Francisco Melgar Brizuela
INTRODUCCIÓN
El primero de enero recién pasado se cumplieron cincuenta años del triunfo de la revolución cubana y tomando en cuenta que: i) en nuestra actualidad esta revolución también representa los intereses, anhelos y aspiraciones de la unidad latinoamericana y de la mayor parte de la humanidad encadenada por la miseria, las enfermedades, el analfabetismo y la incultura, ii) no podemos concebir un humanismo que no sea solidario con aquellos pueblos como Haití y La República Democrática del Congo, que el neoliberalismo tiene sumidos en la más espantosa miseria, iii) el capitalismo, como sistema condenado al fracasado, por su falta de racionalidad y humanismo, se debate en la peor de sus crisis y, iv) es el momento histórico propicio para que Latinoamérica consolide su liberación e independencia definitivas a través de la unidad de sus pueblos, presentamos este artículo, en tres partes: I. La guerra contra la dominación española, II. La guerra contra la tiranía y el imperialismo, III. La defensa de la revolución y la construcción de la patria socialista.
El conocimiento histórico es indispensable para comprender el presente y ambos para proyectar el futuro. El filósofo de la antigua Grecia, Herodoto, es considerado el padre de la Historia porque comprendió y enseñó la importancia de su conocimiento.
Carlos Marx estableció los fundamentos para que la Historia se convirtiera en una disciplina científica. El patriota cubano José Martí desde temprana edad comprendió la necesidad de emprender los estudios históricos de Cuba y de la civilización occidental y al mismo tiempo de dar a conocer a las nuevas generaciones la importancia de los valores patrios.
A Fidel Castro el conocimiento histórico le sirvió para valorar los errores y aciertos de las luchas independentistas de las épocas anteriores a su generación y para proyectar las nuevas estrategias de lucha que conducirían al pueblo cubano a conquistar su liberación y a construir el socialismo. Sin este conocimiento, probablemente, la revolución cubana ya hubiera fracasado.
La revolución cubana tiene un gran significado no sólo para su respectivo pueblo, sino para el mundo entero. En ella encontraremos importantes elementos para la reflexión filosófico-política, económica y cultural; sin embargo, para comprender el significado completo de esta revolución es necesario tener al menos un panorama sintético de su historia, la cual no se reduce al triunfo de hace cincuenta años, sino que comienza con la guerra contra la dominación española a partir de 1868.
I. LA GUERRA CONTRA LA DOMINACION ESPAÑOLA.
La guerra de los diez años. El 10 de Octubre de 1868 el pueblo cubano dio inicio a una guerra contra el dominio español que se prolongó hasta 1878, razón por la cual este período fue conocido como la guerra de los diez años y también como la Gran Guerra.
Sus objetivos primordiales eran la independencia nacional y la abolición de la esclavitud. La mayoría de los pueblos latinoamericanos habían logrado independizarse de España en la primera mitad del siglo XIX; sin embargo, los invasores no querían ceder los enormes intereses que mantenían en la isla, debido a su ubicación geográfica estratégica y a sus grandes recursos naturales y, por tanto, estaban dispuestos a concentrar todos sus esfuerzos para no perder la principal colonia que aún les quedaba; por tanto, se comprende que la lucha independentista del pueblo cubano no sería fácil.
También es interesante constatar mediante una mirada retrospectiva, las paradojas históricas y la hipocresía de la España de esa época, que siendo una nación eminentemente católica, cristiana, mantuviera esclavos en un momento tan avanzado de la historia como la segunda mitad del siglo XIX. Muchos ejemplos históricos nos demuestran que los conquistadores utilizaron la religión, no con el fin de “salvar almas” sino como un instrumento ideológico de dominación de nuestros pueblos.
Fueron muchos los patriotas cubanos que estuvieron dispuestos a sacrificarse por sus objetivos, entre ellos, Carlos Manuel Céspedes, que se convirtió en un líder y un símbolo de dignidad y rebeldía del pueblo cubano de aquella época. Es interesante una anécdota que cuenta que, en la batalla de Yara, Céspedes perdió casi todos sus hombres quedando apenas con once y cuando uno de sus compañeros dijo que todo estaba perdido, él le replicó enérgicamente: “Aún quedamos doce hombres, basta para hacer la independencia de Cuba”.
Estas célebres palabras sirvieron de inspiración para la lucha que emprenderían posteriormente José Martí a finales del siglo XIX y Fidel Castro en la segunda mitad del siglo XX. La lucha continuó, se peleaba con machetes en contra de armas de fuego, las armas se arrebataban al enemigo, las mujeres peleaban junto a los hombres.
Como era de esperarse, vino la contraofensiva española que se caracterizó por una superlativa criminalidad. Asesinaron obreros, maestros, campesinos, estudiantes y toda clase de combatientes.
Cerraron la universidad de la Habana. La falta de experiencia, de organización y de una clara proyección político-militar del ejército rebelde hizo que no se lograran los dos objetivos propuestos.
El 10 de Febrero de 1878 se firmó la paz, mediante el “Pacto del Zanjón” según el cual Cuba no lograba su independencia pero conquistaba la abolición total de la esclavitud.
La tregua. Después de esta larga guerra comenzó una tregua, calificada por algunos historiadores como un “reposo turbulento”, es decir, un período de aparente calma pero de agudización de las contradicciones, siendo la principal la contradicción metrópoli-colonia.
Se propiciaron algunas reformas de apariencia democrática, como el derecho al voto que sólo podía ser ejercido por el 25% de la población nativa y, encima de todo, imperaba el fraude. Los españoles seguían ocupando los cargos públicos. Durante este período surgió el Partido Liberal al que pertenecía el sector económico cubano más influyente y que propugnaba por la conservación de un estatus quo colonial que garantizara sus mezquinos intereses, pero el pueblo cubano nunca perdió de vista su objetivo fundamental.
La Guerra de 1895. En 1891 José Martí publicó una de sus obras más importantes y más leída por los revolucionarios del continente latinoamericano: “NUESTRA AMERICA”. En ella expone sus diferentes visiones acerca de la naturaleza, la educación, la historia y el futuro de Latinoamérica. La profundidad de los conceptos que Martí desarrolló en esta obra proporcionan el fundamento para la reflexión y la elaboración de varias tesis en lo político, social, económico, educativo y la relación de los seres humanos con la naturaleza.
