Santiago de Chile/dpa
Los gobiernos latinoamericanos admitieron que la crisis financiera en Estados Unidos puede ser una de las peores de la historia, en medio de llamados a la calma y al fortalecimiento del sistema financiero regional.
"Nadie sabe hasta donde llegará este 'crash'. Yo soy uno de los que creen que será peor que el de 1929 y afectará al mundo entero", dijo el presidente venezolano Hugo Chávez, quien pidió una estrategia común ante la crisis.
El mandatario además pronosticó que el petróleo retrocederá a un rango de 80 a 95 dólares el barril, durante una cumbre en Manaos, a la que también asistieron el mandatario de Ecuador, Rafael Correa; de Bolivia, Evo Morales; y de Brasil, Luiz Inacio Lula da Silva.
En la ocasión, Lula, quien había insistido en la tesis de que Brasil era virtualmente inmune al contagio de la crisis, terminó por admitir su preocupación por las restricciones de crédito que podrían reducir el mercado para las exportaciones de su país.
"Estoy tranquilo, pero sigo el tema con preocupación. Estoy preocupado porque Brasil es un país exportador y quiere continuar creciendo, y la crisis puede generar problemas de crédito en todo el mundo", dijo.
Las palabras de ambos líderes surgieron en medio de un llamado a la unión de los países sudamericanos ante la crisis, emanada justamente de la cumbre Manaos.
"Creo que la mejor estrategia es la ofensiva. Soy de los que a quienes nunca les gustó estar en la defensiva. Mientras haya liberalismo, debemos avanzar. Es necesario fortalecer nuestros Bancos Centrales, nuestros fondos de inversión, avanzar en los convenios bilaterales y multilaterales de financiamiento", dijo Chávez, el más enfático.
Su llamado, empero, no encontró eco total en Lula, quien evitó respaldar la creación urgente del Banco del Sur, pese a que Chávez insistió en que no se podía "perder ni siquiera un día más".
Pero el tema de fondo es que los gobiernos sudamericanos terminaron, con matices, por volver a tomar distancia con Washington, pese al mensaje de calma que el presidente George W. Bush, envió a gobiernos, ciudadanos y sobre todo mercados de todo el mundo, asegurando que su país terminará aprobando un plan de rescate para la economía.
Incluso versiones mediales aseguraron en Estados Unidos que el Senado de ese país votaría este miércoles el plan de rescate por 700.000 millones de dólares para el sector financiero.
El candidato presidencial demócrata, Barack Obama, y su par republicano, John McCain, apoyarían la medida y regresarían a Washington para la votación, según el canal de televisión Fox.
Pero la crisis, que paradojalmente sorprendió a los mercados bursátiles latinoamericanos al alza, sirvió finalmente para que los gobiernos de izquierda de la región redoblaran sus críticas al "imperialismo".
"Yo dije en Naciones Unidas que donde hay capitalismo, hay saqueos, explotación y pobreza. Y no me equivoqué", expresó Evo Morales en Manaos.
Además, criticó el plan de rescate de los bancos anunciado por el gobierno estadounidense.
"¿Cómo es posible que los pobres tengan que pagar el precio de la crisis de los ricos? En Bolivia, nacionalizamos (los hidrocarburos) para que el pueblo tenga dinero. En Estados Unidos, quieren nacionalizar la deuda y la crisis de la gente que tiene dinero", ironizó.
Pero no todos optaron por la denuncia abierta. Menos ideológicos, los gobiernos de Argentina, Perú, Chile, Panamá y Costa Rica evitaron las críticas frontales a Washington y concentraron sus esfuerzos en tranquilizar a inversores internos y externos.
Por ejemplo, el gobierno peruano reiteró su optimismo en la fortaleza de su economía, pese a la preocupación de empresarios y sindicalistas ante la crisis, que ya detonó quiebras e intervenciones en Europa.
El presidente del Consejo de Ministros, Jorge del Castillo, reconoció empero que la debacle también impactará en Perú, aunque destacó que el gobierno adopta medidas para reducir sus efectos. De hecho, un 30 por ciento de las exportaciones peruanas van a EEUU.
En Chile, la presidenta Michelle Bachelet pidió "tranquilidad" a sus connacionales, asegurando que su gobierno está "haciendo todo" para evitar un contagio mayor en la economía nacional.
A 26 días de enfrentar comicios municipales, Bachelet opinó que Chile está "en mejor pie para responder" a los efectos de la debacle bancaria, en alusión a los superávits fiscal, comercial y de cuenta corriente.
Por su parte, el gobierno argentino, en un intento por recomponer lazos con la comunidad financiera en medio del caos, lanzó una señal de certidumbre, con la oficialización de la renegociación de los bonos que no entraron en 2005 en el canje de la deuda en default.
Iguales señales de tranquilidad provinieron de Colombia y Panamá. El primer país aseguró que sus reservas internacionales no serán afectadas por la crisis, mientras que el segundo apostó a sus altas tasas de inversión y crecimiento.
Probablemente inducidos por todas estas señales los mercados recuperaron pérdidas y cerraron al alza.
Por ejemplo, el Dow Jones de la bolsa de Nueva York firmó un alza de 4,68 por ciento. En Latinoamérica, en tanto, el Bovespa brasileño repuntó un 7,63 por ciento, la bolsa mexicana recuperó un 3,9 por ciento y el Merval argentino creció un 3,41 por ciento.
El punto es que por ahora la crisis no provocará una recesión a América Latina, región que hoy dispone de superávit en cuenta corriente, reservas por 510.000 millones de dólares e inversiones anuales directas proyectadas por más de 130.000 millones de dólares.
Pero la gran duda es cuánto resistirán las economías.



