Renán Alcides Orellana
Si bien el gane, más que merecido de Barack Obama pareciera no marcar diferencia con la actual política exterior de los Estados Unidos, lo cierto es que sí refleja cambio significativo a nivel continental que, por supuesto, inquieta a los gobiernos de derecha con todo y su fracasado modelo neoliberal. Es falsa, entonces, la aparente aceptación total de esos gobiernos a la llegada de Obama a la Casa Blanca. Menos que haya satisfacción, aunque intentar mostrarla les resulta conveniente. Comprensible entonces el lenguaje diplomático.
Haber seguido de cerca la campaña electoral y la disputa personal de los candidatos Barack Obama y John McCain, con todo y haber sido intensa y sostenida, permitió apreciar el grado de madurez partidaria y de la población en su trayecto y, especialmente, a la hora de los resultados que favorecieron al primero. Independientemente de las incidencias y algunas muestras de animosidad exacerbada, propias de toda contienda de esta naturaleza, el proceso se vio limpio. Sin triunfalismos altisonantes de Obama y con aceptación plena de McCain, fue una muestra de cultura cívica que ya vendría bien para estas latitudes.
Sin embargo, en el marco de la campaña electoral salvadoreña el contraste es abismal, de forma y contenido. Con las excepciones de toda regla, los indicios de un comportamiento digno y aceptable, especialmente de algunos políticos y las cúpulas partidarias, son casi nulos.
El afán de lograr posiciones sobre la base de que el fin justifica los medios, según Maquiavelo, les hace tirar por la borda los principios y hacer gala de la conveniencia: contradicciones, incoherencia, demagogia, promesas incumplibles y hasta renegar y condenar visceralmente a su partido político anterior. Sobre esto último, hay frases para la historia. Son muchas, pero dos a guisa de templo:
1). “El fraude siempre lo ha manejado la izquierda, lo hacen para que la gente no vote o para justificarse si pierden”, dijo Carlos Rivas Zamora, candidato presidencial del PDC (El Diario de Hoy, octubre 16/08, P. 6). ¿Sería él uno de los favorecidos con el “manejo de fraude” de su otrora partido, para ser alcalde capitalino?;
y 2). “Se ratificó que el FDR no tiene interés en una coalición con ARENA, pero no vamos a renunciar a los planteamientos en que somos coincidentes con él (Arturo Zablah)”, frase de Julio Hernández, Secretario General del FDR (La Prensa Gráfica, octubre 16/08, P. 26). ¿Y esa expresión de sí pero no? ¿Cómo desligar esos “planteamientos” en los que son “coincidentes” (FDR y Zablah) con los planes de ARENA; mismos planes, a propósito, que Zablah combatió hace un par de años, cuando públicamente se pronunció a favor de una alianza “para sacar a ARENA del poder”? Y, hay muchos ejemplos más…
¿Cómo aceptar que esto no suena a mero interés de lograr, “a como dé lugar”, un puesto político para beneficio personal? Esto, desde luego, sin perjuicio de reconocer el interés de los verdaderos ciudadanos (que los hay) de servir realmente a su comunidad. Y ¡vamos!, no se trata aquí de desprestigiar o favorecer a personas o a instituto político alguno. Esas valoraciones las hace la población honesta. Se trata de volver por los fueros de esa misma población, que pide respeto a su dignidad e inteligencia.
Por eso también, la población, otrora animada con la información veraz y oportuna, hoy resiente de algunos medios de comunicación social, periodistas y presentadores de TV, el evidente afán de publicitar (con todo derecho, aunque ya sin credibilidad) todo lo que pueda perjudicar al mayor partido opositor (FMLN) y a su candidato (Mauricio Funes), mientras a la inversa magnifican y hasta le enmiendan la plana al deficiente discurso de los candidatos oficialistas.
Algunos presentadores de programas de debate en TV, haciendo gala de una autodefinición de veraces e imparciales, con mal disimulado manejo arbitrario dan trato diferente al entrevistado, según sea el partido al que pertenece. Basta comparar una entrevista seria e incisiva (como debe ser) pero a todas luces tendenciosa a Mauricio Funes, con la amistosa y hasta con tintes de adulación a los candidatos oficialistas; y, peor, con las entrevistas como de cherada y folclóricas a otros personajes de la política criolla. Y en el mismo orden, imposible ignorar también la “coincidencia” de presentadores de TV, con línea clara de intentar desestabilizar a Funes con un interrogatorio diz que “apabullante”, teniendo como referente único (¿?) los artículos periodísticos de Joaquín Villalobos, cuya trayectoria, deserción partidaria y actual ubicación ideológica todo mundo conoce. No se vale.
Se puede, pero no se vale. No es justo para el periodismo salvadoreño que esa clase de referentes, las coincidencias o los conflictos de intereses, sean fallas que, a veces, se tornen gajes del oficio.
Renán Alcides Orellana- Escritor y Periodista salvadoreño, columnista de Diario Co Latino y Raíces.