Pero lo que queremos destacar aquí es esa componente de su visión de futuro que presagiaba el peligro que para nuestros pueblos representaría el surgimiento del poderío norteamericano y que José Martí expresaba con las siguientes palabras: “El desdén del vecino formidable, que no la conoce, es el peligro mayor de nuestra América…” La clara visión integral que José Martí tenía acerca de los problemas de Cuba, de Latinoamérica y del mundo le permitieron planificar y dirigir una nueva etapa de lucha revolucionaria cuyo objetivo ya no era sólo lograr la independencia de España, sino evitar que Cuba y Latinoamérica cayeran en las garras del naciente imperialismo norteamericano.
Las estrategias diseñadas por el propio Martí incluían no repetir los errores de la Gran Guerra, lograr una organización unitaria y la educación política de los combatientes y del pueblo. El 24 de Febrero de 1895 se dio el “grito de independencia” que proclamó el derecho al trabajo, la educación, el bienestar social y la liberación de potencias extranjeras.
Esta guerra no ocurrió como un hecho aislado en la historia, al contrario, se puede considerar como la continuidad de la lucha iniciada en 1868, pero esta vez con objetivos más claros y con un mayor nivel de organización logrado sobre la base del Partido Revolucionario Cubano, fundado por Martí.
Desafortunadamente este héroe murió en combate, en Dos Ríos, el 19 de Mayo de 1895, a escasos tres meses de iniciada la guerra que él mismo había planificado; sin embargo, los generales Máximo Gómez y Antonio Maceo estaban suficientemente preparados para continuar con la dirección político-militar, pues conocían en gran medida el pensamiento de Martí y compartían sus estrategias y principios organizacionales. El número de combatientes rebeldes continuaba creciendo y la guerra se extendía a las regiones más importantes del país.
A finales de ese mismo año el comando general comprendió que era necesario invadir el occidente del país, que constituía el sustento económico de la burguesía hispana y criolla por su producción azucarera y tabacalera. Tal invasión quedó a cargo de los generales mencionados y tuvo su inicio el 22 de octubre. A finales de Enero de 1956 el cuerpo de invasión que no excedía a 4500 hombres armados logró derrotar a 182000 hombres en armas que protegían la importante zona occidental.
Los principales objetivos se habían logrado, entre ellos el impedir que la burguesía exportadora siguiera apoyando al enemigo y obligarla a pagar impuestos de guerra, con lo cual se mejoraban enormemente las finanzas del ejército revolucionario. Como una consecuencia importante de esta victoria se produce el debilitamiento económico y la desmoralización de las tropas enemigas.
En honor a la brevedad nos vemos obligados a sacrificar parte de la información y los detalles, pero manteniendo la unidad del relato histórico. El ejército rebelde continuó de éxito en éxito, solventando dificultades, inconvenientes y la pérdida de algunos de sus cuadros dirigentes como la muerte, en combate, del general Antonio Maceo ocurrida el 7 de diciembre de 1896 en Punta Brava.
En 1897 era evidente que España perdería la guerra y los mismos círculos allegados al gobierno español daban por sentado que la guerra en Cuba era insostenible.
El oportunismo norteamericano. Desde la década de los 80, el gobierno español había permitido que algunas empresas norteamericanas realizaran inversiones en la isla. Para 1895 estas alcanzaban la cifra de 50 millones de dólares, cantidad nada despreciable si se compara con el poder adquisitivo de esta moneda en esa época. El gobierno de Washington aprovechando que la causa cubana era seguida con mucha simpatía por el pueblo norteamericano y los demás países del continente, decidió intervenir en la guerra (cuando ésta, prácticamente, ya estaba ganada), según acuerdo conjunto de la Cámara y el Senado, tomado el 19 de Abril de 1898. El 10 de Junio de 1898 se produce, cerca de Guantánamo, el primer desembarco de infantes de marina del ejército norteamericano.
El 13 de Julio de 1898, a un mes de dicho desembarco, se entrevistaron los mandos norteamericano y español para concertar la rendición, cuyos documentos se firmaron tres días después, sin participación alguna de los cubanos. El comando norteamericano no permitió al ejército liberador entrar en la ciudad de Santiago de Cuba, como le correspondía después de 30 años de lucha y de intensos sacrificios.
El 10 de diciembre de 1898, con el objeto de excluir a los cubanos de las discusiones, se firmó en París, el acuerdo de Paz entre España y Estados Unidos. En este acuerdo, conocido como “El Tratado de París”, en ningún lugar se menciona la independencia de Cuba por la que tanto se había luchado. El triunfo cubano había sido arrebatado por un ejército y un gobierno de oportunistas. Cuba quedaba bajo el dominio de una nueva potencia extranjera, y de igual manera quedaban los territorios de Puerto Rico, Filipinas y las islas Guam.
La Profesora cubana, Isabel García Castiñeyra, que relata esta historia, califica este hecho como una “vulgar repartición de colonias” entre potencias extranjeras. El carácter oportunista e imperialista de la potencia norteamericana quedaba fehacientemente demostrado.
En fechas cercanas también se anexaron los seis Estados del Norte de México y las islas del Hawai. Pero la sangre derramada en esta gesta no fue en vano y pronto germinaría en nuevos combatientes dispuestos al sacrificio para convertir en realidad el ideario de libertad y justicia social proclamado por el prócer José Martí y otros patriotas cubanos.
Una mirada retrospectiva nos hace ver que los temores de José Martí estaban claramente fundamentados por su conocimiento histórico, su pensamiento filosófico-político, su patriotismo y su visión de futuro. Por eso algunos pensadores opinan que los Estados Unidos no tienen amigos, sólo tienen intereses. Su afán expansionista es insaciable, pero en la actualidad la anexión de otros Estados toma diferentes modalidades como la deuda externa y los tratados de “libre comercio”.
II. LA GUERRA CONTRA LA TIRANIA Y EL IMPERIALISMO.
Después de la firma del acuerdo de Paz (el llamado Tratado de París) que incluía la rendición y el retiro de las tropas españolas de Cuba, el ejército norteamericano, convertido en un ejercito de ocupación, permaneció en la isla por tres años más.
El objetivo de esta ocupación era “garantizar los intereses de las empresas norteamericanas y la vida de sus propietarios que se habían radicado en ese territorio”. Una vez que consideraron que habían logrado su objetivo retiraron las tropas de la isla y declararon formalmente la independencia de Cuba en 1901, pero en la práctica mantenían el dominio sobre la misma a través de una estructura neocolonial. Poco a poco la potencia del norte se iba adueñando de la riqueza del país.
