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Viernes, 07 de Noviembre de 2008 / 09:42 h

Fortaleciendo identidades: primer congreso centroamericano de museos

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Ramón Rivas

Conozco una frase que dice que “la cultura de un país se conoce por la cantidad de museos que posee”. Guatemala recién acaba de ser sede del Primer Congreso Centroamericano de Museos, un magno evento en el que participé en calidad de oyente por el Museo Universitario de Antropología de la UTEC. Bonita experiencia cuando solo se  escucha y se reflexiona.

En esta primera ocasión Guatemala fue elegida por Redcamus para ser la sede del encuentro. Se compartieron experiencias con los directores de los distintos museos de Centroamérica sobre temáticas variadas. Se trataba de una actividad en la que la Red Centroamericana de Museos  (Redcamus), un proyecto creado con el auspicio de la Agencia Sueca de Cooperación Internacional (ASDI) y la Colaboración del Museo de Antigüedades Nacionales de Suecia, han unificado a los siete países de la región en beneficio del sector museístico.

Considero que, por las temáticas que se abordaron, se trata de una gratificante iniciativa que persigue fomentar la diversidad y la riqueza cultural de los países del área con el único fin de conservar y difundir el patrimonio cultural por medio del estímulo planificado —desde los museos— de la educación no formal. Constantemente se escuchó en el congreso que Redcamus busca fortalecer el papel que los museos juegan en la sociedad a través de redes nacionales  —en cada país— de Centroamérica.

Claro quedó que  el objetivo es reforzar los museos de la región —estatales y privados— por medio del  intercambio de experiencias y compartiendo desafíos y cuellos de botella que toda sociedad y contexto social presenta. En este caso, fue interesante escuchar la ponencia de  Saúl Cerritos, quien compartió su experiencia concreta como coordinador del Museo Regional de Oriente en San Miguel.

Cerritos demostró que si no hay pasión y visión por parte de los que dirigen los museos, estos pueden nacer muertos y, así de paradójico que parezca, seguir viviendo muertos. Es más, en el caso de los museos estatales hay que sobrepasar barreras burocráticas; y  esto Cerritos lo demostró con ejemplos, que cuando hay creatividad y deseos de trabajar se pueden lograr muchas cosas. 

El mismo caso vale para el Museo de Antropología de San Pedro Sula en Honduras —semiprivado— que coordinó su fundación hace 15 años la Etnóloga Teresa Campos y que ahora es un importante recinto cultural y referente obligado en  San Pedro Sula.

Se trata de un museo dinámico y muy bien vinculado con la población y en especial con los jóvenes. Al igual que Cerritos, la presentación de doña Teresa Campos fue magistral e ilustrativa, sobre todo si se dimensiona sobre cómo se deben hacer las cosas.

De igual manera fue la interesante presentación  que se hizo  del recién conformado museo en San Juan del Obispo, en Guatemala, un poblado histórico cercano a la Antigua Guatemala. En este último —dijeron en la presentación— se ofrece un desarrollo conceptual único, que permite a la comunidad y al turista una interacción entre los elementos museográficos y la vida cotidiana de los pobladores. 

Un lugar singular por la historia colonial y religiosa del lugar. Claro ha quedado que el Museo de San Juan del Obispo, con su adaptación entre patrimonio cultural tangible e intangible, es ya un modelo de implantación para el fortalecimiento de la identidad cultural que puede existir entre un pueblo y su patrimonio.

De igual importancia, por su dinamismo y hechos concretos, fue la ponencia que ofreció la directora del Museo de Comayagua de Honduras. Por su parte, Rossanna Valls Solares del Museo Popol Vuh de Guatemala en su ponencia se refirió al enriquecimiento mutuo en los museos con la atención de los guías voluntarios. 

Entre muchas otras ponencias algunos se jactaron por sus múltiples viajes por todo el mundo. Habrá que reflexionar si estas iniciativas no son exclusivas de un grupo o persona y en el efecto que las mismas tienen para la comunidad. Los organizadores del Congreso nos  llevaron al museo Casa Mima, una casa histórica en pleno centro de la ciudad de Guatemala.

La arquitectura de la casa es única y la museografía es el vivo testimonio del pasado tradicional de la familia guatemalteca de la ciudad. Pero también visitamos el primer museo industrial de Guatemala, el Museo “Carlos F. Novella”,  cuya expresión recoge, en un apartado, la historia de esa importante empresa del cemento.

En una de sus salas se ofrece al público material arqueológico proveniente del valle El Mirador, en el departamento de Petén. Experiencia como esta me hacen pensar y redimensionar sobre el importante papel que puede jugar la empresa privada  en cuidar y difundir el patrimonio.

¡Qué excelente sería que iniciativas como estas calaran en los empresarios  de cada país centroamericano! Lo interesante, en estos casos, es que las renovaciones  de los museos, o la nueva museografía, no obedecen  solamente a criterios de carácter estético, sino más bien a cambios profundos en la sociedad. Es en la sociedad, y concretamente en determinados contextos enfocado en  una participación plena por parte de la ciudadanía, en donde ahora se busca encontrar y fortalecer su identidad.

En este sentido, cabe recalcar que la función de un museo es la de guardar el patrimonio material que da testimonio de un lugar, de un país. Además, el museo tiene una función educativa a través de las líneas didácticas que debe presentar para con ello difundir material especializado que apoye a la sociedad, para que esta entienda su historia y su presente.

Al acto asistieron estudiantes y profesionales que trabajamos en museos, y había además suficiente público interesado en las diferentes temáticas que se ofrecieron;  y se enfocaron en la historia de los museos aquellos elementos identitarios que estos representan.

Me llamó la atención que los museos militares de la región no tuvieron participación alguna cuando, si se visualiza desde la historia, estos museos ahora son un referente importante para redimensionar el papel que esta institución —dejando por una lado su participación en momentos atroces de la historia— ha representado para la sociedad y cultura de cada país.

La pregunta es: ¿Qué tanto nuestros museos centroamericanos están promoviendo la cultura en el marco de una legislación acorde al significado y valor que representa el patrimonio tangible e intangible? Se vuelve más crítico cuando ahora los vientos son integracionistas; pero en este aspecto —en lo referente a legislación— en cada país, más cuando a escala internacional, ya existe una clara reglamentación. Por lo menos en papel.

Claro ha quedado que la interrelación y comunicación del museo con una comunidad contribuye a generar acciones de rescate y preservación de sus costumbres y tradiciones para fortalecer la identidad.

No cabe más que felicitar  y agradecer a los organizadores guatemaltecos y a la presidencia de Redcamus por tan significativo acontecimiento.

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