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El Salvador, Viernes 25 de Mayo de 2012
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Miércoles, 17 de Diciembre de 2008 / 09:42 h

Pacific Rim Vrs. El Salvador

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Carlos Girón S.

Una vez más, la Iglesia Católica salvadoreña ha reiterado su firme y frontal rechazo a la explotación minera que con pertinaz terquedad quiere llevar a cabo en nuestro país la Pacific Rim.
 
El pasado domingo 14 del corriente, el Arzobispo Metropolitano, Monseñor Fernando Sáenz Lacalle, volvió a condenar las pretensiones de dicha empresa en los términos más severos que caben y que interpretan la posición de la Conferencia Episcopal de El Salvador.

En su acostumbrada conferencia de prensa, el prelado leyó un documento al que tituló: “Pacific Rim vrs. El Salvador”. Certero. Porque es el país entero, todo el pueblo, el que está en pie de lucha para defender su soberanía y su integridad territorial de la invasión colonialista y explotadora extranjera, lo cual desgraciadamente no han sabido hacer ni la Asamblea Legislativa ni el Poder Ejecutivo, como se los manda la Carta Magna.

En vez del Gobierno, ha sido Monseñor Sáenz Lacalle, quien lo ha dicho con toda energía: “No es justo arriesgar la salud de un pueblo y dañar el medio ambiente para que unos pocos que no viven aquí se lleven el 97% de las jugosas ganancias, pero nos dejen el 100% del cianuro”.

Los dos Poderes del Estado indicados también están incumpliendo el precepto constitucional que les ordena velar por la vida y la seguridad de los habitantes. Esto es grave dado que se han denunciado cientos  de casos de adultos y niños que han contraído serias enfermedades, como cáncer, insuficiencia renal, erupciones cutáneas, vómitos, etc. en localidades de San Isidro, Departamento de Cabañas, como consecuencia de las sustancias venenosas (metales pesados) utilizados por la Pacific Rim en trabajos de exploración.

Aparte de lo anterior también está el grave daño a nuestros recursos naturales con la contaminación y envenenamiento de ríos y manantiales, muchos de los cuales se han secado, sumiendo a la población en la miseria por la carencia de agua para su consumo, sus siembras y el ganado. De éste se reporta que han muerto muchos ejemplares, sin que sus dueños hayan recibido compensación alguna. 
Ya he señalado en comentario anterior que de consumarse esta otra forma de traición a la Patria, dándole a la Pacific Rim los 29 permisos de explotación de oro y plata que pretende, todo vestigio de vida humana, animal y vegetal se extinguiría en nuestro territorio, que se convertiría en un desierto.

¿No es a eso a lo que nos arrastraría la insaciable sed de los explotadores? Geólogos de la Universidad de El Salvador han revelado que para procesar el oro y la plata se gastarían  un poquito menos del ¡MILLÓN DE GALONES DE AGUA POR DÍA!

¡Ah!, pero no satisfecha con todo el gran daño que ya le ha causado a nuestra población y al país, la Pacific Rim  pretende entablar una demanda contra del Estado salvadoreño para que le compense con 70 millones de dólares, por no aprobarle 29 permisos para cometer el saqueo en grande de nuestras riquezas y por supuesta inversión que ha hecho en instalaciones para sus fatídicos proyectos.

Si otro fuera el Gobierno, si de veras conociera lo que es tener “sentido humano”, de inmediato hubiera rechazado la amenaza y advertir que es a él, al que le correspondería demandarlos a ellos por cantidades mucho mayores, por los graves daños ocasionados a nuestra población, al medio ambiente y al país.

Por el momento y mientras pasa el pandemonium electoral, los bucaneros extranjeros han detenido su insidiosa campaña en todos los medios de comunicación ponderando las pretendidas bendiciones que la minería acarrearía a los salvadoreños. El compás de espera obedece a la esperanza de un triunfo electoral del partido tricolor que, si por desgracia sucediera así, les abriría de par en par las puertas para que tomaran posesión de nuestra Patria y arrasaran con lo que quisieran, comenzando por volver esclavos a miles de compatriotas, obligándolos a entrar profundo en las grandes cavernas para arrancar los preciosos metales de las entrañas de nuestra madre tierra. Lo grave y peligroso sería que con el oro y la plata sacaran muchos cadáveres envenenados con cianuro y demás sustancias tóxicas utilizadas en el proceso.

Pero eso, ¿qué importa si son indios los que morirían, semejantes a los que esclavizaron los españoles durante la conquista, cuando también se llevaron muchas de nuestras riquezas?

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