Osama Bin Laden nunca vivió en las Américas pero se ha convertido en el mayor elector de EEUU. Gracias a la matanza que él dirigió el 11-S-2001 Bush despegó en los sondeos. Hasta entonces él era un nuevo presidente que tenía poca popularidad y que había llegado al puesto pese a haber perdido en las elecciones.
En la medida que Bush ha sido incapaz de capturarlo o de detener su avance, el gobernante partido republicano ha ido siendo minado. Los mejores votos que McCain podría atraer se los daría Bin Laden si éste permitiera que fuese capturado o si realizase otro macro-atentado.
Los demócratas acaban de adoptar la plancha Obama-Biden, la misma que, si bien tiene un parecido al nombre del jefe de Al Qaeda, bien podría ganar las elecciones siempre y cuando la figura de Osama Bin Laden no pase nuevamente al primer plano.
Osama, empero, debe estar evaluando que una victoria de Obama tal vez le sería más perjudicial que una de McCain, pues el afroamericano le daría una nueva imagen a EEUU y se saldría de Iraq para concentrarse en buscar cazarlo.



