Beatriz Castillo
Redacción Diario Co Latino
La Cordillera del Bálsamo debe de ser protegida y declarada área natural, con el fin de evitar que continúe la tala discriminada de uno de los principales pulmones ecológicos del país.
Ambientalistas de la Unidad Ecológica Salvadoreña (UNES) y habitantes de los municipios de San Julián, Cuisnahuat, Santa Isabel Ishuatán y Armenia, del Departamento de Sonsonate, entregaron ayer una petición por escrito al Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales, para que promueva esta iniciativa.
María Isaura Avilés denunció que desde hace varios meses se está talando la zona de los ríos Chiquihuat y Apanco, en el Municipio de San Julián, en el Departamento de Sonsonate, que es parte de la Cordillera del Bálsamo.
“Tenemos enfermedades por la falta de agua, por la tala los pozos se están secando y las parcelaciones Mercedes, San José, San Luis, zonas donde no se inundaba, ahora se inundan”, criticó Avilés.
Según la pobladora de la comunidad del Cantón Pecata, de San Julian, las inundaciones son ocasionados por la tala. “El agua no tiene donde consumirse, cada vez que caen tormentas fuertes la gente tiene que salirse de las casas porque se inundan”, reveló Avilés.
Otro de los habitantes de la zona y líder comunal, Balmore Mancilla, dijo que manejan información de la tala de más de 60 árboles sólo en las riberas del río Chiquihuat, con el fin de lotificar después.
“Lo que hacen es talar primero, para cuando tengan que presentar los estudios de impacto ambiental los daños son menos”, criticó Mancilla.
Desde el 2004, la Alcaldía de Santa Tecla promueve que la Cordillera del Bálsamo sea declarada área protegida.
Uno de los trágicos hechos de este pulmón fue el desborde de tierra que causó la muerte de más de 500 personas en el terremoto de 2001.
Carolina Amaya, del equipo de gestión de riesgo de la UNES, explicó que los municipios de Armenia, Santa Isabel Ishuatán, Cuisnahuat y San Julián, son lugares importantes de recarga hídrica y en los últimos años se han registrado talas discriminadas que están afectando.
“Hay pobladores de la zona baja de Cuisnahuat, que de 2001 a la fecha, han tenido que excavar nuevamente los pozos porque cada vez el agua es más profunda y eso está estrechamente ligado a la tala de los árboles. También los lugares donde no se inundaba, ahora por cada tormenta se registran inundaciones”, agregó del equipo de gestión de riesgo de la UNES.
La UNES criticó que desde hace varios años otras instituciones han hecho la misma petición, y la respuesta es una negativa, sin embargo, seguirán presionando para evitar más daños a este pulmón ecológico.



