Ante la crisis financiera internacional, provocada por los “banksters” (banqueros gángsters), RADIALISTAS ofrece esta pequeña historia del dinero para facilitar la comprensión del robo mayor de la historia cometido en estos días en Wall Street con la complicidad del gobierno de George W. Bush.
NARRADORA: Al principio, las cosas eran más fáciles. Por ejemplo, si usted criaba gallinas y no tenía zapatos, iba donde un zapatero…
HOMBRE: Le cambio tres gallinas por un par de zapatos.
ZAPATERO: Muy poco… Ponga una gallina más, compadre.
HOMBRE: Trato hecho. Aquí están sus cuatro gallinas.
ZAPATERO: Y aquí están sus zapatos.
NARRADORA: La humanidad creció y la vida se complicó. La economía del trueque, dando y dando, era sencilla pero…
HOMBRE: … pero yo tengo que caminar demasiado con las gallinas al hombro hasta encontrar quién me las cambie por otra cosa.
REY: Tengo una idea… inventemos… ¡el dinero!
NARRADORA: A lo largo de la historia, ha habido muchas clases de dinero.
VARIOS: ¡Semillas de cacao!... ¡Conchas marinas!... ¡Marfil!... ¡Ámbar!... ¡Plumas de quetzal!...
NARRADORA: Durante el imperio romano, era frecuente pagar los servicios de los soldados con una bolsa de sal. De ahí viene la palabra “salario”.
ROMANO: ¡Aquí tienes tu paga, para que saborees mejor tu comida!
NARRADORA: En Filipinas, el comercio se hacía con granos de arroz. En Nueva Guinea con dientes de perro. En la India con caracoles. En Perú, con conchas de espóndilos. Hasta que se inventaron…
REY: ¡Las monedas!
NARRADORA: Las primeras monedas que se conocen se acuñaron en la actual Turquía hace más de dos mil quinientos años. Estaban hechas de oro y plata.
REY: De oro, como el sol. De plata, como la luna.
NARRADORA: En Grecia, los reyes acuñaban sus propias monedas y las adornaban con sus emblemas y rostros. Y en Roma…
ROMANO: ¡Un denario por una jornada de trabajo!
NARRADORA: La palabra “dinero” viene del latín “denarium” que era una moneda muy utilizada por los romanos.
NARRADORA: La invención del dinero facilitó mucho las cosas. Ahora, el dueño de las gallinas las vendía por unas cuantas monedas. Y con esas monedas iba a comprar zapatos o lo que quisiera.
MUJER: ¿Cuánto vale esa vaca?
HOMBRE: Medio doblón de oro.
NARRADORA: Las monedas de oro o de plata valían por lo que pesaban. Si tenías una moneda y la vaca valía media moneda, partías en dos la moneda…
MUJER: ¿Y el ternero?
HOMBRE: La mitad de la mitad.
NARRADORA: En ese caso, partías la moneda en cuatro pedazos.
NARRADORA: El dinero despertó la codicia. Quien tuviera más dinero podía comprar más cosas. Así fue que apareció un extraño personaje, el alquimista…
ALQUIMISTA: Los alquimistas somos capaces de convertir, de transformar cualquier metal, ya sea latón, ya sea plomo, ya sea cobre… ¡en oro!
NARRADORA: En realidad, los alquimistas no transformaban nada en sus laboratorios secretos. La mayoría eran simples timadores que bañaban las monedas de cualquier metal con una capa fina de oro.
HOMBRE: Aquí tiene dos monedas de oro por su caballo…
VENDEDOR: ¿Oro?... Hummm… Deje ver primero… (ESCUPE)… Puaj, esto es un pedazo de lata vieja…
NARRADORA: Los vendedores comenzaron a morder las monedas para estar seguros de que eran buenas…
COLÓN: ¡Oro, oro!… ¡Necesitamos oro!... Pero, ¿dónde conseguirlo?
NARRADORA: Y así fue que, buscando oro, descubrieron América. Pero eso lo cuento en otro momento.
CONTINUARÁ ...
BIBLIOGRAFÍA
Carlos Malbrán, Paren el mundo, me quiero bajar, octubre 2008.



