Como era de esperar, algunos empresarios salvadoreños han comenzado a presionar a sus trabajadores para que no voten por el FMLN, y han salido en los medios de derecha, para hablar de “incertidumbres”, si gana la fórmula del cambio. Otros empresarios, por supuesto, no sólo no creen esas patrañas, sino que apoyan la candidatura presidencial de Mauricio Funes.
En cuanto a los primeros, obviamente, hasta se les puede dar la razón. Y es que, con los cuatro gobiernos de ARENA, un pequeño sector de la gran empresa se ha beneficiado, pues, no sólo no han pagado los impuestos como la ley manda, sino, que se han favorecido con leyes para no tener competencia.
Los banqueros salvadoreños, por ejemplo, cuando vendieron sus acciones a la banca internacional, no pagaron ni un tan solo centavo de dólar en impuestos.
Esos empresarios, llamados “gran empresa”, no todos por supuesto, son los que tienen miedo de que llegue un gobierno de izquierda, que llegue Mauricio Funes, pues, claro está, un gobierno del FMLN no andaría con medias tintas en cuanto a cumplir la ley, sobre todo la ley fiscal.
Mauricio Funes ha dicho, en reiteradas ocasiones, que combatirá, con todo rigor la elusión y la evasión fiscal. Es decir, no permitirá que malos empresarios no paguen sus impuestos como la ley lo ha establecido.
Estos empresarios, por supuesto, tampoco creen en la democracia, pues, si así fuera, no tuviera temor de que se diera la alternancia en el poder político, tal como lo estipula nuestra Constitución.
Y es que están acostumbrados a ordenar al gobernante en turno, y hasta a dictarles las leyes, si no es que se las dan ya elaboradas. Dos ejemplos de ello ha sido, por un lado, el Reglamento que la grandes empresas telefónicas le hicieron al ejecutivo para plasmar sus reformas a “imagen y semejanza” de aquellas. O, la Ley de Turismo, que fue elaborada por una familia pudiente para su beneficio. Estos son, obviamente, los que tienen miedo de que gane un gobierno de izquierda, porque perderán esos privilegios. Pero, el pueblo ya se decidió por el cambio, de ahí que los temores de esos pocos empresarios, serán simplemente “cantos de sirenas”.