Para 1925 la inversión norteamericana en Cuba ascendía a 1360 millones de dólares y se habían apropiado de los ingenios de azúcar, la agricultura, la industria tabacalera y la minería. Mantenían Ferrocarriles, Bancos, instituciones financieras de crédito e hipotecas, empresas de obras públicas y eran dueños de la deuda externa del país.
Encima de todo, obligaron al gobierno que ellos mismo habían impuesto a firmar un tratado que eufemísticamente llamaron el “Tratado de Reciprocidad Comercial”, que en la práctica no era más que un burla para el pueblo y los productores cubanos, pues a través de sus cláusulas obtenían el azúcar a precios irrisorios y obligaban al gobierno cubano a adquirir grandes empréstitos con grupos financieros norteamericanos y que tenían que pagar con altas tasas de interés. Para colmo de males, tales préstamos no eran utilizados en beneficio de las grandes mayorías populares que, al final de cuentas, eran las que terminarían pagándolos.
En resumen, mientras las empresas norteamericanas se beneficiaban grandemente, el pueblo cubano, que creaba la riqueza con su trabajo de cada día, se sumía más en la miseria. Por eso suele decirse que la presencia norteamericana “desarrolló el subdesarrollo” en la isla cubana y en el resto de países de Latinoamérica, como lo había previsto José Martí. Cosas similares ocurren en nuestros días con los tales tratados de “libre comercio” y la deuda externa.
Pero las contradicciones de la historia, la contradicción dialéctica, no podía hacerse esperar, especialmente en un pueblo como el cubano con una tradición de lucha y un espíritu de liberación heredado de Carlos Manuel Céspedes, José Martí, Máximo Gómez, Antonio Maceo y otro próceres.
La resistencia comenzó de inmediato. En 1925 se creó el Partido Comunista Cubano y la primera central sindical: La Confederación Nacional Obrera de Cuba (CNOC). Estos hechos marcaron el inicio de una etapa superior de lucha independentista y revolucionaria. También se incrementó la represión, pero ésta y los asesinatos de los patriotas cubanos no hacían más que fomentar el auge revolucionario del pueblo.
Elecciones. La lucha continuó tomando diferentes formas y matices. Los siguientes 15 años se caracterizaron por el auge de la conciencia popular que alcanzó un mayor nivel de calidad. Las elecciones presidenciales de 1940 llevaron al poder a Fulgencio Batista que rápidamente se plegó a los intereses norteamericanos. Los Estados Unidos obtenían el azúcar a un precio sumamente barato.
La corrupción incrementaba y el pueblo se sumía cada día más en la pobreza. El gansterismo imperaba. Se boicoteaba la celebración de los Congresos de la Confederación de Trabajadores, se asesinaba a dirigentes obreros y campesinos, como el caso del prestigioso líder comunista cubano, Jesús Menéndez, empresario azucarero, que emprendió una lucha para conseguir que los Estados Unidos pagara un precio más equitativo por el azúcar. Fue asesinado el 22 de enero de 1948.
El fracaso de los proceso eleccionarios. Aprovechando el descontento popular, el partido de los auténticos llevó al poder a Grau, quien asumió la presidencia en 1944, pero que no cumplió sus promesas y terminó aliándose con el vecino del norte. Lo mismo sucedió con el “auténtico” Carlos Prío Socarrás, quien asumió el mando de la nación en 1948. Ese mismo año el sector juventud del Partido del Pueblo Cubano, fundado por el senador Eduardo Chibás, planteó en su documento programático que “el socialismo era la única salida lógica a la situación del país”.
Dicho partido tenía asegurado el triunfo de las elecciones que estaban programadas para el 1º de Junio de 1952, pero en la madrugada del 10 de Marzo, anticipándose a las elecciones programadas, el triunfo del pueblo fue arrebatado por un golpe de Estado, zarpazo planificado desde Washington y que trajo nuevamente al poder a Fulgencio Batista, una carta ya gastada pero que aseguraba la preservación de los intereses norteamericanos en la isla por un breve período adicional. ¡Qué hipocresía! ¿Cómo es posible que los Estados Unidos exijan y evalúen la democracia de otros países cuando ellos mismos provocan estas acciones antidemocráticas?
La respuesta no se hizo esperar. Miembros del Partido del Pueblo y en particular el sector de la juventud se reunieron de inmediato para analizar la situación. El joven Fidel Castro, que había sido uno de los máximos dirigentes de la Federación de Estudiantes Universitarios (FEU), se convirtió en el núcleo y líder de un nuevo movimiento y ese mismo día llamó al pueblo a la insurrección revolucionaria. ¿Qué otro camino quedaba que no fuera el de la lucha armada?
El 11 de Marzo el Partido Socialista Popular (PSP) llamó a las masas a continuar e intensificar la lucha y a crear el Frente Democrático Nacional.
El gobierno de facto arreció la represión contra el PSP, allanó sus oficinas y clausuró la circulación de su periódico, razón por la cual este partido pasó a la clandestinidad. El 14 de Marzo la FEU dio a publicidad un manifiesto en el que declaraba “estar dispuesta a cumplir su misión histórica”. En Santiago de Cuba los estudiantes organizaron junto al pueblo una manifestación de protesta que fue violentamente reprimida por la policía, con el saldo de varios estudiantes heridos.
Las mujeres combatían, “hombro con hombro”, al lado de los hombres. La Federación Democrática de Mujeres Cubanas y El Frente Cívico de Mujeres Martianas también llamaron a la insurrección, mientras el carácter dictatorial del gobierno impuesto se incrementaba con el apoyo de Washington.
El 85 % de las familias no tenían ni una cama, el 43% eran analfabetas, el 14% padecía de tuberculosis y el 89% de la población infantil no tenía acceso al consumo de leche, porque la mayor parte del presupuesto nacional se destinaba al mantenimiento del ejército, que se había convertido en un ejército de ocupación por sus acciones represivas en contra del pueblo. El gobierno impuesto fomentó el turismo con la esperanza de adquirir divisas para aliviar sus gastos y la prostitución alcanzó niveles muy altos. El primero de Mayo la tiranía prohibió el desfile de los trabajadores y un joven de 17 años, Sergio Reina, fue herido de bala por la fuerzas represivas cuando recitaba poemas de José Martí.
