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El Salvador, Domingo 12 de Febrero de 2012
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Martes, 06 de Enero de 2009 / 12:44 h

Deseo para el 2009: “Que no me vayan a atropellar”

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David Rodríguez, de 12 años de edad, quien se gana la vida vendiendo dulces espera que los automovilistas manejen con cuidado. Foto Diario Co Latino/Beatriz Menjívar

David Rodríguez, de 12 años de edad, quien se gana la vida vendiendo dulces espera que los automovilistas manejen con cuidado. Foto Diario Co Latino/Beatriz Menjívar



Sonia Escobar
Redacción Diario Co Latino

Muchos juguetes, los mejores zapatos para apantallar a los compañeros del colegio, los cuadernos de moda, consolas de juegos electrónicos, entre otros, son los deseos que muchos niños salvadoreños, cuyos padres tienen comodidades económicas, piden para el año nuevo.

Sin embargo, cuando los recursos económicos de un hogar no son los suficientes, y las carencias están a la orden del día y la infancia de un niño se desarrolla entre carros y buses para ganarse la vida, los deseos de año nuevo se reducen a uno que va más allá de lo material: “que no me vayan a atropellar”.

El deseo de no ser atropellado no ha sido sacado de algún cuento de algún niño pobre; es de una historia real y tiene un protagonista. Su nombre es David, quien tiene 12 años, pero aparenta dos menos, su rostro está sucio, pero de él siempre sobresale una sonrisa. Sobresale a pesar del hambre y otras dificultades que enfrenta día a día.

Es martes 30 de diciembre, es temprano, hace viento y en las cercanías de un centro comercial capitalino muchas personas se desplazan rápidamente, en las calles carros van carros vienen, y en una acera David junto a su hermana menor Tatiana, de 8 años de edad, se acercan a los transeúntes para repartir unos papeles blancos anunciando una oferta de trabajo.

Para David y Tatiana, el repartir esos papeles significó “un trabajo” de un par de horas, pues una joven mujer a quien se le había asignado dicha tarea vio en los hermanitos Rodríguez una oportunidad para no hacerlo ella misma.

La comodidad de la joven mujer, quien por vergüenza o por otras razones no repartió los papeles a los transeúntes, dejó como ingreso económico $2.00 a la familia Rodríguez Rivas, que está compuesta por María de Rodríguez, la madre; José Rodríguez, el padre; Sarita, la menor de los hermanos con tan sólo dos años de edad; David y Tatiana.

La rutina de la familia, a excepción del padre, es vender dulces en los buses de diferentes zonas del país para obtener ingresos económicos. El padre de los menores, quien se dedica a trabajos de albañilería y principal fuente de ingresos, días antes de navidad fue golpeado por un vehículo, lo cual le ha impedido trabajar desde entonces por lo que David y Tatiana tienen que hacerlo.

“Yo trabajo desde que tengo 7 años. Con Tati y con mi mamá vendemos dulces en los buses allá en un lugar al que le dicen El Trébol y a veces venimos aquí. Ya nos acostumbramos a trabajar porque si no, no comemos”, comenta David, mientras espera que alguien pase para entregarle uno de los papeles que sostiene entre sus manos.

Como muchos niños de escasos recursos, desde pequeños los hermanitos Rodríguez han tenido que trabajar para ganarse la vida, muchas veces arriesgando la misma con tal de obtener algunas monedas para los alimentos.

“Cuando la venta está buena vendemos hasta dos dólares, pero a veces regresamos a la casa con todos los dulces y no tenemos para comer”, cuenta David, mientras come una pera que le han obsequiado y que se apresta a compartir con su hermana Tatiana.

Aunque David comenta que no recibió regalos para navidad, admite que se la pasó feliz en casa con su familia. Tampoco reventó cohetes pues dice que no le gustan y que le traen malos recuerdos.

“Cuando estaba pequeño me quemé la mano porque me reventaron unos cuetes, desde entonces ya no me gustan”, comenta entre risas.

La mañana transcurre y entre cada pausa de entrega de papelitos, David comenta que está feliz pues el otro año irá por primera vez a la escuela. Su hermana Tatiana también asistirá a primer grado, lo que llena de ilusiones a ambos menores.

La escuela a la que asistirán queda cerca de su vivienda, ubicada en la colonia La Sabana, en Ciudad Merliot.

David sueña con ser pediatra para poder “curar a otros niños”, por su parte, Tatiana sueña con trabajar como cajera en algún supermercado del país.

La meta común los hermanitos Rodríguez Rivas es poder trabajar para ayudar a su familia con los gastos de la casa y poder comprarse todas las cosas que siempre han querido.

A medida transcurre la mañana, los hermanitos deben marcharse a casa. Llevan los dos dólares que les han pagado por repartir los papeles que anuncian la oferta de trabajo, la felicidad porque podrán comprar algo de comer para ese día y el deseo especial de David: “Para el otro año yo sólo deseo que no me vaya a atropellar un carro, porque sino ya no voy a poder trabajar y también deseo ser feliz”.

Como David y su hermana Tatiana, en El Salvador hay muchos niños que deben trabajar para poder sobrevivir y que en lugar de pedir regalos materiales y lujosos para el próximo año, sólo deseas contar con buena salud y los recursos para enfrentar el día a día trabajando en las peligrosas calles de esta capital.

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