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El Salvador, Domingo 12 de Febrero de 2012
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Lunes, 23 de Febrero de 2009 / 09:14 h

Los y las votantes y la campaña electoral

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Dagoberto Gutiérrez

La sociedad  y sobretodo la comunidad, soporta con estoicismo una campaña electoral que dura más de un año, y durante esos largos meses un bombardeo incesante a conminado, presionado y conmovido a los seres humanos para que emitan votos. En realidad cuando el ser humano vota esta decidiendo dejar de decidir para que otro decida en su nombre sin que él pueda, sin embargo, controlar, fiscalizar o tan siquiera pedir información a su representante, tal es la característica suprema de lo que se llama democracia representativa.

Esta avalancha no es realizada por los partidos políticos de manera preponderante aunque supuestamente son estos los partidos, los sujetos de toda campaña electoral y son los que persiguen a los objetos, es decir a los votantes con tanta persistencia que llegan a sacarle el voto de los pliegues más oscuros de la voluntad de la persona.

En realidad las campañas electorales son una especie de correntadas invernales en donde en medio de las turbulentas aguas se arremolinan, la radio, la televisión, las revistas, los diarios, y también los partidos, en verdad la voz cantante no la llevan estos sino el mercado, es decir las grandes empresas y comerciantes que sostienen a los diarios con su publicidad y que hacen negocio con la publicidad de los partidos políticos que son, a su vez, financiados por el Estado, es decir por toda la sociedad.

Tratándose de una campaña prolongada ha de ser, además, sostenida, aunque no sea sustentable, esto quiere decir que supone costos elevados y contribuyentes engrosando listas cada vez más grandes y largas y, desde luego, comprende el uso de medios de convencimiento y persuasión para los colaboradores cada vez menos convencionales y voluntarios.

Esta es una verdad verdadera sobre todo en la cancha de las derechas tomando en cuenta que es aquí donde las campañas se convierten en actividades empresariales que, al hacerse en nombre de la libertad la libertad de mercado y de la justicia la justicia empresarial y del desarrollo el de los negocios de los mas fuertes, debe ser financiado por todos los supuestos beneficiarios de esa política, ya sean grandes, medianos o pequeños; Pero siempre serán los grandes y los más grandes los que pedirán las contribuciones a los más pequeños.

Así las cosas, la campaña a llegado a un territorio en donde los mensajes de los partidos políticos, por lo demás superficiales, ligeros y sin importancia real, carecen de destinatarios porque nadie parece tener oídos suficientes para escuchar nada que venga de los partidos, porque, es tal la saturación de colores, calores, canciones, banderas, palabras, rostros y rastros que nadie se siente aludido por o que se dice, se mira y se escucha.

En este momento aparece lo que se llama mercado total, en el cual el mensaje de los partidos se funde con el torrente de mercancías con el que son atacadas, segundo a segundo, las subjetividades humanas vulnerables. Los partidos aparecen como vendedores al igual que cualquier comerciante y sus propuestas se convierten en ofertas para compradores de promesas sin compromisos. Este es el momento de la campaña electoral prolongada.

El alza de los costos financieros sacrifica aún más el ya magro contenido político de la campaña porque si algo la caracteriza es la ausencia, en todos sus escondrijos, de una discusión real de los problemas reales de los seres humanos reales y así las cosas, la gran ausente de la campaña es la gran presente de la vida real que se llama crisis total, esta crisis siendo económica ambiental social, política y, además, de hegemonía del imperio estadounidense no es, sin embargo, ventilada en una campaña electoral referida a cambiar presidente de un país, como si este cambio no supone cambio de política o como si no tuviera nada que ver con esa materia vital, encendida y cotidiana que se llama política.

A estas alturas la decisión electoral esta en manos, como nunca antes, de los seres humanos que se apropian de su subjetividad y aprenden a trabajarla y usarla con independencia. Resulta que es en este terreno, la subjetividad, donde se cultiva la criatura que se llama Actitud, esta es la fuerza no visible pero determinante, en primera y ultima instancia, de la conducta de una persona, ciertamente la conducta es externa porque es lo que la persona hace, dice o no hace y aunque, como suele ocurrir, la misma persona no puede explicarse suficientemente su conducta, esta será siempre determinada por la actitud, que es el motor real del comportamiento.

En la lucha de clases que es la almendra de toda campaña electoral, la verdadera confrontación se desarrolla aquí en este terreno subjetivo en donde las personas pueden confundir sus propios intereses con los de sus enemigos y pueden, en definitiva, votar en contra de ellos mismos, en contra de su salud, su trabajo, sus hijos, su presente y su futuro, creyendo que están asegurando todo esto, pero votando a favor de las fuerzas que le niegan todos estos bienes.

De esto se trata la lucha de clases, y por esto, los partidos políticos, sobretodo los que son instrumento del estado, no cruzan este territorio y  presentan siempre una realidad virtual a seres humanos que viven una realidad suficientemente real. Como nunca antes los seres humanos tienen la oportunidad en estas semanas últimas de la tormenta, de aprender a mirar con su cerebro y no con sus ojos, de adquirir sabiduría, es decir de aprender a saborear la realidad de tal manera de ubicar con justeza quien es quien y, finalmente, decidir votar pero al mismo tiempo elegir.

La lucha verdadera no es entre los partidos políticos porque estos no son parte de la verdadera lucha pero pueden ser instrumentos útiles o inútiles, todo depende de la relación intensa que las personas desarrollen con la comunidad de tal manera que puedan ver la sociedad desde su comunidad, es decir desde sus condiciones reales de vida, desde la mayor comunicación y coordinación social y desde la mayor defensa de la vida como bien amenazado por el mercado y su instrumento: el Estado.

Los resultados del 15 de marzo son inmunes a las encuestas porque se ha aprendido a no decir por quién vas a votar, ojalá que estos resultados, no descifrables en estos momentos, pasen y se arremolinen en torno a la realidad más real y que los votos expresen las necesidades de los últimos y mínimos porque en los hombros y estómagos de estos ha descansado siempre la riqueza de la minoría, pero hoy esta minoría necesita de la mayoría para ganar las elecciones aunque la mayoría necesita de la minoría para derrotarla políticamente, doblegarla electoralmente, sacarla del gobierno y quitarle, finalmente, el control del Estado.

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