Desde inicios de 1953 se acentuaron las grandes manifestaciones estudiantiles y los choques violentos con la policía. La celebración del centenario del natalicio de José Martí (1853-1895) marcó el potencial del pueblo cubano, una enorme reserva de resistencia y capacidad de lucha. Una actividad importante fue el Congreso Martiano por la Defensa de los Derechos de la Juventud, realizado en la Habana los días 26 y 27 de enero y dirigido por el líder estudiantil Léster Rodríguez.
La FEU organizó diversas actividades en ocasión de tal centenario, demostrando que el espíritu del libertador estaba presente en las luchas estudiantiles, en particular, y del pueblo cubano, en general. Fidel Castro hizo un análisis de la situación económica, social y política que padecía la Cuba de esos años y elaboró la estrategia de lucha contra el dictador Batista que, en síntesis, estaba programada en la lucha armada y el movimiento de masas.
Entre Agosto de 1952 y Enero de 1953 Fidel había estructurado el Movimiento Revolucionario, con grandes sacrificios económicos, dado que los partidos de oposición tradicionales no quisieron aportar para una lucha armada, a pesar de que estaba claro que no había otra alternativa de liberación en ese momento. El 26 de Julio de 1953 se atacó el Cuartel Moncada en la provincia de Oriente, acción que fue coordinada por Fidel Castro y Abel Santamaría (ellos y su grupo de compañeros fueron conocidos como los “jóvenes de la generación del centenario”). El objetivo consistía en arrebatarle las armas al enemigo, entregárselas a la población e iniciar la insurrección armada desde Santiago de Cuba, de donde se extendería al resto del país. La estrategia estaba basada en el factor sorpresa.
El plan fracasó precisamente porque la sorpresa no tuvo lugar, pues ya los estaban esperando. El saldo fue de 10 moncadistas muertos y 70 prisioneros; 60 lograron escapar a las montañas, mientras otros jóvenes fueron escondidos y protegidos por la población. Los prisioneros fueron salvajemente torturados y posteriormente asesinados, lo que profundizó el odio del pueblo hacia la tiranía de Batista y su disposición a seguir apoyando la lucha revolucionaria, con lo que se abrió una etapa superior de lucha. El espíritu de las luchas de 1868 y de 1895 acompañó al pueblo permanentemente. A pesar del fracaso la gesta del Moncada iluminó la posibilidad de ganarle la guerra a un ejército bien armado y apertrechado, pero se necesitaba de mejores estrategias y de un mayor nivel de organización.
La Dirección Revolucionaria proclamó un programa de transformaciones socioeconómicas y políticas que sólo podían ser realizables mediante una profunda revolución popular. El nivel de conciencia alcanzado por el pueblo cubano le permitía asumir su misión histórica de luchar contra la dictadura y el imperialismo. Fidel se convirtió en el máximo dirigente de una nueva vanguardia revolucionaria.
La historia me absolverá. Fidel cayó preso, pero la dictadura no podía asesinarlo por el temor a la indignación generalizada que se levantaría en su contra. Decidieron someterlo a un juicio y como abogado que era pronunció su histórico discurso de autodefensa conocido como “la historia me absolverá”, en el que demostró su legítimo derecho constitucional de luchar contra la tiranía y puntualizó los principales problemas que agobiaban al sufrido pueblo cubano: el desempleo, la industrialización, la vivienda, la tenencia de la tierra, la salud y la educación. Fidel siempre tuvo en mente el ideal de José Martí, donde lo primero era el culto a la dignidad plena del ser humano. La cárcel le sirvió de escuela a Fidel y a sus compañeros de la generación del centenario. Aprovecharon ese tiempo para reforzar su formación ideológica, profundizaron en sus estudios acerca de las teorías de Marx y de José Martí y planificaron el reinicio y acrecentamiento de la lucha armada.
Desde finales de 1953 El PSP y la FEU organizaron un poderoso movimiento pro amnistía a favor de los moncadistas que rápidamente alcanzó un gran apoyo nacional e internacional. Se logró la Ley de Amnistía que posibilitó la liberación de Fidel y sus compañeros el 15 de Mayo de 1955.
Acontecimientos históricos como éstos son los que le dan sentido a aquella expresión que dice que “sólo el pueblo salva al pueblo”. Una vez en libertad crearon una organización que denominaron MR 26-7, en alusión a la gesta del ataque al Cuartel Moncada.
Por medio del periódico clandestino “La Calle” demostraron al pueblo que era imposible cualquier solución que no fuera a través de la lucha armada. La estructura y funcionamiento de la organización debían corresponder al momento histórico y a los objetivos de la lucha, es decir, una organización político-militar revolucionaria; por tanto, se establecieron varios frentes, entre ellos, el de acciones y armamento, el de finanzas, propaganda, obrero, juventud y estudiantes.
De esta manera se integraron distintas formas de lucha con un objetivo común: el triunfo de la revolución y con ella la realización del ideario de José Martí, según el programa expuesto por Fidel en la “historia me absolverá”.
A este movimiento se adhirieron más jóvenes, hombres y mujeres provenientes de los diversos sectores económicos y de las distintas regiones del país, al tiempo que la represión alcanzaba dimensiones descomunales, al grado que se llegó a la conclusión de que Fidel y otros líderes debían marchar al exterior (a México) para organizar un destacamento armado que, una vez alcanzada la preparación político-militar necesaria, reiniciaría la lucha en Cuba.
En México, junto a la ardua labor de preparación en el campamento se desplegó una intensa actividad político-ideológica dirigida a divulgar los objetivos de la revolución cubana. Del 20 de octubre al 10 de diciembre de 1955 Fidel realizó un amplio recorrido por territorio estadounidense. El 30 de octubre, en un hotel neoyorquino, se constituyó un importante club patriótico de apoyo al movimiento revolucionario.
El Che Guevara se unió a este trabajo que se realizaba en México, a donde había llegado procedente de Guatemala. La labor educativa, cultural e ideológica del Che fue de gran valor en la elevación del nivel político del grupo revolucionario. Mientras tanto, en Cuba, el MR 26-7 desempeñaba una importante labor organizativa.
El 2 de diciembre de 1956 llegó a Cuba, procedente de México, el yate Granma, trayendo a Fidel y demás hombres que desde las montañas de Oriente prenderían la llama de la revolución. La travesía duró dos días más de lo previsto, la embarcación encalló en un pantano de mangle a cientos de metros de la costa, los combatientes santiagüeños que los esperaban se habían retirado al no tener noticias. Sólo eran 82 hombres, extremadamente cansados, para hacerle frente al enemigo. Al tercer día tuvieron su primer enfrentamiento con el ejército de la tiranía.
