Segunda parte
Antes de partir, hombres y mujeres migrantes descansan bajos los vagones del tren.
Iván Escobar
Arriaga/México
Texto y Fotos
Los trescientos kilómetros que recorren los migrantes desde Tapachula hasta Arriaga, en el Estado de Chiapas, en México, muchas veces se convierten en la peor de las pesadillas.
Miles de personas cada año sufren agresiones tanto de parte de las autoridades mexicanas como de la delincuencia común que opera en esta zona.
El informe: “La crisis de derechos humanos en la frontera sur de México”, presentado el año pasado en ese país por varias organizaciones, advierte que sólo en el 2008 fueron “recibidas 448 quejas de migrantes a través del Programa de Atención a Migrantes de la Comisión Nacional de Derechos Humanos de México. Las autoridades más mencionadas en dichas quejas como presuntas responsables de hechos violatorios son el Instituto Nacional de Migración, con 311 denuncias; autoridades municipales, con 86; la secretaria de relaciones exteriores, con 58.
Los migrantes, y en particular los centroamericanos, son vulnerables en la frontera sur de acuerdo a este tipo de informes y según versiones de los mismos, quienes aseguran que además de ser discriminados la delincuencia se ensaña contra ellos.
Robos, agresiones y hasta asesinatos en La Arrocera
Pero llegar hasta Arriaga no es fácil, muchos migrantes se juegan la vida para poder estar listos a la hora que el tren de carga emprenda su marcha, en la estación de esta ciudad.
Muchos son asediados por la delincuencia de la zona, específicamente en la zona conocida como La Arrocera, es uno de los puntos más temidos por todo migrante.
Pese a la cercanía de a estación migratoria Hiuxtla, sobre la carretera principal, al internarse entre la vegetación, los migrantes centroamericanos son víctimas de asaltos por parte de bandas organizadas del lugar.
Con armas de grueso calibre, encapuchados y tonos amenazantes, las bandas roban dinero, artículos personales y vestimenta que portan todo migrante en tránsito, que muchas veces atraviesan la zona en horas de la noche, para lograr llegar a Arriaga.
El informe de derechos humanos destaca que “según las denuncias de los migrantes, los “focos rojos” donde ocurren los delitos en el camino, el más denunciado es La Arrocera, que se encuentra en el camino que se aleja para pasar atrás de la caseta migratoria”. En el mismo informe se cuestiona la pasividad de las autoridades frente a los delitos que ahí se cometen.
Estadísticas revelan que entre enero y junio de 2007, el 28% de las denuncias indicaron que La Arrocera, es el más denunciado.
El sacerdote Heyman Vázquez Medina, párroco de la comunidad de Arriaga y director de la Casa del Migrante de Arriaga, precisó que sólo en el 2008, en este lugar, fueron atendidos cerca de 8 mil personas. El padre Vázquez y muchos migrantes confirmaron a Diario Co Latino, que las violaciones a los derechos humanos son frecuentes en la zona sur mexicana, convirtiéndose éste en uno de los lugares de mayor riesgos.
Las distintas versiones revelan que los migrantes no sólo enfrentan el mayor riesgo en la frontera norte de México y Estados Unidos, sino desde la frontera sur, que son las mayores zonas de violaciones a derechos de migrantes en ruta.
Esperando el tren en Arriaga
El día se ha pasado por completo, la tarde cae y los últimos rayos del sol se dejan ver. El viento sopla en medio de los arbustos que rodean algunos de los vagones del tren estacionados, en las afueras de la ciudad, en la estación de Arriaga.
En el lugar se han concentrado un buen número de migrantes, que esperan la salida del tren, que ha estado interrumpida desde hace una semana, y la cual esperan se dé pronto. El silbato suena a lo lejos, una luz alerta la salida del tren. Los hombres comienzan a moverse de lado a lado, y se despiden sin perder la alegría o sonrisa en sus rostros.
Otros como Óscar, un hombre originario de Ahuachapán, me dice: “esta es la primera vez que ando en esto. Pero la verdad no sé qué hacer en mi país, ahora lo que quiero es llegar al otro lado”, advierte, mientras su mirada por ratos se pierden sobre la línea del tren que al final deja ver la imponente locomotora anaranjada de la compañía Chiapas-Mayab.
La noche cae y la oscuridad, aseguran muchos, puede convertirse en el peor enemigo de aquellos que buscan el “sueño americano”. Y es que subir a los trenes mexicanos, de la forma en que lo hacen los migrantes, es una verdadera aventura y riesgo, muchos de ellos han quedado mutilados en el intento, por lograr subir “a la bestia de hierro”, como se le conoce.
A medida avance el tren, los sueños y esperanza de los migrantes también, pues de este paso depende su avance a la frontera con los Estados Unidos, y así poder cumplir con la meta trazada.
“Temor no tengo, ya pasé lo más difícil, recibir golpes. A mis padres les digo que me ayuden a orar, y así poder cumplir con este sueño”, asegura Juan José Córdova, un salvadoreño de 31 años.
La hora de decir adiós se acerca, el imponente tren inicia su recorrido con rumbo a Oaxaca, lugar en el cual los migrantes deberán transbordar otros trenes que les permita avanzar hasta el Distrito Federal “y de ahí, cada quien toma un rumbo distinto”.
El tren se ha ido, muchos lograron subirse en esta oportunidad. Muchos de los que aconsejó Julieta Lara López, ahora van con rumbo al norte, al igual que la noche sin saber cual será el amanecer que les espera. “Por lo menos son cuatro horas de viaje”, indica Wilson, en alusión a un viaje de incertidumbre, riesgos y sobre todo de mucha soledad. Un viaje en el cual, las amistades se dejan de lado, y, como la lucha de la selva, solo sobrevivirá el más fuerte.
Los migrantes luchan a diario por lograr cumplir sus sueños, los gobiernos en Centroamérica en los últimos años se han convertido en estados expulsores, y en El Salvador el migrante es invisibilizado durante todo su trayecto, pero al cruzar la frontera y aportar a la economía nacional, a través de las remesas se convierten en “los hermanos lejanos”, “los héroes”, en fin las personas dignas de admirar, pero poco se habla de los riesgos que atraviesan desde el momento que abandonan su país.



