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El Salvador, Sábado 30 de Agosto de 2014
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Viernes, 24 de Octubre de 2008 / 09:26 h

Algunos elementos de la coyuntura política salvadoreña*

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Luis Armando González

a) Las candidaturas en el FMLN y ARENA. Ante todo, es conveniente anotar que, prácticamente, la campaña electoral comenzó en El Salvador en 2007, cuando inició la discusión por las candidaturas para la presidencia de la República.  El FMLN fue el primer instituto político que anunció el nombre de su candidato, así como de su compañero de fórmula para la vicepresidencia –-Mauricio Funes y Salvador Sánchez Cerén, respectivamente—, en septiembre de ese año. Este proceso se realizó con relativa facilidad, es decir, sin mayores conflictos y tensiones. Con ello, el FMLN se puso en ventaja respecto de ARENA, pues la promoción de Funes fue lo que siguió inmediatamente a su nominación. La estrategia de campaña que se diseñó, buscando vencer los condicionamientos mediáticos, consistió en elaborar el plan de gobierno a partir de visitas del candidato efemelenista a municipios, cantones, caseríos y comunidades en todo el país.

En ARENA la selección de su candidato a la presidencia fue mucho más complicada que otras veces. En marzo de 2008 se designó a Rodrigo Ávila para competir con Funes, después de un proceso interno marcado por los conflictos entre las distintas facciones del partido.  Al final, Ávila fue elegido, pero sin el consenso unánime de todos los sectores de ARENA; de hecho, miembros influyentes del partido no ocultaron su insatisfacción con la elección de Ávila. Y es que para ellos eran (son) indiscutibles las pocas luces de este último, así como su bajo perfil como líder del partido.

En este sentido, al poco tiempo de su nominación se hizo evidente la necesidad de encontrarle un compañero de fórmula que sí tuviera el talante para convertirse en el protagonista de la campaña.

 Esta búsqueda sumió de nuevo a ARENA en una dinámica interna de tensiones, agudizadas por la dificultad de encontrar dentro del mismo partido a ese compañero ideal para Ávila.  No había figuras ni con el talante ni con la credibilidad suficiente. Se  tuvo que buscar en otro lado. Y en octubre de 2008 se encontró a esa figura ideal, a los ojos de muchos dentro y fuera del partido: Arturo Zablah, quien, vinculado a Alfredo Cristiani y a Armando Calderón Sol en el pasado, se había distanciado de ARENA tras criticar con acritud a Francisco Flores.

  (b) La campaña. Respecto de ARENA, al FMLN, le fue favorable contar primero con su candidato a la presidencia. Mauricio Funes recorrió municipios, cantones, caseríos y comunidades sin tener que preocuparse, durante varios meses, por lo que hacía el partido oficial. Pudo relacionarse directamente con la gente, exponer sus ideas y recoger las inquietudes de los sectores populares rurales y urbanos. Capitalizó y amplió las simpatías hacia él de grupos sociales significativos.

Se vinculó con la militancia del partido, que pudo conocerlo y asumirlo como su candidato.  ARENA hasta que se decidió por Rodrigo Ávila pudo iniciar su campaña, no sin dificultades, dado que a Ávila no le resultó fácil sacudirse la sombra del presidente Antonio Saca, que se había erigido en el protagonista de la campaña de ARENA.  Pero Ávila terminó por ocupar, mal que bien, el lugar de Saca; y, una vez que lo hizo, la estrategia de campaña de ARENA consistió en, primero, acercar a Ávila a Funes; y, segundo, en presentarlo como un líder comprometido con la justicia social.

En esta pretensión de acercar al candidato de ARENA al del FMLN jugaron un papel importante las encuestas de opinión que comenzaron a proliferar como hongos. Las ha habido de dos tipos: en primer lugar, las que, constatando la distancia entre Funes y Ávila (favorable al primero), han interpretado esa distancia como insuperable; y, en segundo lugar, las que, siempre constatando esa distancia, han insistido en que la misma se ha ido acortando, debido al crecimiento en simpatías del candidato de ARENA. Esto último ha sido promovido tanto por los grandes medios de derecha –-que entraron en campaña haciendo sus propias encuestas— como por el gobierno y el partido ARENA.   

Ha habido encuestas para todos los gustos en datos e interpretaciones. De hecho, no se tiene noticia de tantos sondeos en tan poco tiempo como los tenidos en la presente coyuntura. Una constante en todos ellos ha sido, sin embargo, el reconocimiento de la distancia entre Mauricio Funes y Rodrigo Ávila, aunque los márgenes numéricos de esa distancia han variado desde 7 u 8 puntos (Ver, por ejemplo, la encuesta de LPG Datos, del 29 de julio de 2008) hasta 24 (Ver encuesta de la Universidad Francisco Gavidia, del 23 de septiembre de 2008). En medio de este abanico se sitúa la última encuesta del IUDOP de la UCA, con sus casi 15 puntos de ventaja en intención de voto para el candidato del FMLN (Ver encuesta del IUDOP, del 8 de octubre de 2008)

En la lectura de ARENA y de quienes le hacen el juego, esa distancia se ha venido reduciendo a lo largo de este año, se hará mínima en diciembre y en marzo será inexistente.  Buena parte de los empeños publicitarios del partido de derecha han ido encaminados a convencer a la opinión pública de que eso efectivamente es lo que está sucediendo y lo que sucederá de aquí a marzo de 2009.

Aquí los grandes medios, así como algunas encuestas, están promocionando la imagen de Ávila como el candidato comprometido con los cambios sociales que el país necesita. Arturo Zablah ayuda a reforzar esta estrategia política, en cuyo marco pretende convertirse en protagonista.

Pero los veinte años de gobiernos de ARENA son un pesado lastre del cual Ávila y Zablah –-al margen que se crea o no en sus buenos propósitos— difícilmente se podrán liberar. Además, están las propias limitaciones de Ávila como el líder que la derecha necesita en estos momentos. Hay un clima de opinión favorable para un cambio de mando en el Ejecutivo, alimentado por el malestar social, el desempleo, el alto costo de la vida, la inseguridad… Esta es la principal baza con la que cuenta el FMLN, aparte de la capacidad de su candidato y de las fortalezas del trabajo partidario, para obtener una victoria en las presidenciales de 2009.

De tal suerte que las perspectivas electorales del FMLN son ahora mejores que nunca. Es casi seguro que Funes superará a Ávila en votación. Sin embargo, el fantasma de la segunda vuelta ha comenzado a rondar. ARENA está apostándole, como último recurso legal, a esa opción, calculando que ello le dará oportunidad de sumar a su favor el apoyo del PCN, el PDC y quizás el del FDR, con lo cual el FMLN quedaría solo (o aliado con el CD) ante ese bloque de derecha.  En otras palabras, el FMLN debe ganar en primera vuelta, porque en una segunda sus posibilidades de triunfo se le complicarían exageradamente.

¿Qué podría suceder en el país de darse esta última eventualidad?  A lo mejor, una derecha envalentonada, convencida de que puede ganar elecciones sin importar sus desatinos; un FMLN radicalizado en la oposición, convencido de que su único papel es de la resistencia y el cuestionamiento del orden establecido; y una sociedad que seguirá viviendo en el desconcierto, la desesperación, la sobrevivencia a toda costa y la huida hacia el mundo de la religión o hacia el extranjero.

*Texto guía del conversatorio sostenido por el autor con miembros del Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad de Costa Rica, el día 20 de octubre de 2008.

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