El cansancio y la superioridad numérica y de armamento del enemigo obligaron a los expedicionarios a retirarse desorganizadamente, perdiendo 21 compañeros que fueron capturados y vilmente asesinados. Un pequeño grupo de 20 hombres pudieron escapar y adentrarse con mucho esfuerzo en la Sierra Maestra, el lugar escogido para reagruparse e iniciar la nueva y final etapa de la lucha armada.
Los patriotas recibieron el apoyo de los campesinos de la zona. El 17 de diciembre de 1956 este pequeño grupo de 20 combatientes logró su primera victoria militar con el ataque al cuartel del ejército ubicado en La Plata, dentro de la Sierra Maestra.
Esta rotunda victoria condujo a la incorporación paulatina de hombres y mujeres campesinas y de obreros y obreras agrícolas de la zona, tanto que se creó un batallón femenino. La moral y convicción revolucionaria se acrecentaban con la posibilidad de vencer a un enemigo más poderoso. Cinco días después se produjo otra victoria que le arrebató más armas al enemigo. El mundo empezó a enterarse y a simpatizar con este movimiento guerrillero que, con el apoyo del pueblo, era capaz de enfrentar y derrotar a la tiranía.
A mediados de marzo de 1957 llegaron refuerzos, en hombres y armas, procedentes de Santiago de Cuba. El 28 de Mayo de 1957 se produjo una resonante victoria de las fuerzas rebeldes al atacar el cuartel de El Uvero. El enemigo sufrió muchas bajas y la pérdida de más de 40 armas.
A partir de esta derrota la dictadura se vio obligada a cerrar los pequeños cuarteles a distancia de las grandes guarniciones, con lo que los rebeldes obtuvieron un mayor radio de acción para sus operaciones.
Los soldados de Batista, heridos en batalla, recibieron atención humanitaria, lo cual hizo que el movimiento rebelde ganara más simpatías; mientras tanto, en las grandes ciudades el pueblo realizaba acciones de sabotaje en contra de la dictadura y se organizaban las milicias urbanas.
Ésta desató una férrea persecución de los líderes del movimiento revolucionario, asesinando a muchos de ellos. Mención especial merece el líder estudiantil Frank País, asesinado en Santiago de Cuba el 30 de Julio de 1957. Su muerte provocó un estremecimiento y una gran indignación en esta ciudad. Su entierro se convirtió en una compacta manifestación de duelo.
Espontáneamente surgió, como respuesta, una huelga general que se extendió por todo Oriente y paralizó los centros laborales de todas las provincias del país durante varios días. Para el mes de septiembre de 1957 la justeza del movimiento revolucionario permeabilizaba en todos los sectores, incluidos los más honestos y decididos de la Fuerza Armada, como el caso del levantamiento, el 5 de septiembre, de la Marina de Guerra en Cienfuegos. A pesar de que este levantamiento no logró sus objetivos, dejó claro que también había elementos de la Fuerza Armada de Batista dispuestos a acompañar al pueblo en su lucha.
El Pacto de Miami. Las artimañas y estrategias del enemigo siempre se hacen presentes para impedir, boicotear o desviar el accionar de las fuerzas populares. En octubre de 1957 los representantes de algunas organizaciones de la oposición burguesa se reunieron en Miami para hablar de la “unidad”, pero su verdadero propósito era separar al MR-26-7 de la dirección del movimiento revolucionario.
Incluso algunos miembros del MR-26-7, no autorizados por la comandancia, habían asistido a esta reunión. El PSP no fue invitado. El resultado de este evento fue la firma del “Pacto de Miami” en el que se anunciaba la fundación de la Junta de Liberación Nacional, que duró por un breve período.
Bastó una carta del comando del MR-26-7, desenmascarándola, para poner fin a su efímera existencia. Este hecho no tendría mayor importancia, a no ser como un ejemplo de las estrategias que utilizan los movimientos reaccionarios cuando se presagia el triunfo del pueblo.
1958, LA BATALLA FINAL. En honor a la brevedad sólo escribiremos unas pocas líneas acerca de las importantes acciones que ocurrieron en 1958. Desde principios de este año la lucha se intensificó y se extendió por todo el país. El ejército de guerrillas se había prácticamente convertido en un ejército regular, pero manteniendo una elástica guerra de posiciones. El ejército de la dictadura, con el apoyo de Washington, realizaba un enorme esfuerzo por contener el avance revolucionario.
Radio Rebelde. De gran ayuda fue la salida al aire de Radio Rebelde el 24 de febrero. Esta radio vino a suplir una verdadera necesidad para romper el monopolio informativo de la dictadura y, además, un medio de comunicación de las columnas guerrilleras, con lo cual se mejoró grandemente el nivel organizativo.
Un ejemplo de esto fue la celebración del Congreso Campesino en Armas, celebrado el 21 de septiembre, en el que se discutió la necesidad de una lucha radical contra Batista, la reforma agraria, la erradicación del analfabetismo, el aporte económico para el ejército rebelde y otros temas importantes para el sector y el país. De igual forma se organizaron congresos de estudiantes, maestros y obreros. En una reunión celebrada en la Habana, el 10 de noviembre, se acordó crear el Frente Obrero Nacional Unido (FONU).
En el mes de noviembre, Fidel llamó a la “batalla final” y dirigió, en Oriente, la acción de Guisa, del 20 al 30 del mismo mes. Esta batalla fue considerada la de mayor envergadura de toda la guerra. Por su parte, las columnas del Che Guevara, después de liberar varias poblaciones pusieron sitio a Santa Clara e iniciaron el combate hacia el interior de la ciudad. A finales de diciembre, Camilo con sus columnas ponía sitio a Yaguajay.
La huida del dictador. 20000 cubanos fueron asesinados durante esta dictadura de Batista. La unidad del pueblo, mediante la lucha integrada de todos sus sectores, culminó con la huida de dictador, el 1º de enero de 1959, hace 50 años.
La revolución había triunfado, pero aún tenía que defender su triunfo. Los Estados Unidos junto con otros países latinoamericanos (preferimos omitir sus nombres), la misma tarde del 1º de enero, intentaron programar un Golpe de Estado y arrebatar el triunfo del pueblo que le había costado una lucha de más de 90 años.
