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El Salvador, Sábado 18 de Mayo de 2013
Última actualización : 5/11:57 h.

Lunes, 15 de Diciembre de 2008 / 12:18 h

El rey de fuego

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NARRADORA: Hace muchos, muchísimos años, la mitad de la tierra estaba cubierta de hielo.

LEÓN: ¡Uy, señor mono, pero que frío hace!

MONO (TARTAMUDO):  Cierto señor león, yo estoy ti-ti-ti-ti-tiritando.

NARRADOR: Hasta que un día, sucedió algo extraordinario…

TRUENOS.

MONO: ¡Y encima, tor-tor-tormenta! Vamos, señor León, busquemos co-co-co-cobijo debajo de aquellos árboles…

NARRADORA:  Fue entonces que un gran estruendo se escuchó en el cielo y de las nubes salió un rayo de luz que cayó sobre uno de los árboles.

GRITO.

LEÓN: ¿Qué fue eso?... En mi vida he visto nada igual…

MONO: Me-me-me-mejor no nos acerquemos.

LEÓN: ¿Quién dijo miedo, señor mono? Recuerde que está junto al más fuerte de la selva (RUGIDO). Vamos, tenemos que averiguar qué es eso amarillo que cruje en medio de los árboles.

NARRADOR: Ningún animal había visto algo así. Eran unas lenguas amarillas que se movían, se movían…

MONO: Señor león, que bu-bu-bu-bueno está esto. Al acercarme se me quita el frío.

LEÓN: Sí, ¿pero qué rayos es esto?

MONO:  Fue-fue-fue...

LEÓN: ¿Qué fue?

MONO: Fuego…

LEÓN: Muy bien, así lo llamaremos, fuego.

MONO: No, yo decía que fue golpe de un rayo.

LEÓN: Atiéndeme, mono. Debemos informar a todos los animales de la selva de este descubrimiento. Ve y avísales…Yo me quedaré aquí, bien calentito, cuidando este regalo de los dioses.

NARRADORA: El mono fue veloz avisando a aves y reptiles, peces y felinos, insectos y roedores. Todos se acercaron sorprendidos hasta la desconocida fuente de calor.

LEÓN: Queridas y queridos animales de esta selva. Yo acabo de descubrir…

MONO (TOSE).

LEÓN: Bueno, quiero decir con la ayudita del amigo mono, el remedio contra el frío. Lo he llamado… ¡fuego!

TODOS: ¡Fuego!

MONO: Es verdad, uno se acerca y ya no siente frío… ¡acérquense, ve-ven-ven-gan!

LEÓN (RUGIDO): Un momento, un momento. Cómo rey de la selva que soy, me corresponde a mí proteger este tesoro. Así que nadie, repito, nadie podrá acercarse al fuego sin mi permiso. ¿Entendido?

MURMULLOS.

NARRADORA: Los animales regresaron desilusionados a sus frías madrigueras. Sólo el león y algunos de sus amigotes podían acercarse al fuego.

TIGRE: ¡Esto es vida, amigo león!... Qué rico estar cerca del fuego… Si quieres, ve a cazar algo, nosotros cuidaremos la llama.

LEÓN: ¿Qué te has creído, tigre?... Sólo yo, el rey de la selva, puedo hacerme cargo del fuego.

TIGRE: Pero mírate, esas ojeras, te estás quedando en los huesos…

NARRADORA: El león estaba agotado. No comía, no dormía, todo por cuidar el fuego… Una noche, vencido por el cansancio, se fue quedando dormido. Horas después, despertó sobresaltado…

LEÓN: ¿Quién apagó la llama? (RUGIDOS)

NARRADOR: Los rugidos atrajeron a todos los animales de la selva que miraban sorprendidos al furioso león.

MONO: Na-na-na-die la apagó, león. Seguro que te-te-te-te quedaste dormido. Eso te pasa por no dejarte ayudar.

LEÓN: ¿Y ahora, qué vamos a hacer?

NARRADORA: Todos los animales se pusieron a conversar unos con otros, sin encontrar la forma de volver a tener fuego.

LIBÉLULA: Yo puedo. Yo sé como avivar la llama.

LEÓN: ¿Quién habla?... Que se acerque el que tenga alguna idea…

LIBÉLULA: Yo, señor león, aquí arriba. Soy la libélula y yo sé cómo avivar el fuego.

LEÓN (RIENDO): ¿Tú? ¿Un insecto insignificante vas a encender de nuevo el fuego?… A ti nadie te ha llamado… Fuera, fuera de aquí. No nos hagas perder tiempo.

RISAS.

NARRADORA: La libélula no se dio por vencida. Y mientras los animales seguían discutiendo junto al león, ella fue a organizar a sus amigas…

LEÓN: ¿Qué es ese ruido? ¿Qué es ese zumbido insoportable?

MONO: Son li-li-li-bélulas, señor león, miles de libélulas que vienen hacia aquí.

NARRADORA: El enjambre de libélulas volaron alrededor de la última brasa que aún guardaba un poco de calor y agitaron fuerte, muy fuerte, sus diminutas alas…

LEÓN: Ese zumbido me va a romper los oídos.

NARRADORA: De repente, en la brasa, apareció una pequeña llama de fuego…

TODOS: ¡Ohhh…!

MONO: ¡Tenemos fue-fue-fuego, señor, león!

NARRADORA: Todos los animales estaban felices. El león saltaba alegre sin darse cuenta que una chispa cayó sobre su lomo.

LEÓN: ¡Auxilio, auxilio!

NARRADORA: Todos los animales corrieron a ayudarle, pero era demasiado tarde. Casi todo su pelaje se había quemado.

MONO: ¡Qué pe-pe-pe-na, señor león!

NARRADORA: Desde entonces, los leones sólo tienen pelo en su melena y en la punta de la cola.

RUGIDO TRISTE.

NARRADORA: Y desde entonces también, cada vez que el león se pone fanfarrón, escucha un zumbido detrás de sus orejas, que le recuerda que no hay reyes en la selva, que todos los animales son necesarios, hasta las más pequeñas criaturas.

LIBÉLULAS: ¡Como nosotras, las libélulas!

NARRADORA: Y colorín colorido, ¿a quién se parece este león engreído?

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