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La Cámara de Representantes de Estados Unidos rechazó hoy el plan de rescate para la economía del país diseñado por la Casa Blanca y consensuado por los líderes de ambos partidos, y provocó un terremoto en los ambientes políticos y económicos cuyas consecuencias aún están por desentrañar.
La propuesta obtuvo 228 votos en contra y 205 a favor, por lo que deberá ser renegociada para poder ser aprobada. No existe sin embargo un calendario previsto para ello.
La oposición llegó de ambos grandes partidos: hasta 95 demócratas votaron en contra (140 a favor), al igual que 133 republicanos (65 a favor).
El plan preveía gastar 700.000 millones de dólares de dinero público en comprar los valores "tóxicos", principalmente inmobiliarios, que están lastrando los mercados financieros.
La propuesta había sido recibida muy negativamente por los ciudadanos desde el principio. Sólo el 22 por ciento de los estadounidenses apoyaba un plan similar al que presentó la Casa Blanca hace diez días, y cuya forma es muy similar al que hoy rechazó el Congreso.
La opinión de los ciudadanos fue esta vez tomada más en cuenta que nunca, y numerosos congresistas advirtieron que no la apoyarían. Todos los miembros de la Cámara de Representantes y un tercio del Senado pondrán en juego sus escaños en las elecciones del 4 de noviembre.
El voto de la Cámara Baja supone un duro golpe para el gobierno de George W. Bush y para los líderes en el Congreso de ambos partidos, que negociaron durante una semana, día y noche, para alcanzar la propuesta colocada finalmente sobre la mesa.
Los mercados financieros recibieron muy negativamente el rechazo del plan. El índice Dow Jones de la bolsa de Nueva York cayó hasta 600 puntos para el día cuando quedó claro que la propuesta sería derrotada en Washington.
Después de que los políticos dieran sus explicaciones, Wall Street cayó aún más, superando incluso la mayor caída momentánea de la historia, los 684 puntos que llegó a perder en la apertura del 17 de septiembre de 2001, el primer día de comercio en la bolsa tras los atentados del 11-S.
En el Capitolio todas las partes se comprometieron a seguir trabajando para encontrar una solución aceptable por todas las partes. Pero la primera reacción fue apuntar el dedo a otra parte.
"Es una decepción. Pensábamos que habría suficiente apoyo", aseguró a la cadena de televisión CNN Tony Fratto, portavoz de la Casa Blanca. El gobierno repartió también culpas a los medios de comunicación, por haber presentado la propuesta como "un plan de rescate para Wall Street" y obviar que también tendría repercusiones positivas para los ciudadanos.
Los líderes republicanos y demócratas se acusaron mutuamente de ser los responsables del fracaso. El jefe de los republicanos en la Cámara Baja, John Boehner, aseguró que todo se torció cuando la demócrata Nancy Pelosi pronunció un discurso "muy parcial" que "envenenó" a los republicanos. Poco después, Pelosi reclamó que "los demócratas cumplieron con su parte del trato".
Durante las negociaciones, ambas partes introdujeron enmiendas al plan original de la Casa Blanca para hacerlo más aceptable para sus seguidores.
Los demócratas lograron introducir en el plan medidas para que el Congreso vigile cómo se gasta el dinero, para que el Estado obtenga parte de los eventuales beneficios futuros de los bienes rescatados y para que se controlen los sueldos y los despidos de los ejecutivos de las grandes compañías ahora en problemas.
Los republicanos, especialmente los más conservadores, consiguieron introducir medidas para crear unos seguros que protejan al Estado en caso de que se desplomen los valores rescatados.