Fidel conocía perfectamente estas artimañas del imperio, como las que ocurrieron en 1898 y en 1952, y de inmediato ordenó al Che y a Camilo que avanzaran hacia la Habana, también convocó al pueblo a una huelga general para no dejarse arrebatar la victoria. El pueblo respondió rápidamente. El 2 de enero dio inicio la huelga y se prolongó durante los tres días siguientes.
Fidel entra a la Habana. Después de su histórico recorrido por Santiago de Cuba, el 8 de enero de 1969 Fidel llegó a la Habana, donde el pueblo lo esperaba para brindarle un apoteósico recibimiento.
Al fin, después de 90 años de lucha el pueblo unido podía festejar la victoria que le concedía su independencia definitiva.
FACTORES DEL TRIUNFO.
1) Los cubanos habían acumulado una gran capacidad de resistencia y de lucha, desde la época de Carlos Manuel Céspedes.
2) La educación política que el pueblo había adquirido sobre la base del pensamiento de José Martí y el trabajo ideológico desarrollado por las generaciones siguientes, en especial la de los jóvenes del centenario.
3) La combinación orgánica de acciones guerrilleras y operaciones regulares a las que se integraron los movimientos populares.
4) El conocimiento histórico y la formación política de los líderes que les permitió mantener un análisis permanente de las estrategias imperialistas junto a la agilidad de las acciones para adelantarse a sus artimañas.
LECCIONES HISTORICAS. Las lecciones históricas que nos deja el triunfo de la revolución cubana aún no se han terminado de asimilar; por tanto, es necesario profundizar en el análisis de las mismas. De todas maneras podemos adelantar las más evidentes (en la última parte de este artículo hablaremos del significado actual de la revolución):
1) Cuando los pueblos, como Cuba y Vietnam, se deciden verdaderamente a conquistar su libertad, no hay imperio que pueda detenerlos.
2) Los ejércitos de los tiranos y de los imperios pueden estar bien apertrechados y disponer de muchos soldados en armas, pero en general, estos soldados no saben o no comprenden los principios por los cuales pelean; en cambio, un pequeño ejército consciente de su misión histórica, apoyado por un pueblo que ha adquirido una formación política básica y una conciencia revolucionaria, terminará más tarde o mas temprano venciendo al ejército usurpador.
3) Los imperialistas, ya sean españoles, franceses, holandeses, ingleses o norteamericanos deben entender que los errores históricos se pagan caros y que el principal error es apartarse de la búsqueda de la armonía y la cooperación entre los pueblos, renunciando así a la posibilidad de que todos los habitantes de la tierra podamos vivir y realizarnos en paz y en armonía con la naturaleza.
III. LA DEFENSA DE LA REVOLUCIÓN Y LA CONSTRUCCIÓN DE LA PATRIA SOCIALISTA.
Después del alborozo y los festejos por el triunfo el pueblo cubano tenía que enfrentarse a la dura y desnuda realidad. El dominio español y posteriormente el dominio (y el saqueo) norteamericano, que se extendió por 60 años, habían dejado a Cuba sumida en el subdesarrollo, en una verdadera crisis.
La producción azucarera se había estancado, la balanza comercial era desfavorable, la tenencia de la tierra injustamente distribuida, un gran porcentaje de la población se encontraba en situación de desempleo o subempleo, el índice de analfabetismo ascendía al 43%, más del 25% de la población sufría de enfermedades terribles, entre ellas la tuberculosis.
En Cuba coexistían vestigios feudales y semifeudales con rasgos de producción capitalista que hacían más difíciles las relaciones de producción y la salida de la crisis, que sólo podía resolverse por la vía revolucionaria.
El Che Guevara, conocedor de la ciencia económica, contribuiría a sentar las bases para iniciar el proceso de solución. La Unión Soviética había pasado por una crisis similar y la experiencia histórica demostraba que el paso al socialismo, a partir de tales condiciones, era una tarea extremadamente difícil, por no decir imposible.
Comenzó así una etapa democrático-popular revolucionaria, agraria y antiimperialista, caracterizada por la confianza en el futuro, producto del nivel de organización alcanzado por el pueblo. El Programa del Moncada y la obra revolucionaria comenzaron a gestarse. Un factor importante lo constituyó la unidad política de la vanguardia de las clases trabajadoras.
La Reforma Agraria y las transformaciones económicas adquirieron el carácter de necesidades inmediatas. La burguesía cubana, en el afán de preservar sus privilegios, entró en contubernio con las fuerzas reaccionarias, dentro y fuera del país, tratando de detener el avance del pueblo. El panorama era difícil y las tareas inmediatas tenían que comenzar por la destrucción del aparato burocrático del Estado y la aplicación de la justicia, a fin de hacer realidad dicho programa.
El 4 de enero (no había tiempo que perder) quedó establecido el Nuevo Poder Revolucionario y disuelto el Poder Legislativo. El nuevo poder sería ejercido por el presidente, Dr. Manuel Urrutia LLeó y el Consejo de Ministros. El primer decreto fue nombrar a Fidel Castro como Jefe del Ejército, con facultades para reorganizarlo y establecer el Ejército Revolucionario, que desde el primer momento trabajó junto al pueblo en la construcción de escuelas, hospitales, obras públicas y tareas agrícolas.
Un primer problema surgió en el mismo Consejo de Ministros, pues algunos de sus miembros eran personalidades que provenían de sectores burgueses opuestos a Batista, pero que a fin de cuentas sustentaban concepciones político-ideológicas divergentes con un proyecto revolucionario. Es claro, el momento requería de la unidad de acción y no de posiciones divergentes, pero la formación político ideológica del pueblo se encargó de neutralizar a dichos elementos.
La Policía Nacional fue sustituida por la Policía Revolucionaria y el 22 de febrero de 1959 fue suprimida la misión militar norteamericana en Cuba. El sistema judicial corrupto también tenía que ser depurado. Se creó el Ministerio de Recuperación de Bienes Malversados. Las empresas británicas y norteamericanas, encargadas del saqueo de la riqueza cubana, fueron nacionalizadas.
La Banca especulativa fue sustituida por la Banca Estatal que promovió el ahorro y la vivienda en beneficio de las mayorías populares y apoyó el desarrollo de la industria nacional. La necesidad y urgencia de estas medidas no se comprende a cabalidad sino se toma en cuenta la gravedad de la crisis que los invasores habían dejado al pueblo cubano.
LA REFORMA AGRARIA. La reforma más importante y radical de inicios de esta nueva etapa la constituyó la promulgación de la Ley de Reforma Agraria, que a la vez que daba satisfacción a las justas demandas y aspiraciones del sector campesino, constituyó la estrategia fundamental para la reactivación del agro y de la economía nacional.
