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El Salvador, Viernes 25 de Mayo de 2012
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Lunes, 17 de Noviembre de 2008 / 14:40 h

Breve historia del dinero (3)

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NARRADORA: Para facilitar el comercio, la compra y venta de productos y servicios, la gente empleaba monedas. Y para facilitar el traslado de esas monedas, en el siglo 9, durante la dinastía Tang, los chinos inventaron…

CHINO: ¡La moneda de papel!

MUJER: ¿Una moneda de papel?

CHINO: Claro. Usted, señora, quiere viajar de esta ciudad a la otra ciudad. Entonces, usted deja las monedas de oro conmigo y yo le doy a usted este papelito…

MUJER: Estás loco, chino. ¿Cómo voy yo a cambiar oro por papelitos?

CHINO: Porque en este papelito, escrito con tinta china, dice: “Pagaré a la señora Juana Pérez la cantidad de cinco monedas de oro.”

MUJER: ¿Y después?

CHINO: Después, usted llega a la otra ciudad, entrega el papelito, y allá otro chino le devuelve su oro.

MUJER: Y por hacerme ese favor, ¿usted qué gana?

CHINO: Una pequeña comisión sobre la cantidad depositada por usted. ¿Qué le palece, señora?

MUJER: Me palece bien, chino… Pero… ¿y si por el camino me roban el papelito?

CHINO: No pasa nada. Porque ahí dice “Juana Pérez”. Sólo usted puede cobrar, el ladrón no.

MUJER: Ustedes los chinos se las saben todas, ¿verdad?

CHINO: Sabiduría milenaria, señora.

NARRADORA: Así fue que se inventó el “papel moneda”. También se inventaron los “bancos”, que recibían el oro y entregaban “pagarés” o “letras de cambio”, los abuelos de nuestros billetes actuales.

NARRADORA: En el siglo 14, los comerciantes venecianos se entusiasmaron con el invento chino…

ITALIANO: ¡Arrivederchi monedas y benvenuto papelitos!

NARRADORA: El sistema se extendió rápidamente. Al comienzo, todo era legal. Los banqueros sólo emitían papeles según la cantidad de oro recibido. Pero…

ITALIANO: Ascolta. En vez de tener el oro guardado, préstalo… (RISAS)

NARRADORA: Los banqueros recibían el oro de la gente y hacían préstamos a terceros cobrando altos intereses. De esta manera, los bancos de depósito se volvieron bancos de préstamos. Banqueros y usureros eran la misma cosa.

HOMBRE: Pero para hacer eso tenían que imprimir más papelitos que el oro que tenían guardado en sus cofres.

NARRADORA: Y eso fue lo que hicieron. Así que, pronto la ciudad de Venecia se encontró llena de papeles que marcaban un valor, pero no estaban respaldados por nada.

ITALIANO: ¿Qué quieren ustedes?

MUJER: Venimos a retirar nuestro dinero.

ITALIANO: Pero…

MUJER: Pero nada. Devuélvanos nuestro oro contante y sonante.

NARRADORA: En la Italia del renacimiento, los banqueros hacían sus negocios en los mercados, sentados sobre una banca de madera. Si los depositantes desconfiaban y reclamaban todos juntos al mismo tiempo…

ITALIANO: Un poco de paciencia…

MUJER: ¿Paciencia?... ¡Ahora vas a saber!

NARRADORA: … los clientes enfurecidos le rompían la banca en la cabeza. De ahí viene el nombre de “bancarrota”.

NARRADORA: Pero esto sucedía raras veces, porque la gente es confiada, y los papelitos circulaban, y todo el mundo estaba conforme. Sobre todo, los banqueros.

BANQUERO: Es un negocio redondo, redondo como una moneda de oro… ¡qué tontos, qué tontos!

NARRADORA: Usted se estará preguntando… ¿por qué soy tonto? ¿Dónde está el truco? ¿Cómo funciona un banco? Pero esto, se lo cuento en otro momento.
CONTINUARÁ...

BIBLIOGRAFÍA
Carlos Malbrán, Paren el mundo, me quiero bajar, octubre 2008.

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