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El Salvador, Viernes 25 de Mayo de 2012
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Miércoles, 24 de Diciembre de 2008 / 08:51 h

Vida y milagro de los padres somascos en El Salvador, San Salvador Centroamérica

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Por el Pc-surv
Lucy Ortíz

La crisis económica que afecta a los más pobres de este país, “a los trabajadores”, siempre ha existido, dijo el padre Sebastián Martínez, rector del Instituto Emiliani, ubicado en La Ceiba de Guadalupe, salida a Santa tecla, y que gentilmente nos hizo una verdadera exposición del trabajo que están realizando en favor de las y los más necesitados desde su fundación en 1921 hasta hoy día.

Mientras el ingeniero José Ramón Cornejo, coordinador general de proyectos de la institución reforzaba el relato con sus conocimiento, que resultaban una hermosa realidad, el padre Sebastián, aseguró que la guerra vino a agravar la situación de abandono que vivía su pueblo, incrementándose la violación a los Derechos Humanos y que siempre la Congregación de los Padres Somascos estuvo y ha estado trabajando en pro de mitigar un poco el dolor de los hijos de El Salvador, dedicándose principalmente a servir a la juventud, con una atención especial para cuantos viven en condiciones de abandono y desamparo.

Esta es la razón por la cual en las distintas áreas donde se produce un fenómeno ya sea natural o provocado por la avaricia del hombre, allí esta nuestra mano, allí ponemos la mano de nuestro Santo Jerónimo Emiliani, para hacer vivir su mandamiento.

Entre el 10 y el 15 de octubre del 2008, una comisión de Proyecto Sur, realizó encuentros con sus miembros, colaboradores y organizaciones afines en El Salvador, donde, entre otros, los padres somascos nos brindaron su apoyo e información de sus proyectos en desarrollo, agregando un poco de historia que vino a relevar la realidad actual y a poner en marcha un plan de visitas a centros donde se están llevando a cabo las obras benéficas; el ingeniero Cornejo nos explicó que los Religiosos Somascos en El Salvador ha alcanzado méritos de primeros lugares, perseverando concordes en la oración y en las obras, juntos en el trabajo y dedicados especialmente, a la formación humana y cristiana.

Al preguntarle cómo y por qué surge la Congregación Somasca dijo… «los conceptos de pueblo y comunidad no tienen un estatus estable económicamente, por ende en cualquier rincón del mundo y en cualquier tiempo existe la necesidad de trabajar con los desposeídos; es así que desde hace muchos años esta congregación trabaja con proyectos para desamparados». Fundada por San Jerónimo Emiliani, con el nombre de ‘Compañía de los Servidores de los Pobres’, fue aprobada por el Papa Pablo III en 1540 y, más tarde, San Pío V la elevaría a la categoría de Orden Religiosa con el nombre de Orden de los Clérigos Regulares de Somasca o Padres Somascos, en 1568, por el lugar donde vivió y murió el fundador.

El espíritu de San Jerónimo sigue siendo el mismo que dio vida al nacimiento de la Congregación, la Orden humilde de los Padres Somascos está presente, en los continentes de Europa, América, África, Asia y Oceanía, atendiendo las necesidades de la juventud desamparada del mundo, con el fin de que su obra salga del sueño, que sea verbo no sustantivo. En el recorrido por los hechos somascos, nos encontramos nada menos que las obras hechas hombres y mujeres, que trabajan para hacer de la palabra, el amor y la fe, que construyen en un mundo con pocas perspectivas, una brecha de nuevas esperanza, para hacer realidad los sueños, dejando al margen la teoría, yendo a la práctica, vemos como realizan sus talleres de capacitación, tanto en lo material como en lo espiritual.