Basta recordar que el 1.5 % de los terratenientes eran propietarios de más del 50% de las tierras cultivables y que había latifundistas, la mayoría norteamericanos, que poseían hasta 18000 caballerías. Una de las primeras ventajas de esta reforma fue la disminución del desempleo y la reducción del “tiempo muerto”, dado que la zafra oscilaba, en promedio, alrededor de los 100 días laborales por año. Otra ventaja importante fue el incremento del poder adquisitivo de los campesinos y su efecto benéfico sobre la economía nacional, dado que los terratenientes extranjeros sacaban del país el dinero que obtenían en cada cosecha y que a los campesinos los mantenían a “jornales de hambre”.
La Reforma Agraria de Cuba tuvo un profundo significado que es importante comprenderlo, pues no se redujo sólo a los aspectos de equidad y justicia, sino que constituyó el fundamento de una transformación política, educativa, cultural y de bienestar social, con lo cual se logró la optimización en el uso de los recursos de una región eminentemente agropecuaria.
Con esta vigorosa reforma agraria el gobierno de Washington comprendió que la revolución cubana no tenía marcha atrás, al menos no por causas internas. Entonces decidieron destruirla utilizando todos los medios a su alcance, pero se encontraron con un pueblo dispuesto a defenderla. La primera medida fue suprimirle a Cuba la cuota azucarera que le habían asignado y repartirla entre otros países latinoamericanos a condición de que apoyaran el bloqueo económico a Cuba y su expulsión de la OEA, que se produjo unos meses después, en 1960. Cuba respondió con la nacionalización de todas las empresas norteamericanas que continuaban operando en la isla.
1961: año decisivo para la defensa y consolidación del proceso revolucionario. Así como la juventud y los estudiantes habían desempeñado un papel decisivo para el triunfo de la lucha armada, así también estaban dispuestos a participar activamente en la defensa de la revolución.
Ellos estaban claros, en base a los planteamientos de José Martí, del filósofo italiano Antonio Gramsci y del peruano Carlos Mariátegui que la revolución, o es cultural o no es revolución. Su primera tarea consistió en liberar a Cuba del analfabetismo. Miles de estudiantes marcharon al campo para alfabetizar a los pobladores. 1961 fue declarado año de la educación.
El experimento norteamericano de dominación colonial en Cuba, mediante la imposición de esquemas culturales hegemónicos había fracasado, pero querían rescatarlo a cualquier costo.
La siguiente acción consistió en una invasión militar a la isla, que había sido propuesta por Nixon, en 1959, cuando era vicepresidente de los Estados Unidos y Eisenhower el presidente; sin embargo, la invasión a Cuba por parte del ejército norteamericano no se podía realizar en forma directa, debido a que provocaría el rechazo diplomático internacional. En diferentes ciudades de los Estados Unidos se organizaron marchas de apoyo a la revolución y de protesta contra el bloqueo. Portaban carteles rotulados: CUBA SI, BLOQUEO NO.
A inicios de enero de 1961 se aceleraron los preparativos para la invasión. El 3 de enero el Gobierno de Washington anunció el rompimiento de relaciones diplomáticas con el Gobierno Revolucionario.
Organizaron un ejército de mercenarios, que partiendo de Puerto Cabezas, en Nicaragua, desarrollaría dos misiones. La primera, llamada “operación preludio” consistía en bombardear la débil aviación cubana y algunos lugares de la población civil para sembrar el terror e impedir que el pueblo participara en la defensa. La segunda consistía en establecer una cabeza de playa, desde la que se pretendía dirigir la invasión militar.
El 15 de Abril ocho bombarderos B26, procedentes de Nicaragua, iniciaron el ataque aéreo, pero la “operación preludio” fracasó porque fue valientemente rechazada por la artillería antiaérea del Ejército Revolucionario. Al día siguiente Fidel proclamó ante el mundo el carácter socialista de la revolución cubana. El 17 de Abril 1500 mercenarios desembarcaron en la Bahía de Cochinos.
Habían sido transportados por cinco barcos estadounidenses escoltados por otras unidades navales y aéreas.
El Plan consistía en establecer una cabeza de playa en Playa Girón y otras playas cercanas, instalar allí un gobierno provisional, integrado por elementos antirrevolucionarios, que de inmediato sería reconocido por Washington y sus aliados en la OEA y que acudirían al “rescate de la isla”, justificando así ante el mundo diplomático la invasión directa a la isla.
Los invasores encontraron en Cuba un pueblo armado, dispuesto y preparado para rechazar la agresión. En pocos días los planes de Washington habían fracasado. Hicieron el ridículo, pues no se “puede tapar el sol con un dedo”. Todo el mundo sabía quienes estaban detrás de esta invasión mercenaria. Más allá de la victoria los cubanos se agenciaron otro éxito: mal que bien, el gobierno de Washington aprendió a respetar a este pueblo, así como posteriormente lo haría con Vietnam.
Esperamos que algún día también respeten a Irak, Afganistán y los demás pueblos del mundo.
Después vendrían otras agresiones: mentiras, calumnias y difamaciones para desprestigiar a la revolución e intentos, planificados por la CIA, de asesinar a sus máximos dirigentes. Tampoco faltaron los atentados dinamiteros para ahuyentar el turismo y el sabotaje en contra de aeronaves cubanas con el saldo de muchos pasajeros asesinados. Por otro lado, Cuba también sufriría problemas que pondrían a prueba su vocación revolucionaria; entre ellos el bloqueo diplomático de la mayoría de países latinoamericanos, provocado por gestiones de Washington, tratando de aislar a Cuba de su ambiente natural geopolítico.
La Unión Soviética y los demás países socialistas constituyeron una ayuda importante para superar el aislamiento y el boicot económico, con lo cual Cuba pudo continuar su tarea de construir el socialismo.
A pesar de tantos problemas, siempre tuvo presente el cumplimiento de sus principios internacionalistas y ayudó a otros pueblos en sus luchas de liberación, entre ellos, Vietnam, Nicaragua, Angola, Namibia, Sudáfrica y otros pueblos africanos que nunca han olvidado la solidaridad brindada por el pueblo cubano.
