Archivo     |   Búsqueda

DiarioCoLatino.com
El Salvador, Viernes 25 de Mayo de 2012
Última actualización : 25/07:35 h.

Martes, 27 de Enero de 2009 / 10:35 h

La parábola del Chagas

  Versión para Imprimir

José M. Tojeira

Este lunes pasado La Prensa Gráfica publicaba un excelente reportaje sobre el mal de Chagas. Una enfermedad poco conocida en El Salvador pero que posiblemente afecta al dos por ciento de la población. Un dos por ciento que se ubica entre el sector más pobre de nuestro país. En la ciudad casi nadie sabe lo que es el mal de Chagas a pesar de que esta enfermedad fue descubierta prácticamente de un modo simultáneo por un médico brasileño, que le dio su apellido como nombre a la enfermedad, y un médico salvadoreño. Es una enfermedad de pobres y mayoritariamente de pobres rurales. Enfermedad silenciada de empobrecidos sin voz.

Sin embargo, y a pesar del silencio que normalmente se da sobre esta enfermedad, el mal de Chagas es más frecuente en El Salvador que el SIDA o que la hepatitis. El dolor de los pobres pasa casi siempre en el silencio y en la invisibilidad, porque si lo contempláramos todos los días tendríamos necesariamente que cambiar nuestros modos de consumo, de diversión e incluso nuestros niveles de vida. Parábola del egoísmo, de la indiferencia y de la despreocupación. Parábola también de nuestros miedos a enfrentar el dolor ajeno y de nuestra cultura insolidaria.

El mal de Chagas tiene casi cien años de haber sido descubierto, y solamente hay dos medicamentos para combatirlo. Dos medicamentos con terribles efectos secundarios. Como los enfermos son pobres el producir medicamentos no es negocio. Desde que salió la Viagra, hace todavía muy poco tiempo, varios laboratorios han inventado nuevos medicamentos para el mismo problema masculino.

La enfermedad de los pobres no da dinero. Pero con los problemas que el estrés, la propaganda y los complejos que la vida moderna aportan a la sexualidad masculina sí se puede hacer dinero en abundancia. Y por supuesto el dinero, al menos para las grandes casas farmacéuticas, es más importante que la salud de los excluidos de este mundo.

Hay más casos de Chagas que de dengue. Pero el dengue nos puede dar a todos a través de un mosquito que no tiene fronteras. El Chagas en cambio sólo se contagia a través de una chinche que vive entre el barro, la madera podrida y el bahareque de las viviendas de los pobres.

En la lucha contra el SIDA, y nos parece bien que así sea, se ha invertido a lo largo del año 2008 cerca de 50 millones de dólares. Contra el mal de Chagas se han invertido solamente 172.000 dólares. De nuevo el SIDA se puede contagiar a todos los estratos de la población. El Chagas sólo a los pobres.

Y aunque haya más incidencia de Chagas de que SIDA, la medicina social no se fija tanto en los números cuanto en lo que puede convertirse en crítica ciudadana. Y los más pobres de los pobres ni siquiera critican.

Este comentario lo hemos titulado la parábola del Chagas. Y es que nuestros enfermos chagásicos en El Salvador, lo mismo que los de Honduras y de otros países, se han convertido en una enorme parábola de cómo funciona nuestra sociedad. El éxito, lo que produce beneficios, lo que puede salir en los periódicos con más frecuencia es lo que cuenta.

Los más débiles están excluidos incluso del conocimiento de sus problemas. A pesar de ser el mal de Chagas una enfermedad endémica de nuestra tierra, descubierta en El Salvador prácticamente al mismo tiempo que en Brasil, con mayor incidencia que el SIDA o el dengue, ninguno de nuestros candidatos a presidente la ha mencionado. Todos dicen por supuesto que van a resolver los problemas de los pobres. Pero los problemas de los más pobres no los conocen. Y si nos apuran un poco creo que podríamos decir que ni siquiera les importan.

Toda una parábola de una sociedad hipócrita en la que es más urgente recuperar valores que poner la esperanza en los colores partidarios. Y en la que es también indispensable recuperar verdades. No es justo, no es moral, no es cristiano, que una familia de cinco miembros tenga en el amplio patio de su casa, construida en una residencial exclusiva, una flota de vehículos de lujo que sumen en su conjunto el valor de lo que se está invirtiendo en la lucha contra el Chagas. No se puede catalogar como humano el hecho de que mientras un dos por ciento esté infectado de una enfermedad muy poco atendida, incluso erradicable, el impuesto máximo sobre la renta sea sólo de un 25 por ciento.

Indigna oír a candidatos diciendo que no van a subir impuestos, cuando en El Salvador se siguen dando lujos que desde el cristianismo no pueden ser catalogados sino como pecado.

Antiguamente se decía que cuando los terratenientes se oponían a la reforma agraria había un problema de sordera. El mugido de las vacas no les dejaba escuchar el clamor de los campesinos pobres. Hoy la sordera se ha extendido por todos los estratos con influencia y poder, incluidos los partidos de izquierda.

Por eso es importante que la sociedad civil, los medios de comunicación, las iglesias abran los ojos y levanten la voz ante enfermedades, sufrimientos y dolores, como los que afortunadamente La Prensa Gráfica nos ha recordado en torno al mal de Chagas. Esa enfermedad que al mismo tiempo parábola de nuestra insensibilidad y de la invisibilidad a la que hemos condenado el dolor de los más pobres, débiles y sencillos.

  Versión para Imprimir


Opiniones

27/10:35 | Una respuesta obligada  Lic. Arnulfo Hernández Lemus

27/10:33 | Opinando sin política (518)  Eduardo Badía Serra

27/10:30 | Barack Obama un cambio que comienza a realizarse  Dr. Nelson García Córdova



publicidad