Los padres somascos, en tiempos de la guerra en El Salvador, alojaron a mujeres, ancianos y niños desamparados; por los años 80, en atención a un llamado que les hiciera Monseñor Romero, crearon en el Seminario Somasco, en la Ceiba de Guadalupe, un campo para refugiados, donde siguieron el ejemplo del fundador, viviendo en comunidad con los mas afectados por la guerra, no solo brindándoles un lugar donde alojarse y darles un poco de pan, sino un lugar donde refugiar sus lágrimas, su dolor de haber perdido a sus seres queridos, un lugar donde el sol alumbrara a través de la mirada de hombres de buena voluntad.

“Los sacerdotes” que les vieran con cariño, que les permitiera saber que todavía hay amor bajo la sombra de los árboles somascos, que lo pusieron todo al servicio de los desposeídos de sus derechos mas elementales, “la vida” perseverando concordes en la oración y en las obras. Juntos en el trabajo y dedicados especialmente, a la formación humana y cristiana de los que sin proponérselo se convirtieron en perseguidos, viviendo día con día, el milagro de la palabra y los hechos, los sacerdotes en los cuales los niños huérfanos veían a unos padres, a unos hermanos, un verdadero rayo de luz en las penumbras.

Por su apoyo a los desplazados, los padres somascos, en la época de la guerra; enfrentaron serios problemas, amenazas y acusaciones por su solidaria actitud. En muchas ocasiones demostraron esa responsabilidad por su pueblo, recordamos algunas anécdotas, que tienen sabor amargo, como el de una balacera originada una noche inesperada, los soldados apuntaron hacia el campo para refugiados, en la planta alta se encontraban varias señoras con niños, una tenía en brazos a sus dos hijas gemelas, desgraciadamente le cayó una bala en el pecho, allí murió abrazada a sus dos hijitas que quedaron huérfanas de padre y madre.

Otro caso muy impresionante, que nos contó el padre Chano, como le llaman los niños, es que en una ocasión llegó una pareja provenientes de Chalatenango, una joven madre desbordada en lágrimas, habló con el padre para pedirle albergue en el campo para refugiados, pues su madre se encontraba allí y le contó que los soldados llegaron al valle, que invadieron todo la vecindad, ellos lograron salir, pero su hija de unos 4 años quedo en la casa, que ellos no sabían que pasó con su hija, que no pudieron regresar a su lugar porque quemaron las casa y capturaban a todos los que se dejaron ver por los soldados; el padre Sebastián, con el fin de consolar a los que lloraban su dolor le prometió que trataría de ayudar, en lo que fuera posible y que todo se podía solucionar.

Desde ese día el padre, se dedico a investigar el caso de esa niña desaparecida, preguntaba siempre y se acordó de una amiga que tenia en la Procuraduría de menores y allí fue con la fe viva; resultó que justo en esos momento un coronel del ejército estaba tramitando la adopción de una niña, cuyo nombre coincidía con el de su búsqueda, le pidió a su amiga que lo ayudara a investigar ese caso porque creía que esa niña no estaba huérfana y que el sabía de sus padres; regresó al campo para refugiados, investigó más a fondo, y el segundo día hizo que doña Elena, abuela de la niña, fuera para ver si se trataba de la misma niña que estaban buscando, que era su nieta, los resultados fueron positivos, en efecto era la niña que se quedó perdida y se la habían llevado los soldadas logró regresar con sus verdaderos padres al refugio.

Otro caso impresionante dentro del refugio en la Ceiba de Guadalupe, fue la muerte de una señora en momentos que se perfilaba la insurrección del ochenta; por medidas de seguridad se prohibió a los refugiados salir de la zona, así fue como sus familiares decidieron sepultar su muerta en una barranca aledaña. El padre Sebastián llegó cuando se disponían llevar el cadáver en una camilla de sábanas, para sepultarla, y dijo: ¡No, eso no se puede hacer! yo me responsabilizo de ese cadáver. Salió casi corriendo, ni el se acuerda de como lo logró, pero una hora después regresó con un rústico ataúd, y un seminarista que lo acompañaba, así se llevaron el cadáver en un «pick up» y le dieron cristiana sepultura en el cementerio de Antiguo Cuscatlán.

