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El Salvador, Jueves 18 de Diciembre de 2014
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Martes, 07 de Octubre de 2008 / 09:15 h

Trabajo decente para una vida digna

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Francisco Martínez
Lic. en Contaduría Pública

Este 7 de octubre de 2008, se desarrollará la Jornada Mundial de Acción para el Trabajo Decente, convocado por la Central Sindical Mundial, el cual brinda un marco oportuno para reflexionar sobre las condiciones del Mercado de Trabajo Salvadoreño, particularmente las condiciones de los trabajadores.

En primer lugar, es importante señalar que en 1999 el Director General de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), Juan Somavia, en su informe a la Conferencia Internacional del Trabajo expresó “…una globalización justa, empleos que reduzcan la pobreza y la promoción del desarrollo a través del acceso al trabajo decente, son pilares de la estabilidad mundial..” proclamó como objetivo prioritario la promoción del trabajo decente, definido este como “trabajo productivo en condiciones de libertad, equidad, seguridad y dignidad, en el cual los derechos son respetados y cuenta con remuneración adecuada y protección social”.

Entonces al referirnos a esta Jornada Mundial hay que reflexionar que en un país, para que se goce de pleno un trabajo decente, se debe asumir éste como un derecho humano fundamental, de hecho en nuestra Constitución en su Artículo 2  se reconoce al trabajo como un derecho y en el Artículo 37 cn. Se reconoce que el trabajo es una función social, que goza de la protección del Estado, y no se considera artículo de comercio. Además en ese mismo Artículo, se le confiere al Estado (por ende a sus funcionarios), la responsabilidad de emplear todos los recursos que estén a su alcance para proporcionar ocupación al trabajador, manual o intelectual, y para asegurar a él y a su familia las condiciones económicas de vida digna.

En ese contexto, la existencia de  trabajo decente, precisa de:
* La promoción de los derechos fundamentales de los trabajadores, relativos estos a la mejora continua de las condiciones de trabajo, a la libertad de sindicalización y a la libertad de contratación colectiva.

* Además, se requiere de una política de acceso a trabajo productivo, o sea promoción de empleo de calidad tanto en sus formas como en sus condiciones, que se de en igualdad de oportunidades para hombres y mujeres independiente de sus edades y credos; así como que promueva y facilite el desarrollo de competencias laborales.

* Es importante que se asegure la calidad humana del trabajador, para ello se debe tener políticas previsionales que promuevan la Seguridad social, en lo relativo a la salud, los riesgos laborales, la cesantía y la perdida de los medios de subsistencia de los trabajadores.

* También, debe ser promovido el Diálogo Social, que haga a los trabajadores y sus organizaciones sujetos del desarrollo, que les asegure su autonomía frente a otros actores sociales, sean  estos políticos o económicos, que les de participación activa y reconozca su interlocución en el trato de los problemas que los aquejan y la búsqueda concertada de soluciones.

Ahora bien, siendo el trabajo decente un derecho humano y social, reconocido por nuestra Constitución y por los Convenios de la OIT, y otros foros, este, no se puede desarrollar si no existen condiciones de LIBERTAD, tanto de organización como de contratación, sin que las reglas del juego estén determinadas, en el mercado de trabajo salvadoreño, por el capital. 

Se requiere igualmente, que exista EQUIDAD, en lo salarial, justa remuneración, incrementar la productividad y acceder a una mayor participación de los trabajadores en la distribución de los beneficios.

Es preciso que haya SEGURIDAD, en lo económico, lo social y lo jurídico, para poder tener sostenibilidad del desarrollo. Se debe contar con un marco que asegure la DIGNIDAD de los trabajadores, eliminando las prácticas inhumanas de trabajo,  promoviendo valores de equidad, solidaridad y responsabilidad.

En síntesis se requiere impulsar el trabajo decente, para que los seres humanos se realicen socialmente.

El trabajo decente, en El Salvador, es materia pendiente, falta una política pública de empleo, que respete la libertad de los trabajadores, que el empleo se promueva en igualdad de oportunidades con justa remuneración para hombre y mujeres, con  seguridad social;  y, la procuración del mejoramiento continuo de las condiciones de trabajo.

Por tanto, no basta con declaraciones, se requiere mayor compromiso y voluntad política de cumplir con la demanda insatisfecha de miles de ciudadanos salvadoreños que sobreviven con ingresos menores a un salario mínimo, ya que según el Informe sobre Desarrollo Humano El Salvador-2007-2008, presentado recientemente por el PNUD, el 43% de la Población Económicamente Activa, cerca de un millón trescientos mil salvadoreños, padecen esta situación en condiciones de subempleo, con mayor impacto en mujeres y jóvenes.

Para cambiar esta situación, es preciso el involucramiento de los sectores empresariales, el Estado en sus diferentes expresiones institucionales, los trabajadores, los actores de la sociedad civil y de la sociedad política, y juntos asumir el mandato constitucional en el que se abra espacio a una sociedad justa y solidaria con trabajo decente para una vida digna.   

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