Max Orellana
Yo les pido a ustedes que comprendan que soy tan solo un hombre, con todas las flaquezas y debilidades que tiene un hombre; y si pude soportar las derrotas de ayer -porque cumplía un tarea- hoy sin soberbia y sin espíritu de venganza acepto este triunfo, que nada tiene de personal (…) y que se lo debo a las fuerzas sociales que han estado junto a nosotros… Estas eran las palabras de Salvador Allende desde la tribuna de la Federación de Estudiantes de Chile. Así saludaba al pueblo después de la victoria en septiembre de 1970. Reconociendo sus limitantes y, por tanto, poniendo en manos del pueblo su triunfo.
Y aquellos que escuchaban, obreros, estudiantes, campesinos, maestros, mujeres,… tomaron aquel triunfo y lo hicieron suyo, porque suyo era. El triunfo del 15 de marzo no es de un hombre o de un partido, es nuestro, es del pueblo, de todo el pueblo, sin importar si se arropa con banderas rojo profundo, azul, verde o tricolor, somos un pueblo haciendo historia y no cabe duda de ello.
Esto quiere decir que el cambio de la patria no es obligación solo del presidente, es nuestra también, porque la tarea no es fácil. Es hora de entender que esta historia no va caminar tan rápido como quisiéramos, pero debe caminar, que los cambios no vendrán fáciles, pero deben venir. Hay que hacer que la historia se encamine, sobre todo, en la dirección que alivie a los menos favorecidos.
Para semejante tarea hará falta el concurso de muchas cabezas, corazones y manos dispuestas. Harán falta periodista diligentes, éticos, incisivos pero equitativos. El humanismo de los maestros y las maestras, con vocación, no sólo de oficio, que iluminen las conciencias de la juventud. El brazo del obrero y la obrera, que en condiciones laborales justas, vuelque su voluntad sobre la idea de que un país mejor es posible. La mano del campesino que surque la tierra con la esperanza de ver el fruto de su esfuerzo traducido, no solo en su bienestar y el de su familia, sino también en comida al alcance del pueblo.
Hoy es cuando debemos hacer que suene el tableteo de la voz popular. Con la demanda sí, pero también con la presencia oportuna que legitime cualquier esfuerzo del gobierno en pro de las mayorías. Con la crítica sí, pero con la propuesta organizada que ilumine el camino de quienes estarán al frente de las dependencias del estado, para favorecer, primordialmente y sin demora, a los que más lo necesitan.
En esta hora de optimismo, muchos hemos recordado a los que se fueron quedando en el camino a lo largo de estas décadas. Esas voces que se quedaron en las orillas de todo, hoy vienen a la memoria, con razón, a reclamar su pedacito de gloria. Es en su nombre que debemos tomar en hombros el pedacito de país que debemos cargar para llevarlo a mejores épocas. Es en su nombre que quienes están por dirigir los destinos de nuestro país deben trazar horizontes sin olvidarles, sin dejar de lado todo cuanto hicieron, hasta llegar al máximo sacrificio que puede dar un patriota: su vida.
Con seguridad, señor presidente, vendrán tocarle la puerta quienes se han servido de la patria y servido muy poco a ella y a su pueblo, ¿debe negarles la entrada? No. Pues son salvadoreños, pero es importante que las reglas para ellos sean muy claras. Recuerde que todo cuanto usted haga debe responder, primordialmente, a las esperanzas populares. Ellos, señor presidente, es decir, la gente, deben ser su socio más importante. Nos alegra que el norte sea el Sur, que Brasil sea su paradigma, sin embargo, hay otros pueblos que pueden enseñarnos mucho sobre dignidad ciudadana, identidad social y espíritu reformista. Bien valdría la pena, señor presidente, que también estuvieran en su mirada al Sur.
Finalmente, hermanos y hermanas, pueblo, la campaña pasó, con toda su podredumbre y virulencia, ya se fue, es hora de entender que, más allá de izquierdas o de derechas, somos cuscatlecos nada más. También no debemos olvidar que presidente electo es solo un hombre, con fallos y aciertos, solo un hombre. Su liderazgo será fuerte solo si tiene en el pueblo su mayor fortaleza. Señor Presidente nosotros no vamos a olvidar que es solo un hombre, pero usted no debe olvidar a quienes se debe. El futuro vendrá lento, pero vendrá, con todos y todas de la mano le haremos venir más pronto.



