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El Salvador, Domingo 12 de Febrero de 2012
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Sábado, 27 de Diciembre de 2008 / 09:08 h

El Suchiate un punto de convergencia entre tráfico ilegal de personas y contrabando

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Guatemaltecos y mexicanos son los que más usan el paso por esta frontera natural. Aunque los centroamericanos que van indocumentados a Estados Unidos se les suele ver pasar.

Guatemaltecos y mexicanos son los que más usan el paso por esta frontera natural. Aunque los centroamericanos que van indocumentados a Estados Unidos se les suele ver pasar.



Iván Escobar
Ciudad Hidalgo/México
Texto y Fotos

El Río Suchiate es la frontera natural entre los poblados de Tecun Umán, Guatemala, y Ciudad Hidalgo, México. La zona es considerada como uno de los puntos fronterizos de más paso de migración ilegal y contrabando de mercadería de todo tipo, a la vista de autoridades migratorias.

El río nace en las proximidades del volcán Tacaná, en la sierra Madre centroamericana, durante su trayecto se convierte en una frontera natural entre ambos países, que recorre 81 kilómetros, para desembocar en el Océano Pacífico.

Este es otro los lugares por los cuales migrantes indocumentados, provenientes de la región centroamericana, propiamente, se ven obligados a transitar en su intento por lograr llegar a los Estados Unidos, en una ruta llena de peligros y constantes amenazas.

Las aguas tranquilas de este río, contrastan con el movimiento de personas, balsas improvisadas y autoridades migratorias que no se inmiscuyen en nada que tenga que ver con el paso ilegal de productos o personas como se acostumbra a hacer en la zona.

“Aquí esta prohibido hacer fotografías, porque es un punto fronterizo”, advierte la voz de un agente migratorio en la frontera de Ciudad Hidalgo; la advertencia es a un grupo de turistas y periodistas salvadoreños que llegan al lugar por primera ocasión.

Unos metros más adelante otro agente indica que debemos caminar por un pasillo que conduce a las personas al puente fronterizo y desde todo aquel que llega hasta ahí –después de cancelar un peso mexicano por persona- puede ver el paisaje fronterizo. Aunque el mayor punto de atracción son las innumerables balsas que una a otra se atraviesan el río llevando consigo: mercadería, personas, turistas, y uno que otro migrante que busca el “sueño americano”.

Ciudad Hidalgo está a un poco más de una hora de distancia desde Tapachula, ambas ciudades del Estado de Chiapas, muestra otra de las caras de la migración ilegal, que en esta ocasión se diluye en una ciudad meramente comercial y de gran movimiento de mercadería principalmente alimentos y productos de primera necesidad.

En el punto conocido como “el paso del palenque”, en las riberas del río, del lado mexicano, se puede apreciar la actividad “comercial” que se extiende por más de 12 horas (7 a.m. a 8 p.m.), toma un pequeño descanso Samuel, un joven guatemalteco de 16 años, que se dedican al traslado de personas desde hace cuatro años.

Durante este tiempo asegura que ya se ha adaptado al trabajo, que le permite junto a otros tres miembros de su familia sobrevivir, con cada uno de los viajes que desarrollan cada día. Además, advierte que la época invernal “es la de mayor riesgo”.

Los “Chalanes”, como se les conoce a estos hombres y jóvenes en su mayoría, alquilan las balsas elaboradas artesanalmente, y cobran de 10 a 20 pesos mexicanos o su equivalente en quetzales.

La moneda no es impedimento para pactar el paso, incluso llegan a aceptar dólares de parte de uno u otro turista. Samuel asegura que por el lugar ha visto pasar centroamericanos que van ilegalmente para los Estados Unidos, “un favor yo por lo menos no se lo niego a nadie”, enfatiza el joven, tras dejar en claro que ha ayudado a muchos a atravesarse el río.

Incluso, advierte que en su mente ha estado presente también el interés de emigrar a los Estados Unidos, “en mi país no hay muchas oportunidades, mire lo que hacemos. Eso apenas nos ayuda a sobrevivir”, reitera.

Misma opinión tiene German Robledo, también guatemalteco, y uno de los comerciantes que llega hasta Ciudad Hidalgo a comerciar frutas y otros productos. “Yo antes trabajaba en una oficina, desde hace cuatro años trabajo en esto… con esto uno gana para los frijolitos”, advierte este hombre residente en Tecun Umán.

Robledo gana unos 50 quetzales diariamente, con esto asegura sostiene a su pequeña familia, entre ellos dos niños de 3 y 5 años de edad. “No nos queda mucho, porque de ahí se saca para la comida, educación y el doctor”, relata, este hombre que al igual que muchos hacen cerca de cinco viajes al día.

Los “Chalanes” reiteran que en temporada mala ganan 50 quetzales diarios, “pero en temporada buena, se puede ganar hasta 200 quetzales”.

Entre el bullicio de lado a lado de la frontera, se entremezclan los “coyotes” o “polleros” como se les llama a los que llevan migrantes ilegales. Sin embargo, los habitantes de la zona, no hablan abiertamente del tema de paso de migrantes, pero aclaran que hoy en día el paso ha disminuido, en comparación al paso que había antes del paso de la tormenta Stan, en 2005.

Samuel dice que llegan a cobrarse por los “polleros” hasta $35 mil quetzales a las personas que van ilegalmente, cifra que muchas veces pone en qué pensar a los que quisieran migrar como el caso de él, pero añade que se ha visto tentado a irse de su país, ante la falta de oportunidades de desarrollo.

La migración ilegal es un fenómeno que ha impactado en las sociedades centroamericanas, en El Salvador se dice que cerca de 300 personas emigran diariamente, muchos de ellos no llegan por diversas razones: los capturan en el camino, son asaltados o en el peor de los casos son heridos y hasta asesinados por bandas de delincuentes, a esto se suman los atropellos que reciben de parte de autoridades policiales mexicanas.

De acuerdo al informe “La crisis de derechos humanos en al frontera sur de México”, los países con mayor migración en 2007, fueron: Honduras , 37.2%; El Salvador, 32.3%, y Guatemala, 21%; y las edades van de 21 a 30 años (50%).

“Los migrantes centroamericanos en territorio mexicano, tanto documentados como los indocumentados, presentan un estado de indefensión que propicia abusos alarmantes y de manera paralela, hace que los afectados no denuncien las vejaciones que padecen”, destaca el informe.

Esta nueva zona deja en claro que en cada paso que se da, los migrantes son vulnerables a las amenazas existentes, muchas de estas amenazas son desconocidas por aquellos que al verse desesperados se embarcan en una aventura que en muchos casos les cuesta la vida.

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