Eduardo Badía Serra
El jueves anterior, un asesino al volante, de esos tantos que a diario insultan, irrespetan, y con alguna frecuencia matan y masacran a peatones y pasajeros en las carreteras del país y calles de nuestras ciudades, mientras competía con otro de sus colegas en plena mañana por el centro de San Salvador, atropelló a un profesor universitario de matemáticas que laboraba en la Universidad Tecnológica, quitándole la vida casi instantáneamente. El cafre, obedeciendo el protocolo que para estos casos han seguramente suscrito, continuó su marcha por un par de cuadras, detuvo el bus, bajó a los pasajeros, y tranquilamente huyó con una muerte a sus espaldas que, seguramente, no le abandonará por el resto de sus días. ¿Es este un caso raro? ¿Es esto algo esporádico? ¡Por supuesto que no! Es lo usual, lo cotidiano, parte del suplicio que los habitantes de este país sufren, mientras los intelectuales, los analistas, los programas de opinión, los políticos, los funcionarios del Estado, engañan con sus manifestaciones de sabiduría superficial repitiendo discursos, recitando cifras, y enfocando temas que llaman de coyuntura, a espaldas de un pueblo que no les comprende.
Este asunto del transporte público es ya una verdadera tragicomedia, como el de la contaminación con Plomo en Opico, el botadero de basura de Cutumay Camones, los precios de los combustibles, y tantos otros. Mientras casos como el que apunto suceden, los buseros exigen más privilegios, más prebendas, no proporcionan un servicio adecuado y decente, faltan a montones a las leyes de tránsito, no pagan las multas, suben las tarifas, y, para colmo, despotrican por los medios de comunicación amenazando a todo el mundo, y particularmente al gobierno, a quien doblan la mano y humillan cada vez que así lo quieren. La PNC, impotente, no actúa, faltando a su deber.
La fiscalía general de la República vergonzosamente calla y no defiende al pueblo, faltando también a su deber. El Viceministerio de Transporte dobla a diario la cerviz. El gobierno admite un nuevo fracaso. ¡Nadie hace nada! ¡Nadie hace nada concreto! ¿El estado de derecho? ¿La democracia como poder del pueblo? ¿La institucionalidad? ¡Bahhhhhhhhhhh! ¡Palabras vacías! ¡Conceptos irreales! La realidad se muestra nuda y concreta, señalando la verdadera situación del país.
Para colmo, como premio al acto punible de esos buseros de aumentar ilegalmente el pasaje, el órgano legislativo, ese penoso, bochornoso, órgano del Estado que tenemos los salvadoreños, les aprueba un subsidio para que dichos señores sigan enriqueciendo sus bolsillos a costa del pueblo, e irrespetándolo y humillándolo todos los días, a ciencia y paciencia de todo el mundo. Los medios de comunicación social, que tan diligentes se han mostrado cuando de casos políticos de conveniencia se trata, destacándose como verdaderos y eficientes detectives públicos, en este caso del transporte muestran una pasividad y una superficialidad de enfoque increíble.
El caso del transporte público en el país es un claro ejemplo de la incapacidad del Estado para resolver los problemas de la gente, llegando hasta el ridículo en la gran mayoría de casos. Hay muchos otros: El suministro de agua, el famoso caso de los frijoles, el de los fertilizantes, el de la harina de pan, el de la energía eléctrica, el de los combustibles, etc., etc., etc. La respuesta del gobierno, única y universal, es culpar a los factores externos: No producimos petróleo, no producimos trigo, no producimos viento, no producimos biomasa, no producimos, así, sin más, nada, nada, aparte de expatriados que a torrentes se van del país para luego mantenernos con sus remesas, acto perverso, inmoral, cruel, y a quienes, como ribete, les aplicamos un impuesto por cada llamada telefónica que hagan a sus familiares para constatar que recibieron el dinero y saludarlos adicionalmente
Insisto: ¡Es el modelo, que ha colapsado! ¡Es el modelo que ya no resiste! ¡Hay que cambiar el modelo! No nos engañemos. No podemos continuar siendo lo que no somos ni aparentando tener lo que no tenemos. ¡Vuelta a la naturaleza! ¡Cambio en las actitudes! ¡Lo vital sobre lo existencial! ¡Recuperación de nuestra personalidad! ¡Reclamo por nuestra identidad! No hay soluciones a los múltiples problemas que nos aquejan si insistimos en permanecer dentro del mismo esquema de vida, haciendo al mismo sólo cambios cosméticos. Hay que dar un viraje hacia nuestras necesidades vitales, naturales, recurrentes, cíclicas. A esas es a quienes debe buscarse satisfacción. ¡Afuera las necesidades inducidas! ¡Afuera el cosismo desenfrenado! ¡Guerra al consumismo!
Mientras el pueblo piensa, (no el gobierno, porque ese nunca ha manifestado disponer de esa facultad y apenas logra liberar biológicamente su estimulidad), el catedrático universitario asesinado por el cafre del volante descansa en paz, su familia sufre, y, segura y dolorosamente, nosotros habremos aplicado la norma de memoria histórica que sí sabemos cumplir: Una semana. Después de esa, olvido y a otro caso.
Por eso, yo digo:
Pueblo, ¡Cuidado con los cantos de sirena!
Pueblo, ¡Levántate y anda!
Pueblo, ¡No votes! ¡Elije!
¿De política? ¡Noooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo
ooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo
oooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo
oooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo!
¿Para qué?
De estas, y de otras cosas, seguiremos hablando, si Diario Co Latino me lo permite.



