Dagoberto Gutiérrez
Por segunda vez en la historia del país se alcanza la alternancia política, esta figura jurídica y política está pensada para evitar que el mismo Presidente se reelija una y otra vez de manera sucesiva; pero se puede extender su comprensión al equipo que asume la administración de aparato de estado y darle a este un contenido ideológico diferente al anterior equipo, así las cosas, la alternancia deja de ser un simple cambio de equipo para llegar a ser un previsible cambio de rumbo en la administración de una nueva política.
La alternancia es un elemental requisito de toda democracia burguesa y no constituye, por eso mismo, ninguna novedad porque más bien puede ser un cambio de equipo sin cambio de vida, un cambio de administrador sin cambio de política, un cambio de gobierno sin cambio de rumbo; en definitiva puede ser un cambio sin cambio o un cambio para no cambiar.
La figura del cambio suele producir turbulencias y ciertos problemas en su percepción, porque en una primera mirada todos los seres humanos desearíamos cambiar ciertas cosas de nuestras vidas, para mejorar algunas o eliminar otras y por eso, por diferentes razones , la gente apoya el cambio por los mas diferentes motivos, sin embargo, a la hora de definir este, se descubre el cambio predominante y el que determinará qué es lo que se cambia, quienes hacen el cambio, cómo se hace este cambio y cuando.
Puede ocurrir que en éste momento el cambio soñado afecte negativamente a los que lo apoyaron y positivamente a los que no lo apoyaron, todo depende de quienes sean los que en definitiva controlan el aparato de las decisiones reales.
Es una situación parecida a la del progreso, que en determinadas circunstancias favorece a unos sectores y daña a otros, y la pregunta clave es a quienes favorece o, dicho de otro modo, quienes son los que progresan con ese progreso.
Una vez alcanzada la alternancia, para el pueblo se trata de convertirla en alternativa y aquí, las aguas, antes enturbiadas, pueden empezar a aclarase, porque si es alternativa para el pueblo, se requiere un cambio de rumbo, de la política, de la economía y del ejercicio del poder, en definitiva, la alternativa exige la construcción de un nuevo poder, de aquel que esté al servicio de los más pobres y no de los más poderosos; sin embargo esta alternativa no nace automáticamente de la alternancia y supone, al igual que la lucha para conquistar la alternancia, de una lucha política mas compleja y multicolora y más prolongada que la invertida en el periodo electoral.
Éste es el periodo histórico abierto en el país después del 15 de marzo, y tiene un contexto, también histórico, en donde encontramos elementos sobresalientes como la división interoligárquica. Este dato de la realidad, que no es visible a flor de piel, se fundamenta en que este sector ha perdido su referente político, ideológico y económico, por la crisis imperial estadounidense; también ha sufrido pérdidas financieras irreparables por el hundimiento del capital financiero en el planeta y, al mismo tiempo, expresa el surgimiento de sectores burgueses frente a sectores oligárquicos tradicionales, algunos de estos últimos forman parte de poderes económicos locales globalizados y globalizantes.
El segundo elemento de contexto es el período de excepción histórica que atraviesa el planeta, en este se debilita el control hegemónico tradicional del centro imperial y permite, por eso y temporalmente, un juego mas ágil de fuerzas políticas económicas locales e internacionales, se trata de que el hegemón no puede controlar como lo ha venido haciendo.
El modelo neoliberal se ha quebrado al perder los sustentos estructurales que lo han sostenido y tanto gobierno de derechas como de izquierdas, deben tomar en cuenta, que semejante clase de economía no puede seguir siendo, objetiva y fríamente vista, la línea económica en ninguna parte.
Localmente todos estos factores construyen una situación en donde los de arriba no pueden seguir mandando como antes y los de abajo no quieren seguir viviendo como lo han hecho anteriormente, esta verdad es lo que explica que el mensaje ideológica de la oligarquía haya sido derrotado en las urnas y nos encontremos en un momento histórico inédito, pero tradicional en la lucha por el poder.



