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El Salvador, Jueves 24 de Mayo de 2012
Última actualización : 24/09:15 h.

Martes, 24 de Junio de 2008 / 09:28 h

El problema del transporte público, ¿cuál es la voz de la Universidad de El Salvador al respecto?

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Carlos Gregorio López B.

En El Salvador el servicio de transporte público de pasajeros es un problema de larga data. Nunca ha sido posible ordenar ese sector que se mueve muy a gusto en medio de la anarquía, la prepotencia, el abuso y las componendas. Y no es que hayan faltado propuestas de solución. Es más, quizá han sobrado. En varias ocasiones se han contratado costosas consultorías de las cuales han salido interesantes recomendaciones. Pocas de ellas, las más tímidas e intrascendentes, han sido ejecutadas.

Esta situación se ha agravado con el constante encarecimiento de los combustibles. El sector de los “buseros” ha recurrido al ya probado recurso de demandar aumentos al pasaje o la restitución e incremento de subsidios, a la vez que amenazan con paros y suben al pasaje de manera ilegal.

 Simultáneamente cabildean en la Asamblea Legislativa y en otras instancias de poder en donde tienen confiables e incondicionales aliados. El resultado es siempre el mismo: el servicio sigue siendo pésimo, los buseros violan la ley ciencia y paciencia de las autoridades y el gobierno termina aceptando sus condiciones, sin que el usuario vea una mínima mejora.

Pero no toda la culpa es de ellos. Es más, la mayor responsabilidad recae en los gobernantes, funcionarios y políticos que teniendo el poder y el deber de poner a los buseros en cintura no lo hacen y se avienen a la negociación interesada, a los arreglos bajo la mesa y a dejar pasar todos los abusos cometidos. De lo anterior dan fe las notas periodísticas.

Con tales antecedentes, no es nada extraño que dicho sector sea uno de los peor posicionados en la opinión pública, mérito grande en una sociedad donde sobran las candidaturas a tal reconocimiento. Y es seguro que muchos de los usuarios, peatones y automovilistas que a diario son maltratados por los conductores y cobradores de buses estarían encantados de ajustarles cuentas alguna vez.

La semana pasada, supuestos estudiantes universitarios, incendiaron dos buses a la entrada de la Universidad de El Salvador. Posteriormente realizaron quema de llantas y otras acciones en los alrededores. Algunos dirán que este tipo de acciones no son protestas, sino vandalismo. Eso es relativo. Estos hechos no son exclusivos de nuestro medio, basta ver lo que ha sucedido a menudo en Europa y Suramérica en años recientes. En cierto modo marcan un estilo de protesta al que los jóvenes han sido más o menos propensos y que tiende a atenuarse y desaparecer con los años. En tal sentido no hay por qué rasgarse las vestiduras. Preocupante sería si tales actos se dieran sin razón aparente; en nuestro caso es evidente que al menos una parte de la población está harta de ver cómo su dinero, ya sea en pasajes o en impuestos, es dilapidado sosteniendo a un gremio que no lo merece.

Más preocupante es que sean estos jóvenes la única voz que se abroga la representación de la Universidad para abordar el problema en cuestión. En la UES es muy común decir que somos la “conciencia crítica de la sociedad”. A menudo ese cliché no va más allá de decir lo mal que está el país, que la crisis ya es insostenible y, por supuesto, que el único culpable es el gobierno, es decir, la derecha. Los académicos de la UES hablan poco, se hacen escuchar menos y cuando lo hacen son terriblemente predecibles. Obviamente estoy generalizando, pero la tendencia es esa.

Cuando veo a estos chicos en la calle, me queda claro que están inconformes. Eso está bien, pero pueden ir más allá. Me encantaría que en lugar de quemar buses y llantas organizaran un foro para discutir el problema; que llamaran a sus mentores, que deben tenerlos, a presentar estudios y propuestas al respecto y que a partir de ellos formaran su propia opinión. Es decir, que descubrieran las raíces profundas del problema y no sus manifestaciones aparentes. Ya es tiempo que en la Universidad de El Salvador se deje atrás los lemas y las pintas y se pase a la discusión seria de los problemas del país. Invito a esos jóvenes a reflexionar y a que hagan un ejercicio sencillo: escriban en un par de páginas su posición frente al problema del transporte y háganlas llegar a este medio. Seguramente se las publicarían con gusto.

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