Uno de los problemas más graves ocurriría con el colapso del llamado “socialismo real”. Según palabras del mismo Fidel, Cuba “se encontró completamente sola en medio de occidente”. Tenía, además, que resistir al cerco neoliberal, pues todos sus vecinos habían adoptado las medidas impuestas por los centros de poder financiero. De Cuba decían que se había quedado estancada en la historia, convertida en un museo del pasado, y más temprano que tarde seguiría el mismo destino de los países del bloque soviético; sin embargo, una revolución requiere conocimientos y no especulaciones. Lo que quedará como un museo será el fracaso del neoliberalismo, precisamente por sus especulaciones.
De todos modos, la solidaridad de la URSS le permitió a Cuba desarrollar un potencial cultural importante, en lo científico y tecnológico, en deportes, turismo, salud, industria, educación y las diferentes manifestaciones del arte. Cuba asumió este momento de su historia como un “periodo especial” de unidad y sacrificios para enfrentar la crisis económica. Muchas cosas fueron racionalizadas, entre ellas los alimentos, con el objetivo de que a ninguna familia le faltara la comida y a los niños la leche. Nadie murió de hambre. Cuba tuvo que cambiar algunas estrategias, de acuerdo a las circunstancias. Estableció empresas de capital mixto con Canadá y países europeos.
Poco a poco fue superando la crisis, manteniendo su independencia y su dignidad.
El mejor ejemplo de humanismo y solidaridad de Cuba con los pueblos del tercer mundo son los médicos y la medicina cubana. Han ayudado, en sus problemas de salud, a países como Nicaragua, Venezuela y otros suramericanos. A El Salvador le proporcionaron ayuda profesional y técnica para superar la epidemia del dengue a principios de siglo.
A pesar de que nuestros últimos gobiernos han sido desagradecidos, muchas madres recuerdan con cariño a las y los médicos cubanos que les ayudaron a recuperar la salud de sus hijos. También los pueblos del África han sido receptores de esta valiosa ayuda. En esta labor humanitaria, los médicos cubanos no han hecho distinciones ideológicas ni políticas. Nuestro país es un ejemplo de esta afirmación.
En la actualidad la Escuela Latinoamericana de Medicina es un bastión, científico y tecnológico, en apoyo a la salud del mundo. Muchos ciudadanos norteamericanos se han beneficiado de los adelantos de Cuba en materia de prevención, mantenimiento y recuperación de la salud y, a pesar de las dificultades económicas, miles de estudiantes universitarios, mujeres y hombres de todos los continentes, han sido becarios de Cuba para realizar estudios de medicina. Ningún país imperialista había realizado una labor humanitaria como ésta en ninguna época de la historia.
Ahora los tiempos han cambiado. Cuba ya no se encuentra aislada y forma parte del Grupo de Río y de otros organismos regionales. Su presencia en la reunión latinoamericana celebrada recientemente en Salvador de Bahía, Brasil, fue muy importante y significativa.
Podríamos suponer que se trata de un reconocimiento al humanismo, la solidaridad y los principios internacionalistas del pueblo cubano. Latinoamérica también está cambiando y emerge, diferente y vigorosa hacia la construcción de su destino y a la incorporación de la enorme riqueza cultural que habían desarrollado sus pueblos indígenas, torpemente destruida por los aún más torpes conquistadores. Surgen de nuevo los viejos ideales de la unidad latinoamericana que proclamaron nuestros próceres: Francisco Morazán en Centroamérica, José Martí en el Caribe, Simón Bolívar en Suramérica, y otros.
SIGNIFICADO ACTUAL DE LA REVOLUCIÓN CUBANA.
Lo que esta revolución significa para los cubanos y demás pueblos del mundo, en especial para Latinoamérica, quedó constatado este 1º de enero con las celebraciones del 50 aniversario. El pueblo cubano celebró esta fecha con más entusiasmo que las festividades de fin de año.
El acto oficial se realizó en la “Ciudad Héroe” de Santiago de Cuba. La Habana y otras ciudades celebraron con un carnaval. Pero lo más importante es que la juventud y los estudiantes ratificaron su compromiso con la revolución y la historia de su país, y asumieron el reto cultural, económico, de preservar el medio ambiente, de bienestar social para todas y todos los cubanos y la prevención de huracanes y otros desastres naturales.
Ellos saben, a conciencia, que las revoluciones avanzan y perduran cuando los pueblos las llevan adelante y manifiestan su disposición de cumplir con la misión histórica que el momento demanda. El 50 aniversario también fue celebrado en otros países, pues muchos consideran como propio el triunfo de la revolución cubana, que está cambiando la historia y generando la esperanza de que los pueblos y los seres humanos podamos vivir y realizarnos libremente.
La revolución cubana tiene ahora un significado profundo. Significa, entre otras cosas:
1. La dignidad, la hermandad, la solidaridad, el heroísmo, la lucha y la libertad de los pueblos oprimidos.
2. Que las causas justas de los pueblos están destinadas a triunfar.
3. La liberación de los obreros, los campesinos, las mujeres, los niños y los indígenas oprimidos por las culturas y los sistemas de explotación.
4. Que se puede vencer la miseria, la explotación, la ignorancia y la inseguridad social.
5. Que los ideales de Morazán, Martí y Bolívar no son más una retórica de discursos de salón, sino la posibilidad regional de la unidad latinoamericana.
6. La esperanza de libertad latinoamericana y de todos los pueblos del tercer mundo.
7. Una verdadera Escuela Política para todo el mundo.
8. Que no sólo es historia, porque ha participado de ella modificando su rumbo.
9. Que la cultura constituye la piedra angular de las revoluciones.
10. La concepción del pueblo más allá de las contradicciones de clase y el rescate de la lucha por la construcción del socialismo, a través de la estrategia de la revolución cultural en la que se involucren todos los pueblos.
11. Que la revolución no se detiene, o deja de ser revolución.
12. Que la vida es un eterno batallar.
13. Que es ahora más fuerte que nunca, porque: i) ha resistido los embates de 10 períodos presidenciales consecutivos del poderoso vecino del norte, ii) ha sabido desarrollar ampliamente su cultura, iii) ha logrado un amplio desarrollo social que se manifiesta, entre otras cosas, en los índices de educación, salud, deportes, muy baja mortalidad infantil y muy alta esperanza de vida que sobrepasa los 80 años, iv) constituye un estandarte de lucha de todos los pueblos que aspiran a ser libres e independientes y, v) el pueblo esta dispuesto a llevarla adelante.
14. Que es nuestra, de todos los latinoamericanistas que creemos que nuestros pueblos están emergiendo, vigorosos y dispuestos a asumir el reto de construir nuestro propio destino.



