TeleSUR
Este fin de semana 13 personas fueron halladas decapitadas en Guerrero, entre ellas ocho efectivos militares y el ex director de la policía preventiva estatal Simón Wences Martínez. Los restos se localizaron en distintos lugares de Chilpancingo (oeste).
El gobernador de la entidad, Zeferino Torreblanca Galindo, confirmó que ocho cuerpos decapitados encontrados en la capital de Guerrero pertenecían a elementos del Ejército Mexicano.
Aseguró además que otras cuatro víctimas halladas en el puente de Quetzalapa, municipio de Huitzuco, no tenían aparentemente relación con los casos de Chilpancingo.
Los cuerpos decapitados de los militares fueron trasladados al Servicio Médico Forense en Chilpancingo, que fue resguardado por decenas de soldados encapuchados y fuertemente armados, que impidieron a periodistas y a cualquier vehículo acercarse a las inmediaciones.
La Secretaría de Defensa Nacional (Sedena) atribuyó este ataque a una reacción del crimen organizado como consecuencia "los fuertes golpes del Ejército y Fuerza Aérea" y que han provocado una "merma" entre esos grupos.
Inicialmente, el servicio médico forense informó que siete de los cuerpos de los decapitados habían sido identificados como militares, uno más era un civil de profesión abogado y otro permanecía en calidad de desconocido, aunque finalmente fue identificado como militar.
Fuentes de la policía estatal afirmaron que los soldados decapitados pertenecían a la 35 Zona Militar, con sede en Chilpancingo, y fueron levantados "al azar" por un comando armado la noche del sábado, cuando salían francos del cuartel.
La fuente dijo tener sustento de los culpables en un mensaje hallado en un centro comercial, que indicaba: "por cada uno que me maten, yo les voy a matar a 10".
Guerrero es uno de los estados donde los carteles del Golfo y el de Sinaloa, aliado con las organizaciones criminales locales, libran una lucha de territorios y en los últimos dos años se han registrado al menos tres episodios de decapitaciones, incluidas las de dos policías federales.
Sin embargo, este ha sido el golpe más duro que ha sido propinado al Ejército mexicano, la parte medular de un operativo federal de más de 36 mil elementos desplegados para combatir el crimen organizado, al cual se atribuyen más de 5 mil 300 muertes violentas.



