FMLN | 35 |
| PDC | 5 |
| PCN | 11 |
| TOTAL | 84 |



