A 29 años de su muerte, Monseñor Óscar Arnulfo Romero sigue siendo un hombre que trascendió y demostró amor por su prójimo. Foto Diario Co Latino/Rosa Campos
Beatriz Castillo
Redacción Diario Co Latino
A Erlina Margarita Ávalos, quien llegó acompañada de un grupo de amigas, le sorprendió la tranquilidad del lugar.
“Esta es la primera vez que vengo hasta acá. Aprovechamos de entrar porque vinimos a una actividad de la mujer en la plaza”, explicó.
Ávalos, de 14 años edad, conoce la historia del Mártir de Centroamérica como le han denominado algunos de sus fieles seguidores. “En la comunidad donde vivo nos hablan de él y como lo mataron”, dice la joven, que se convirtió en una fiel más al visitar la cripta donde se encuentra la tumba del Arzobispo mártir.
El mausoleo donde descansan los restos del arzobispo de San Salvador recibe la visita de un promedio diario de cien personas, salvadoreñas y extranjeras.
El padre Guillermo Pérez, de Sonsonate, quien ofició la misa ayer en la Cripta refirió que Romero “sigue siendo un hombre que trascendió y demostró amor por su prójimo”.
Óscar Arnulfo Romero fue asesinado la mañana de un lunes, 24 de marzo de 1980, mientas oficiaba una misa en la capilla del Hospital La Divina Providencia.
Después de dos décadas, el recuerdo de ese trágico hecho sigue vivo en la comunidad católica del país, que recuerda cada mes de marzo aquel fatal día.
“Creo que estar reunidos acá en el entorno de los restos de Monseñor Romero es un milagro. Es una alegría y un privilegio”, afirma Pérez.
El padre de Sonsonate instó a los fieles creyentes del país a luchar por aquellos ideales que sostenía el mártir.
“El espíritu de Monseñor Romero nos trae hasta este lugar para unirnos en la fe misma. Recuerden su sacrificio, porque derramó con su sangre, aquel lunes 24 de marzo, cuando fue asesinado”, recordó en su homilía el sacerdote oficiante, y concluyó que “los salvadoreños deben de hacer esfuerzos para alcanzar la paz, el amor y la esperanza”.