Muchas otras anécdotas envuelve al seminario somasco, que reviven ese desesperante pasado, todos, refugiados y sacerdotes sentían la vida tan frágil, tan vulnerable, en esos momentos de sumo irrespeto a los derechos humanos, de atroces y denigrantes abusos a la población civil.

Dijo el padre Sebastián que “a sus refugiados los miraba como a sus propio hijos, y que compartían ese granito de fe, alimentado con amor, nuestra ayuda material y espiritual, hemos ido asumiendo múltiples tareas asistencial, educativa de prevención, de promoción humana y cristiana... dando siempre la preferencia a los niños y a los jóvenes, llevando a la realización los proyectos que diseñara nuestro querido padre Navarrete, que siempre estuvo pendiente de los que lloraban por hambre, de los que sufrían, y tenían la oportunidad de sobrevivir ante el siniestro del odio que ocurría en el Salvador.

El padre Rigoberto Navarrete, fue el cerebro para la iniciativa, recogía e incorpora la pluralidad de ideas creadoras de nuevos horizontes, que se abrieran para nuestro país, destacando la consulta sobre los derechos de los pobres, así realizar brechas de ayuda, cuyas conclusiones siempre estuvieron en favor de preservar la vida, el encuentros con pueblos y comunidades, poniendo sus proyectos como un coloquio para debatirse con la crisis imperante, envolviendo en el desarrollo del trabajo a todos los padres con quienes compartía su vida y sus ideas en el Instituto Emiliani”.

Una de las memorias más arraigadas, es la del padre Miguel de Marchi que se dedicaba a atender a los enfermos, poniendo sus conocimientos de paramédico que fue durante la 2ª Guerra Mundial, al servicio de las y los más necesitados y así cumplir con el mandamiento del Santo Jerónimo Emiliani.

El Padre Miguel de Marchi por ser el capellán de la Escuela Militar de San Salvador también tenía un grado militar.

Muchas de las obras somascas tuvieron su origen en la iniciativa del padre Rigoberto Navarrete Larreynaga. Otro santo padre que vive en la obra y seguirá adelante viviendo y reviviendo su memoria, reviviéndole en cada proyecto a realizar en beneficio de la urgente necesidad, así han venido otros y otros proyectos, en una cadena inclaudicable, hasta el día de hoy, el espíritu es el mismo que dio vida a sus a tantos proyectos benéficos.

La obra de asistencia a los huérfanos, es actividad especifica de los herederos de San Jerónimo, la preparación de los niños para la vida es la preocupación cotidiana de los Padres Somascos, dijo el ingeniero Cornejo, mientras nos dirigíamos a un centro donde se imparten talleres de formación profesional a jóvenes y se asiste a niños huérfanos.

Con más de 80 años en El Salvador, la Congregación Somasca ha fundado y asistido diversas obras entre las que se pueden mencionar: Parroquia El Calvario, en San Salvador; Parroquias de la Ceiba de Guadalupe y Santos Niños Inocentes, en Antiguo Cuscatlán; colonia Emiliani, en Soyapango (víctimas de terremoto), colonia Emiliani en el Valle de Zapotitán (desplazados de guerra), Instituto Emiliani en San Salvador, entre otras.

Guacotecti, en el departamento de Cabañas, se encuentra ubicado en la zona Central de la República, limita con los departamentos de Chalatenango, Cuscatlán, San Vicente, La Paz y San Miguel. Guacotecti es el municipio más pequeño del departamento de Cabañas. Su población actual sobrepasa los 4,000 habitantes. Su gente vive del cultivo de maíz, fríjol, maicillo y pequeños negocios dentro de la comunidad, además de la ganadería y de las remesas familiares.

