Mariano Ramírez
Arena acaba de perder más que una apuesta. Más que un aliado. Acaba de perder un sostén de su errática estrategia. La derrota de los republicanos ha sido otro golpe.
Hasta hace unos días abrigaba la derecha salvadoreña una pequeña esperanza de que sobre el final de la campaña el candidato oficialista norteamericano terminara imponiéndose a Obama. Arena tenía esa expectativa pues el eje central, único, de su estrategia electoral es atacar al adversario. Con el triunfo demócrata se derrumbó, entonces, ese eje.
El encadenamiento de sinsabores de Arena es ininterrumpido. Nada le sale bien. Cambia de estrategas, cambia de publicistas, busca afanosamente un salvador, alguien que sea capaz de darle un impulso a la campaña, impulso que no le ha dado ni le dará su opaco candidato. ¿Qué le sucede al partido oficialista que no atina a enhebrar dos hechos favorables sucesivos? Le sucede lo que en un artículo anterior señalamos en detalle: Arena está en decadencia y esta campaña es el anuncio de su fin en el gobierno y en el concierto político nacional como primera fuerza.
Desde hace unos meses, más precisamente desde que lanzó a su candidato presidencial, viene saturando la radio y la televisión con «spots» publicitarios que intentan mostrar un Ávila diferente a sus camaradas areneros y propositivo. Como la primera etapa de esa estrategia no le trajo beneficios cambió de agencia publicitaria, pero siguió con la misma rutina.
Resultado: ha cansado a la gente con propuestas que hasta el más ingenuo de los salvadoreños rechaza por inverosímil. No han advertido tal vez sus publicistas que Ávila tiene el sello de Arena en la frente y que eso es una marca, a esta altura, indeleble; no se borra con una metralla de «spots».
Ante esa realidad, otros asesores –más realistas- sostienen: Rodrigo es un mal candidato y no despega, reforcemos la campaña sucia que siempre nos ha dado resultado. Y con el sello de Fuerza Solidaria, Arena comenzó a saturar la TV y la radio de propaganda basura. Dos apuntes al margen: 1) la prensa venal ha acompañado ese intento, con los cuestionamientos a Chávez y cía. Para hacer sinergia con la campaña negra; 2) antes o después, los responsables de esa campaña deberán transitar los pasillos de los tribunales para justificar el origen de los cuantiosos fondos que están invirtiendo.
Veamos cómo se encadenaron esos sinsabores que ponen de mal humor al campamento arenero.
Primero, las encuestas. La apuesta de Arena era llegar a octubre/noviembre en condiciones de empate con Mauricio Funes. La mecánica -tan ingenua- ha sido que los medios adictos y manipulables debían ir mostrando cómo el FMLN se estancaba o bajaba y Arena y su candidato trepanan. Pero ocurrió que lo que no controla Arena también existe: en este caso, las universidades le administraron el desagradable dato de la realidad: Funes sostiene la ventaja de 15 puntos promedio.
Así, encuestas de la UCA, la Gavidia y la Tecnológica echaron por tierra esa inconsistente estrategia, basada en encuestas que publican los periódicos. Digamos, de paso, que la población tiene clara conciencia de que esos periódicos han tomado claro partido por el oficialismo y, por tanto, toman con pinzas sus informaciones y opiniones.
Segundo, la Cumbre Iberoamericana y Chavez. Arena esperaba como al Mesías la llegada del presidente venezolano. En la previa había montado todo para mostrar que el FMLN y Mauricio Funes dependen de Chavez y qué éste sería quién comandaría los destinos salvadoreños si gana la izquierda. La ausencia de Chavez y las respuestas del FMLN a la campaña sucia desbarataron esa campaña sucia.
En medio de ello, Arena había esperado que la designación del vice de Ávila le diera un impulso, un poco de aliento. Pero su propia campaña sucia se comió ese lanzamiento, que pasó desapercibido.
Y, por último, el triunfo demócrata en los Estados Unidos. Muy rápidamente, el candidato del FMLN felicitó por todos los medios a Obama y unió “los aires de cambio” del Norte con los que soplarán en marzo en El Salvador. La renovación norteamericana es –objetivamente- un impulso al cambio en nuestro país y ha asestado un duro golpe al continuismo arenero.
¿Podrá reponerse de estos golpes el oficialismo? Difícilmente. Las peleas intestinas, las luchas entre unos y otros sectores, los reproches y ataques son moneda corriente en el partido de gobierno. El presidente de la República se arrepiente del candidato elegido; el candidato pretende manejar él toda la estrategia; otros sectores de peso en Arena critican la actitud de ambos. En ese clima de derrumbe, lo único que queda es la campaña sucia. Y esa campaña –comienza a verse en las encuestas cuali y cuantitativas- ya no tiene el efecto que supo tener en anteriores elecciones.
Mauricio Funes es la novedad en el panorama político y electoral del país. Frente a eso Arena no ha logrado articular una estrategia correspondiente. Se maneja con reflejos del pasado y siente que ya es tarde porque el Ávila ha sido un error y advierte ahora que Zablah también lo ha sido. Mientras tanto, a días de comenzar formalmente la campaña, Funes está consolidado en su intención de voto y lejos del opaco Ávila.
El presidente electo está negociando ya en el Congreso una asignación excepcional de al menos 100.000 millones de dólares para aplicarla en obra pública, subsidios de desempleo, asistencia energética para el invierno y ayuda alimentaria que podría ser aprobada antes de fin de mes. ¿Está de regreso el neokeynesianismo?



