Ramón Rivas
Las migraciones, en todas sus dimensiones, han afectado la formación de capital social en el país, ya que los hijos, al no tener una supervisión de los padres se entregan al individualismo, a la autonomía, sin tejer redes de solidaridad. En la actualidad se constata, en términos generales en El Salvador del 2008, ni familia extendida, ni familia nuclear, sino una especie de congregación parental en el que una vieja que sustenta el título de abuela tiene la tarea de criar nietos bisnietos y primos hermanos a quienes los días se le hacen largos hasta que llegue la remesa.
Pero además pareciera que fueran animalitos de engorde pues al no más echar cuerpo suficiente estos nietos, bisnietos y qué se yo que más… tienen que salir del país, pues el resto de la parentela se encuentra fuera del país principalmente en los Estados Unidos. Estamos hablando de parentela y no de familia. Es crudo mencionarlo, pero este es el panorama que este año 2008 El Salvador afronta.
La pregunta es: ¿Cómo consolidar un sentido de identidad o, mucho más, de nación, cuando en la realidad vivimos en una sociedad light, altamente desintegrada. Yo creo que, como científicos sociales estamos en la obligación de analizar críticamente los gobiernos de Arena pues, si bien es cierto se ha invertido en infraestructura a nivel de políticas culturales enfocadas en la familia, han sido gobiernos ineptos, sin sentido de nación, sin sentido humano. Es más, eliminaron el colón trayendo más desgracia para la familia salvadoreña. En el continente latinoamericano, El Salvador va rezagado en cuanto al gasto social; y el mismo Banco Mundial lo ha confirmado.
La cuestión es que los préstamos no son bien administrados, enfocados en áreas cruciales para el desarrollo nacional y principalmente social, incluyendo la familia. Todo lo contrario como sucede en países como Chile, Costa Rica, Uruguay y hasta en el mismo Brasil, con todos sus problemas, debido a la multi y pluriculturalidad y su gran dimensión territorial.
Urge que el Estado salvadoreño invierta más en el área social y ese es el reto para el próximo gobierno que sea elegido por el pueblo. No hay que olvidar que la familia es parte de un entramado social en el que si no se invierte, las posibilidades de desarrollo desde la educación son mínimas.
Considero que urge un estudio sobre las relaciones de género, es decir, sobre la evolución histórica, pues estudios como estos no solo dan pautas para una mejor comprensión de la sociedad, sino que a la vez dan elementos de juicio para la proyección de políticas que se enfoquen a la familia.
Es triste constatar que una Secretaría de la Juventud no hace nada por una animación sociocultural de los jóvenes, promoviendo lo lúdico con un asidero cultural propio, es decir, diversiones que promuevan la identidad. Todo lo contrario, se enfoca en programas que, aparte de ser Light, son imitaciones de concursos que los vemos en otros países.
Yo creo que, en un país como el nuestro ya no se debe seguir jugando con las necesidades de la gente; es decir, hay que resolver los problemas cruciales de la familia salvadoreña en vez de dar un tratamiento cosmético como los carritos, helicópteros y muñecas de plástico que se regalan todos los años para Navidad o los arbolitos que todos los años, al inicio del invierno, se siembran pero que el mismo Fovial o Caess se encarga de descombrar o simplemente arrancar de raíz. Es una ofensa no solo para el sector intelectual, sino para todo aquel que tiene uso de razón, el ver candidatos, hoy en día, ofreciendo cielo y tierra, abrazando y cargando niños, tocando adultos mayores sin tener una claridad de las principales problemáticas del país.
Yo no lo logro entender en mi poca imaginación: ¿cómo un candidato de un partido gobernante ahora dice que verdaderamente se va a trabajar para el mejoramiento de la sociedad salvadoreña? ¿A caso los otros gobiernos que han quedando atrás no han hecho nada? ¿Es esta una reconfirmación de eso? El punto central es que no ha habido una sociedad civil contestataria a las políticas autoritarias del Estado; y cuando la ha habido, han sido reprimidas bruscamente y se ha llegado a graves consecuencias. La historia pasada y reciente de este país lo demuestra. En esto hay muchos ejemplos que la historia nos presenta.
El legado histórico y antropológico que nos presenta el país, —y que estamos obligados a estudiarlo— no nos permite transitar hacia una verdadera democracia donde la familia sea la propiciadora de esos valores sustantivos como la tolerancia, el respeto y la solidaridad. En estos momentos aún hay odio entre muchas familias de nuestro país, ya que unas son de izquierda y otras de derecha. Parecemos pesimistas, pero la realidad nos está demostrando que la familia salvadoreña no se encuentra consigo misma. Estamos ante un legado social de décadas que no es fácil de quebrantar.
El Estado está obligado a enfocarse al bienestar de la sociedad y, por ende, de la familia. Ahora bien, ¿cómo hacer para que la escuela sea una prolongación de la familia? ¿Cómo lograr que en la escuela el hijo no encuentre una educación diversa a la que los padres transmiten? Reto arduo para la escuela moderna en cualquier parte del mundo.
Desde hace siglos, la sociedad ha venido dando respuestas a esta problemática antropológica. La relación Familia-Escuela no puede reducirse tampoco a la planificación de actividades. En esto, también es mucho más lo que se quiere decir. Se habla de comunidad para intereses educativos. Los intereses técnicos, —las asignaturas— y el modelo de persona que se quiere formar, son los intereses humanos.
Y en todo esto la familia tiene el deber de aportar sus intereses. Pero, ¿sabemos verdaderamente en la actualidad qué tipo de familia tenemos en El Salvador? Y aquí finalizo: los que estamos en la tarea de formar debemos primero conocer las estructuras fundamentales para la sociedad, pilares claves; y eso es, en consecuencia, saber cómo está estructurada la familia. Una gran responsabilidad en sociedades como la nuestra en donde la historia pasada, reciente y presente nos pone de espejo una realidad desgarradora en el marco de la desintegración familiar, en todo sus aspectos.
Respetable concurrencia, soy de la opinión que nuestro país urge de una educación pluralista y abierta, propia de las sociedades modernas actuales que han comprendido que la educación debe dotar a las personas de las herramientas necesarias para desenvolverse de manera óptima en la sociedad.
Debemos tener claro y saber comprender que la educación no es una mera capacitación, sino que es el eslabón que permite que las personas ocupen un lugar dentro de la sociedad y esto implica su formación integral, ya sea en aspectos propios de su individualidad, así como también en la adquisición de nuevos conocimientos que le permitan resolver los problemas y alcanzar las metas que cada uno se plantea.



