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El Salvador, Domingo 12 de Febrero de 2012
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Lunes, 18 de Agosto de 2008 / 09:38 h

¡Viva León, jodido!

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¡Viva León, jodido!

¡Viva León, jodido!



Redacción Diario Co Latino

Como si el tiempo estuviera detenido. Sus calles y viejas casas guardan una acogedora bienvenida a los turistas que se dejan envolver por esta colonial ciudad nicaragüense, dilecta del escritor Rubén Darío, padre del modernismo, y escenario de grandes acontecimientos en la historia de este país centroamericano.

León, ubicada a unos 90 kilómetros al oeste de Managua, parece intacta al paso del tiempo. Su cálido ambiente, tranquilidad e historia no dejan de impactar a centenares de turistas que a diario visitan la pintoresca ciudad y se deslumbran con su antigua e imponente catedral.

La ciudad es destino obligado como parte de la oferta turística de Nicaragua, que también incluye a Granada, la isla de Ometepe y el Cañón de Somoto, así como las playas de San Juan del Sur y Montelimar, entre otros parajes nacionales.

Fundada en 1524, Santiago de los Caballeros de León, su nombre oficial, mantiene casi intacto su estilo colonial que atrae, en una primera vista, a centenares de turistas principalmente de Estados Unidos y Europa. Aunque su vida nocturna, que sazonan bares y restaurantes ofertantes de un menú nacional e internacional, así como su connotada historia, son finalmente alicientes que no pasan sin novedad entre los visitantes.

Sus actuales calles pavimentadas contrastan con la arquitectura de sus antiguas y ventiladas casas coloniales y con su casi veintena de iglesias, entre ellas la Catedral, consagrada a la Asunción de María.

El templo principal es permanente candidato para ser nominado como Patrimonio Histórico de la Humanidad de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), aunque los esfuerzos han sido infructuosos.

El templo, edificado entre 1747 y 1860, fue hecho con arena, ladrillo de barro y una mezcla de cal con clara de huevo de gallina –puesto a podrir por tres meses bajo el sol.

Una majestuosa ciudad colonial.

Una majestuosa ciudad colonial.



La fachada de la Catedral, según el pintor leonés Andrés Flores, tiene un estilo neoclásico, aunque incluye elementos estructurales propios del estilo clásico y el barroco.

Los turistas, por 10 córdobas los nacionales y dos dólares los extranjeros, pueden disfrutar en compañía de un guía turístico de tres recorridos por la hermosa estructura.

Los pasillos de su sótano y el llamado patio del príncipe, así como su terraza, son los recorridos que a diario son solicitados por los visitantes y donde también se disfruta de una “memorizada” cátedra de historia leonesa, brindada por los jóvenes guías.

Al interior del templo, muy cerca del altar mayor, se encuentra también la tumba de Rubén Darío, conocido como máximo precursor del modernismo y el más internacional de las personalidades que nacieron bajo el abrazante sol de Nicaragua.

Darío (Metapa 1867, León 1916) inmortalizó en su poema “Retorno” a la pujante ciudad: “Si pequeña es la Patria, uno grande la sueña (…)”.

“…Mis ilusiones, y mis deseos, y mis esperanzas, me dicen que no hay patria pequeña. Y León es hoy a mí como Roma o París”, consagró el bardo.

En el sitio, que no se escapa de las aficionadas cámaras de los turistas, un león de mármol custodia los restos del ilustre poeta, escritor y periodista.

Turismo en las venas
La plaza central de León, fiel al estilo de las ciudades coloniales latinoamericanas, está rodeada por la Catedral, la Alcaldía Municipal y una serie de antiguos edificios, que hoy con ocupados para diversos fines.

Cerca del centro, a una calle del traspatio de la Catedral, se levanta un pequeño mercado que en las mañanas se pinta con frutas y verduras de temporada, artesanías y comidas típicas como el vigorón, yuca salcochada que se acompaña con una fritura hecha con la piel del cerdo.

Al caer la tarde, en el mismo lugar se instalan las populares fritangas donde humeante carne de cerdo, res o pollo se vende acompañada del típico “gallo pinto”, una mezcla de frijoles fritos con arroz, similar al casamiento que se prepara en El Salvador.

Las manuelitas, los tacos, enchiladas y tortas de papa, son también comidas que no faltan en la gastronomía nicaragüense y que los turistas, que buscan otras opciones aparte de los restaurantes, pueden disfrutar en las calles citadinas.

En León también se encuentran diversos establecimientos, de variados estilos y precios, que ofrecen un menú local, así como preparaciones españolas, mexicanas, italianas y asiáticas, sin faltar la comida vegetariana.

Por la noche, la oferta turística incluye discotecas y presentaciones de cantantes locales en bares, que son abarrotados por decenas de jóvenes cooperantes, en su mayoría europeos, y por los infaltables “mochileros”, que deambulan día y noche por la ciudad.

Aparte de su Universidad estatal, fundada en 1813, que por años le dio popularmente el título de sede intelectual del país, León ha sido escenario de acontecimientos importantes en la historia de Nicaragua.

En su haber, destaca el 17 de julio de 1979, cuando tras la salida del dictador Anastasio Somoza Debayle, fue declarada primera capital de la revolución.


Ese día, el Paraninfo de la Universidad Nacional Autónoma acogió la primera sesión de la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional, en el marco del triunfo de la revolución sandinista que puso fin a más de 40 años de dictadura familiar de los Somoza.

León también es afamada como una de las ciudades más seguras de Nicaragua que permite, por lo menos en las principales calles cercanas al parque, caminar sin problemas incluso en horas de la madrugada.

Esta calma, su innata belleza arquitectónica y el cálido ambiente hacen que los días en la ciudad pasen imperceptibles, como si el tiempo -que marca a cada hora el reloj de catedral- se detuviera.

“Ni por todo el oro del mundo, no cambiaría a mi León, pues lo quiero con amor profundo y es el cerebro de toda mi nación”, consagra una popular canción escrita por Tino López Guerra.

El mismo canto popular dice en su coro “León puede ser abatido, pero nunca vencido. ¡Viva León, jodido!”, una muestra del orgullo implacable que viven los leoneses en su propia ciudad.

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