Los Padres Somascos remo- delaron recientemente, gracias a la ayuda internacional, una casa antigua ubicada a la salida de Guacotecti y que a mediados del siglo pasado fue construida para instalar el seminario somasco; fue bautizada como Centro Monseñor Oscar Romero e instalaron en ella el Hogar Infantil Emiliani, que atiende a 12 niños, y el centro de Formación Profesional P. Rigoberto Navarrete en donde se preparan a niños, jóvenes y adultos sin importar su sexo, raza, credo o preferencia política, según nos explicó el ingeniero Cornejo, razón por la cual fue tildado de genio de la historia por Lucy Ortíz, quien quedo maravillada y muy feliz de haber viajado con él, al centro de talleres Guacotecti.

LOS PADRES SOMASCOS, tienen instalados talleres de panadería, cocina, instalaciones eléctricas residenciales, un centro de cómputo. Se cuenta con salones amplios y equipo actualizado, para su funcionamiento, se apoya en el aporte solidario de personas, entidades nacionales y extranjeras que desean contribuir al desarrollo integral de los sectores poblacionales más necesitados, en especial del Departamento de Cabañas. Al momento de nuestra visita encontramos un grupo rotativo de señoras aprendiendo a fabricar pan de variadas clases, con el fin de poner su propia producción en casa y así poder subsistir con las pequeñas ganancias; una señora nos dijo que ella ya tenia su propia producción pero que seguía aprendiendo a hacer más variedades.

Otros grupos están estudiando computación mientras visitábamos el sector donde atienden a los niños huérfanos, corroborábamos la obra de asistencia a los huérfanos, actividad especifica de los hijos de San Jerónimo y en general la educación porque es la que les permite que se inserten en la vida, formados cristianamente y preparados para la profesión y el trabajo.

Fiel a este espíritu del Fundador, la Orden humilde de los Padres Somascos está presente con sus obras, en Italia, Suiza, España, Polonia, India, El Salvador, Guatemala, Honduras, México, Estados Unidos, Brasil, Colombia, Islas Filipinas, Sri Lanka, Rumania y Mozambique.

Y en El Salvador, el centro de asistencia a niños huérfanos, en ese hermoso e higiénico lugar de Guacotecti, abrazado por la madre naturaleza, además de las atenciones que reciben de los padres somascos, gozan de libertad, viven en comunidad, como verdaderos hermanos, en sus caritas se refleja la esperanza de un día nuevo, juntos abrigan un sueño que mañana será realidad, los niños tienen desde ya proyectos para la vida, eso significa que se sienten seguros bajo la protección de la congregación.

En páginas anteriores hablábamos de los diferentes proyectos que los padres somascos han establecido, en diferentes lugar y por diversas razones, dentro de una considerable diversidad de ideologías, por que en el tiempo de guerra y en los campos para refugiados se juntaron cientos de personas con diversos patrones de vivir y pensar, pese a que todos eran salvadoreños, eran proveniente de ese pequeño país, se gozaban de una misma cultural, con diferentes modalidades, basadas en su propia lógica, las consecuencias de tales pautas arrojaban resultados un poco difíciles pero muy interesante para la consolidación de una nueva sociedad, cada vez más fragmentada, decidida y capaz, gracias a las atenciones y esmero de la congregación, la confianza que los padres depositaban en los niños, era la mayor contribución, la mas acertada para el desarrollo de la población infantil, después de haber experimentado momentos denigrantes, esto les permite una mayor cohesión social, un mejor aprendizaje en el camino de la vida.

Después de permanecer unos años viviendo hacinados en el campo para refugiados, hubo necesidad de hacer reubicaciones para que la población pudiera desarrollar su actividad normal, aun bajo el intenso peligro de ser víctimas de la violencia, los padres somascos eligieron 30 familias, viudas de guerra y las reubicaron en el valle de Zapotitán, donde los padres les proporcionaron las herramientas para que pudieran proveerse por si solos, con muchos éxitos, ya que después de mas de 20 años, al parecer la producción continúa y los padres somascos siempre están pendientes de la comunidad, así como los padres de familia, que sus hijos crecen y sobreviven solos, pero nunca dejan de ser sus hijos.

Este viaje por la vida de los padres somascos, ha sido como navegar por los grandes océanos a los que no se puede alcanzar el fin.

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