POETA: El amor es el sentimiento más puro y sublime de todos. Es fuego divino, germen de toda poesía.
LOCUTORA: ¡El amor!... ¿De dónde viene, quién lo infundió en nuestros corazones?
LOCUTOR: Una moderna teoría antropológica nos da una pista muy sugerente.
LOCUTORA: Hay un hecho curioso en la naturaleza: la mujer es el único mamífero que no tiene “celo”, es decir, no da señales externas de su fertilidad.
LOCUTOR: En los días de la ovulación, la mujer no indica de ninguna manera que puede ser fecundada.
LOCUTORA: Quien tenga una gata o una perrita sabe lo que ocurre durante la época del celo. La región genital emana un “aroma” que excita a los machos de las cercanías.
LOCUTOR: En las manadas de mamíferos, estos olores provocan violentas luchas entre los machos.
LOCUTORA: El macho dominante expulsa a los competidores y fecunda a las hembras que están en celo.
LOCUTOR: Así hacen también los gorilas y otros monos, parientes nuestros.
LOCUTOR: De esta forma, la naturaleza asegura que los más fuertes y adaptados, sean los que hereden el mejor patrimonio genético.
MUJER: Pero, profesor, explíqueme… Si así es la cosa, ¿por qué las mujeres no tenemos eso que usted llama “celo”?
CIENTÍFICO: Escucha. Vamos a hacer un ejercicio de imaginación. Retrocedamos a nuestros antepasados, hace unos 4 millones de años. Las hembras de aquellos primeros homínidos sí tenían celo, ellas anunciaban el momento adecuado para ser fecundadas.
MUJER: Como hacen todos los mamíferos…
CIENTÍFICO: Sí. Pero ahora, imaginemos que en este grupo de homínidos nace una hembra con una mutación, un cambio genético: el de no tener celo. ¿Qué sucedería?
MUJER: Pues… pues no sé.
CIENTÍFICO: Sucedería que al macho dominante no le interesaría juntarse, aparearse con esa hembra extraña que no anuncia su fertilidad.
MUJER: Pero, profesor, a lo mejor a algún otro macho…
CIENTÍFICO: Exacto. Otro macho de menor categoría, al no encontrar oposición por parte del jefe, se habrá unido a la hembra despreciada.
MUJER: ¿Y entonces?
CIENTÍFICO: Aquella hembra no tenía celo, pero era fértil. Por ley de herencia, sus hijas habrán nacido con el mismo, cambio, la misma mutación que ella: no tener celo. Y precisamente por no tener celo, estas hembras habrán podido distanciarse del macho dominante, liberarse, y establecer relaciones con los otros machos del grupo.
MUJER: ¿Y así se fueron formando las primeras familias?
CIENTÍFICO: Así mismito. Así nacieron las primeras parejas estables.
LOCUTORA: Muy probablemente, éste fue el origen del amor. Porque rota ya la dictadura del celo como señal de apareamiento, los machos podían fijarse en otros atributos de la compañera.
LOCUTOR: Y las hembras, superado el deber de fecundación con el macho dominante, podían escoger al compañero que más les gustara.
LOCUTORA: Después, con el correr del tiempo, a lo largo de la evolución, comenzaron las miradas y las caricias.
POETA: El amor es el sentimiento más puro y sublime de todos. Es fuego divino…
LOCUTORA: … Después vino el romance puro, la poesía sublime, y hasta la pasión de Romeo y Julieta.
LOCUTOR: Pero en los inicios, fue algo tan simple como la ausencia de olores durante la ovulación la que promovió un aroma mejor, eso que hoy llamamos amor.
Owen Lovejoy, Evolution of human walking, Scientific American, 1988.



